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CARTAS DE LECTORES

Respeto a los tiempos de las víctimas

Señor director de NORTE:

Las personas sobrevivientes de violencia sexual hablan cuando pueden. Y la mayoría de las veces nunca lo hacen. En el caso de niñas y niños que sufrieron este delito atroz todavía es más difícil poner en palabras lo padecido, pues dependen de un mundo de adultos. 
Además, la vergüenza, culpa, miedo y amenazas operan como mecanismos de silencio. La experiencia traumática es intransferible.

En más del ochenta por ciento de los casos de abuso sexual contra las infancias ocurre en el seno familiar; también suelen ser personas de confianza, cercanos, personas en las que confían.                                                                                                                                                                         

La Organización Mundial de la Salud, en un informe del año 2016, da cuenta de que una de cada cuatro niñas y uno de cada trece niños sufrieron abusos antes de los dieciocho años.

Se trata de un delito de poder, en el cual el adulto que debería proteger y cuidar lo más preciado que tiene la humanidad —como son las infancias— violenta, somete, arrasa con su identidad, historia, sexualidad, placer, cuerpo, filiación, dejando marcas que serán imprescriptibles.                              

La licenciada en Psicología, Bettina Calvi, equipara este delito a la caída del estado de derecho para los ciudadanos, sosteniendo que “el ASI (abuso sexual en la infancia) y, sobre todo en el incesto, así como durante el Terrorismo de Estado los referentes que ordenaban las legalidades de la vida del sujeto caen, el adulto en un caso y el Estado en el otro, que son quienes deben proteger y garantizar derechos, se transforman en agresores”. Estas características y consecuencias que lo diferencian de otros fenómenos delictivos motivaron la sanción por el Congreso de la Nación de la Ley 27.206 en 2015 conocida como de“Respeto a los tiempos de la víctimas”, que suspendió los plazos de prescripción en relación con los delitos contra la integridad sexual en casos de menores de edad y trata de personas.

A partir de esta ley el silencio y el tiempo dejaron de ser un facilitador de la impunidad. En nuestra provincia la aplicación de esta ley posibilitó que mujeres adultas que sufrieron abusos en su infancia pudieran acceder a una instancia judicial. Este es el caso de Rosalía Alvarado y Belén Duet.

Tras la denuncia realizada por ellas en 2016, actualmente avanza el debate oral y público de la causa caratulada “Alvarado, Noemí Lucía s/ partícipe necesario de abuso deshonesto en concurso ideal con corrupción de menores”, que se sustancia ante el Tribunal constituido por los jueces Ernesto Javier Azcona, María Virginia Ise y Natalia Kuray de la Cámara Tercera en lo Criminal, ciudad de Resistencia.

El caso representa un hecho histórico, se trata de la causa por abuso sexual más antigua del país, en la que son investigados hechos acaecidos hace más de veinticinco años. También constituye un ejercicio de memoria, es la recuperación del sentido, implica poner en evidencia, impedir el disimulo de quienes se hacen los desentendidos en relación con sus responsabilidades, como también resignifica el presente. Es a partir de ese recuerdo que se puede construir justicia. A su vez, se trata también de enunciar una verdad, el relato de las víctimas, que obliga a restaurar la ley que fue violada.                                                                                                                               

Finalmente, nos encontramos ante una acción colectiva, el abuso sexual tiene una dimensión individual pero también social, es un hecho social, ocurre en la sociedad, es un delito que prevé castigo y sanción.

Belén y Rosalía luchan junto a un conjunto de familiares, amigos, organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos por alcanzar un poco de justicia ante tanto dolor, por un fallo reparador y de no repetición de estos delitos.                                                       

En esta lucha la ternura es un faro, cumple la función de ejercer una contra pedagogía de la crueldad que ponga freno al desamparo, a la encerrona trágica para que se puedan recuperar trazos de esa infancia. Es por esto que, por ellas y por cada niño y niña que sufrieron vulneración y maltratos, exigimos un “nunca más” de abusos sexuales contra las infancias.

FUNDACIÓN AL FIN JUSTICIA PARA NIÑAS, NIÑOS Y ADOLESCENTES
Resistencia 

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