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La siembra de nubes en la alta cuenca, ¿una salida para el Paraná?

Mendoza es un ejemplo con la experiencia para contener las tormentas de granizo que amenazan las principales zonas de sus viñedos.

La ciencia ya trabaja en hacer llover en zonas con sequías pronunciadas por lo que no resulta descabellado pensar en esta solución para la grave bajante del caudal del río Paraná ante la intensa sequía de meses que afecta social y económicamente a nuestra zona.

Para la lucha antigranizo Mendoza usa aviones Piper Cheyenne para la siembra de nubes. Los pilotos con mucha experiencia vuelan con alto riesgo entre las células de tormenta.

La falta de lluvias en la alta cuenca del río replantea pensar para el futuro para estar más preparados para atenuar las consecuencias del cambio climático sobre la vida y bienes de las personas.

Los chaqueños y correntinos lo vivimos en carne propia todos los días.

En un trabajo del departamento de comunicación institucional de la Universidad Nacional del Nordeste se sondea esta posibilidad a través de la experiencia del doctor en meteorología Jorge Rubén Santos, de la Universidad Nacional de Cuyo.

En el extenso documento se plantea: ¿Es sobrenatural o milagroso generar lluvia de manera artificial? Definitivamente no, para nada, esa posibilidad es tan factible que pasó a integrar desde hace tiempo el estrecho espacio donde la ciencia ficción y la realidad se dan la mano.

La falta de lluvias es un duro impacto para el avance de muchos países del mundo, jaquea su desarrollo productivo y desmorona la salud de las poblaciones.

El cambio climático profundizó y extendió los “territorios secos” a otros puntos del planeta, los que hace un par de décadas eran un vergel. En este escenario la ciencia toma protagonismo y materializa lo que siempre estuvo entre los intereses del hombre: manipular el clima.

Con décadas de investigación algunos, y otros un poco menos, una liga de países encabezados por Arabia Saudita apuesta a perfeccionar un método que permita hacer llover en una zona puntal de la geografía.

Los ensayos realizados buscan optimizar el procedimiento conocido como ‘siembra de nubes‘.

No es más que una forma de manipular el clima intentando cambiar la cantidad de precipitación de una nube (en forma de agua o nieve) o bien modificar el tamaño de los granizos.

En cualquiera de los casos se utiliza un compuesto químico de sales que se inyectan en una nube, lo que provoca un cambio en la microfísica del cúmulo generando el efecto deseado (lluvia, nieve o granizos pequeños).

Descrito así parece un juego de niños, ¿por qué entonces no hacer llover cada tanto en la zona que se desee? Porque no es sencilla su ejecución, requiere ajustar una serie de variables técnicas que van desde el tipo de nube a sembrar, la concentración de productos químicos a inyectar, datos fiables de estudios de campo y una inversión varias veces millonaria en estaciones de monitoreo y equipamiento en radares de última generación.

Pero quizás el mayor problema roce la esfera política, por haber desconocimiento de cómo estos experimentos de intervención climática que se realizan en un determinado punto, pueda generar un ‘efecto mariposa‘ en otras zonas.

Una liga de países árabes ya trabaja en el proyecto de hacer llover en determinados lugares de su necesitada geografía.

UNA EXPERIENCIA ARGENTINA

La experiencia más a mano de que se dispone es la que se realiza en Mendoza de manera discontinua. En la zona cuyana desde la década del 60 se siembran nubes para evitar que granizos de gran tamaño afecten las plantaciones de vid y frutales.

El doctor Jorge Rubén Santos, quien trabaja en el análisis de fenómenos extremos de esa región mediante la simulación numérica explicó cómo funciona este método científico.

‘En Mendoza se viene realizando el sembrado de nubes desde hace décadas. En los 70 se aplicaba el método ruso, que utilizaba como vector unos cohetes que diseminaban ioduro de plata a una altura determinada de la atmósfera’.

‘Desde el 2000 se adoptó el sistema americano, que hace un poco más precisa la técnica, al utilizar un avión para inyectar en las nubes el agente químico que hará disminuir el tamaño de los granizos’.

La ventaja de este método es que se puede ir en busca de la nube correcta para realizar el ‘sembrado‘.

De lo expresado por el doctor Santos se desprende que un primer detalle a tener en cuenta en este procedimiento es la elección de la nube correcta. No es en cualquier nube donde se inyecta por medio de bengalas el ioduro de plata, se las busca y selecciona adecuadamente mediante radares.

El radar ofrece al operador información mediante el fenómeno de reflectividad.

Dicho de manera burda, llega a la pantalla la cantidad de energía que rebota en la nube.

Con un concepto similar a los ecógrafos, se estudia la nube, teniendo en cuenta que cuanta más energía rebote habrá mayor cantidad de agua en condiciones de ser precipitada.

En relación con esto, el doctor Santos señala otro de los elementos prioritarios para la efectividad del procedimiento.

‘Hay que contar con mucha infraestructura, estaciones meteorológicas, un sistema de radares de última generación para medir zonas extensas y generar datos‘.

‘Son esos datos estadísticos, recopilados todos los años bajo una misma técnica lo que permite decir si el sembrado de nubes es efectivo o no. En Mendoza se está trabajando con los datos obtenidos a partir de radares, impactómetros y estaciones meteorológicas que han recopilado varios años de datos a fin de responder la gran pregunta referida a la eficiencia del sistema‘.

LA SITUACIÓN HISTÓRICA DEL PARANÁ

La bajante del río Paraná es la más importante de los últimos 77 años. Su causa determinante es el déficit de precipitaciones que desde el 2019 están por debajo de las medias mensuales de los últimos 10 años.

¿Es descabellado pensar en sembrar nubes para hacer llover en las cuencas superiores del Paraná?

En función a lo expuesto por el doctor Santos, a mediano plazo sí, pero proyectando a futuro es una herramienta a la que deberá mirarse con más seriedad. Hay ciertas características del cambio climático que comienzan a predominar en la región y a las que habrá que dar soluciones, mientras tanto el desarrollo y ajuste del procedimiento irá evolucionando. Pero al fin de cuentas luego de hablar del ‘sembrado de nubes‘ ¿cómo se hace llover artificialmente una nube?

El doctor Santos lo resume en una idea ‘de alguna manera es como estrujar a la nube, es decir quitarle humedad aumentando el tamaño de las gotitas o favoreciendo a que los procesos micro físicos se aceleren provocando la precipitación‘.

Para estrujar la nube o sacarle humedad -dicho de forma poco ortodoxa- se utilizan sales (como ioduro de plata) que actúan como núcleo higroscópico.

Como se señaló anteriormente, se selecciona la nube adecuada, asegurando de elegir una que contenga agua por debajo de cero grados.

‘Las nubes deben tener un desarrollo vertical determinado. Su estructura no debe ser chata, de ser así, no son aptas para el sembrado ya que las pequeñas gotas que las conforman no crecerán en tamaño para que precipiten‘, explicó el doctor Santos.

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