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Mariana Alegre

columnista

La medida del éxito

Para nuestra querida RAE el éxito es: “resultado, en especial feliz, de una empresa o acción emprendida, o de un suceso”. Pero, ¿cuántos tipos de éxito hay en la vida?. ¿Existe una receta? 

Tengo que reconocer que encontrarme a Odin Dupeyron me ha generado nuevas preguntas sobre lo que es, no solo el éxito, sino también el proceso de conocernos a nosotros mismos. Dupeyron es un escritor, actor y productor de teatro, mexicano que se hizo “exitoso” con un libro (Colorín Colorado este cuento aún no se ha acabado), una obra de teatro (A Vivir), una entrevista en televisión, y terminó brindando charlas en espacios empresariales por ser considerado un “motivador”, algo de lo que el escapa completamente, algo que combate: el “pensamiento mágico pendejo” como él lo denomina. 

Para Odin, el éxito puede verse de dos maneras: el “convencional” y el “existencial”. El primero, que socialmente reconocemos como tal: llegó lejos, es campeón, a los 20 años tiene su propia empresa, entre otros. Y el segundo: lo que nosotros consideramos exitoso en nuestra vida al alcanzar nuestras metas y objetivos, a nuestra manera. 

“Mi tarjeta de chingón –exitoso- me la selle hace muchos años. Escribí mi libro hace 20 años y cuando me dicen que les gustó el libro yo digo a mí también me encanta, lo mismo me pasó con mi obra. Yo soy mi primer fan”, dice Dupeyron.

“Soy definido por ahora, si te defines para toda la vida corres el riesgo de equivocarte toda la vida…uno evoluciona sobre su esencia. Hay cosas que no dejarás de hacer nunca pero lo puedes mejorar”, agrega el mexicano.

Como dice Odín, el dinero nunca está demás, pero ¿las metas deberían ser comunitarias, cuando las transformaciones son personales?. La forma en que Odín ve la vida no es la única perspectiva, pero si contrasta con muchas nuevas filosofías enmarcadas en una “cultura positivista” que en los últimos años emergió: la ley de la atracción, la manifestación y cuestiones similares, todos envueltos en un papel de regalo denominado autoayuda. Vapuleado por unos, enaltecido por otros, un gran negocio según la mayoría.

¿Qué es la autoayuda?

Una de las definiciones* es “hacerte responsable de ti y de tu vida a todos los niveles, tanto físico como mental o emocional, y así dejar de esperar que otras personas curen tu cuerpo, resuelvan tu malestar emocional o te hagan sentir bien”. ¿Podríamos incluir aquí que la autoayuda implica también pedir ayuda, cuando no podemos solos?, y entonces nos queda claro que: no, no podemos “esperar” que otros hagan por nosotros; pero sin dudas en lo que pueden coincidir las líneas o corrientes de pensamientos es que, sea un amigo, un libro, un coach, un psicólogo, el horóscopo, la realidad, una patada en el glúteo, todo depende de nosotros. 

Desde aquí podríamos ir por muchas ramas, pero volviendo al tema central: el éxito, me gustaría compartir la historia de Edurne Pasaban (ingeniera industrial, España) es la primera alpinista en conseguir los “14 ochomiles”, es decir escalar las 14 montañas más altas de la tierra, algo que le llevó diez años. 

El éxito en sus diferentes dimensiones

Escuché a Edurme en varias entrevistas y podcast, pero en su charla del canal de YouTube Aprendemos Juntos del BBVA (siempre recomendado), Edurme respondió ante la pregunta de cuál era su fórmula para el éxito, que ella tiene una fórmula (personal) con cuatro “patas”: “siempre he llevado una mochila cargada de una serie de ingredientes que me llevaron a conseguir el éxito: el primero es la ambición. A veces nos suena fuerte, porque parece que es algo malo. Pensar ¿porque no?. El segundo ingrediente era la superación, el querer hacerlo cada vez mejor, o la menos superarme. Para hacer 14 montañas hice 26 expediciones, en diez años. Cuando volvía a casa sin hacer cumbre pensaba qué aprendí de esta experiencia para hacer cumbre en la próxima”.

El tercer ingrediente, cuenta Edurne, es “tener hambre por el éxito. No los tenemos que creer, que somos capaces de hacerlo, y esto nos cuesta muchísimo”. Y el cuarto ingrediente “la parte más importante de la mochila, la imprescindible: la pasión. Sin pasión difícilmente hubiera escalado los 14 ochomiles, difícilmente podríamos hacer algo”, enfatiza.

Pero, Edurne, en el 2004 (tenía 31 años) ya había hecho 6 de las 14 montañas. De cuatro personas que subían a su próximo desafío, el K2 (8.611 metros), solo tres solían regresar. “Tenía muchísimo miedo”, dijo, y agregó “unos días antes un periodista me dijo que ninguna mujer que subió bajó con vida”. “Hay un antes y un después del K2 en mi vida. Todos tenemos un K2 en nuestras vidas que nos ponen en dos roles: el de víctimas, o el de protagonistas y decir por qué no”, cuenta.

Pero el K2 no fue la peor montaña de la alpinista sino la depresión. El año 2006 Edurne estuvo cuatro meses internada. “Si alguien me pregunta cuál fue la montaña más difícil, es la depresión. He visto la muerte más cerca que en el Himalaya” (intentó quitarse la vida tres veces), aseguró. En el 2007, dejó de culpar a la montaña por su situación, “por todo lo que había perdido”, y volvió al Himalaya. “Un amigo me dijo, quizás tú no eres como todos los demás, tu eres feliz en el Himalaya. Ahí vi la luz, yo no era como todo el mundo, yo era feliz haciendo lo que hacía”, dijo.

Como podemos ver con la historia del Edurme, y como tantas otras, el éxito no es uno solo en la vida de cada uno. No lo es el éxito convencional, menos el personal. 

La vida no es una línea recta. Una depresión puede ser más difícil de sobrevivir que una montaña nevada y gigante. El crecimiento personal, es eso, personal. En una época de influencers, jóvenes millonarios instantáneos, súperhéroes en serie (no solo de series) encontrar el éxito personal en base a nuestros propósitos, metas y bienestar podría ser la receta para nuestro éxito convencional. Eso sí, con nuestras propias medidas, incluso en el tiempo. 

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