Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/207513

La historia de Néstor: “Lo esencial es invisible a los ojos”

Néstor me cuenta que hay momentos en que debe pilotar el avión solo viendo los instrumentos. “¿Sin ver nada afuera?. Mi respuesta, una pregunta -casi retórica- como si no fuera obvia la respuesta. Mientras recorro el avión, del cual acaba de bajar nuestro protagonista, observo esa cantidad de botones en un tablero interminable y recuerdo esta frase de El Principito, libro que escribió, justamente un piloto de aviones. Néstor, es charatense tiene 35 años y desde que cumplió 1 ha estado arriba de un avión. 

“…Cuando el piloto se siente en él llenar todo lo que ha cumplido, piensa: ‘Esto es bueno’, entonces la parte posterior de los dedos, toca la cabina: nada vibra. Disfruta que esta energía se condense. Se inclina: ‘Adiós mis amigos…’”. La cita pertenece a un piloto de avión Antoine Jean-Baptiste Marie Roger de Saint-Exupéry, quien además fue periodista y escritor. Más conocido como el autor de “El Principito”.

Saint Exupéry se hizo aviador a los 20 años. Nunca dejó su pasión por la escritura, el periodismo, ni la aviación logrando combinar ambos sin dudas de forma excelente en esta obra maestra de la literatura mundial.

“Mi primera vez con las alas fue cuando tenía 1 año, porque mi papá pilotea un avión fumigador, y en ese momento la cabina tenía lugar”, recuerda Néstor sobre su primer contacto con el cielo y su fiel compañero: el avión. Pero, desde los 10 años hasta los 17 ya no pudo subirse porque el diseño de la aeronave no lo permitía.

Entonces, a los 17 años decidió tomarse esto más en serio y profesionalizarse. Si bien tiene tres hermanos más, solo él comenzó este romance con la aviación, a la edad en que muchos comienzan a plantearse su futuro; y en una tierra como esta, la mayoría encara hacia el agro, el derecho, la administración de empresas, entre otros.

- “No sé cómo explicarlo. No me veo haciendo otra cosa que volando o estando cerca de un avión. Es un amor por el avión”, me dice.

“Subirse al avión es entregarle la vida al que te va a llevar. El entrenamiento de los pilotos es siempre muy bueno, pero está en el piloto trasmitirlo. Yo siempre les digo: lo peor que te va a pasar es que me vas a llamar para volver a volar. Eso está en el profesionalismo del piloto, que te saque en el momento correcto la primera vez, para que vuelvas a volar”, afirma. 

El viento, que ruge fuera del hangar al momento de nuestra charla, en el aeroclub de Charata, además de ser gélido es muy fuerte. Pienso que no es un buen momento para volar, pero nos subimos al avión –estacionado-  en donde hace minutos acaba de regresar de un vuelo desde Buenos Aires, estar ahí es para él lo más natural.

Mosimann comenzó con el curso de piloto privado, cuenta además con licencia de aeroaplicador, comercial primera clase y TLA (Transporte de Línea Aérea). Cuenta con casi 3.800 horas de vuelo.

¿Pasó por la cabeza alguna vez ser piloto comercial?

-No, la verdad es que no. Aunque muchos me pregunta, pero son dos cosas diferentes. La aviación ejecutiva, que es la que hago yo es la que me gusta, y no me llama la atención la aviación comercial. 

Me pregunto, cómo es un piloto como Néstor como pasajero. Le pregunto. 

-El pasajero sube y ve el ala del avión. En cambio yo subo y sé qué es todo en el avión, podes anticipar los movimientos. Pero la confianza es plena, porque si están ahí es porque son profesionales.

Convertir una pasión en tu trabajo

Hay una frase anónima que dice: “Vamos a aclarar una cosa. Hay una gran diferencia entre un piloto y un aviador. Uno es técnico; el otro es un artista enamorado del vuelo”.

Pero, más allá del amor por los aviones, Néstor encontró una forma de combinar la pasión con una necesidad que había en la zona, y crear un servicio para empresas y empresarios, que sería clave también para la salud, y cuando se incendió la propia pista del aeroclub, como una pieza clave para combatir el incendio que se acercaba a un barrio lindero. 

“Empecé con una empresa local. Al principio lo veían con poca confianza: tener una avión en la zona, pero con el correr del tiempo se dieron cuenta que era muy importante por la distancia a la que están los campos. Lo que para un vehículo son tres horas, para el avión son 20 minutos”, explica.

“Arrancamos con un avión muy chico y hoy tenemos tres aviones, y hay empresas que se suman a comprando aviones de la misma característica porque sirve para la zona y mucho”, agrega.

El aeroclub estuvo bastante parado, con algunos vaivenes y al sumarse estas empresas se pudo recuperar la vida en el lugar, y además dio la posibilidad de recuperar aviones, retomar la escuela de pilotos, y para Néstor son un incentivo para quienes se están formando (alrededor de 10 personas, de diferentes localidades de la provincia). 

Charles Lindbergh, el primer piloto en cruzar el Atlántico (uniendo América con Europa) dijo “los pilotos se sienten atraídos por volar porque es una combinación perfecta de ciencia, romance y aventura”. 

“A mí me gusta estar en todo”, reconoce entre risas. Además de estar en la cabina, el plan de vuelo, los detalles –todos- Néstor, incluso va a al taller con el avión. “No por nada, me gusta ver los trabajos”, dice.

Al consultarlo por el miedo y la seguridad insiste en el trabajo de instrucción del piloto, y en la confianza que tiene en su nave. Como anécdota, recuerda el accidente que tuvo con un perro que se cruzó en la pista, años atrás.

La noticia, trascendió mucho por lo extraño del hecho que- si bien generó algún daño material en el avión- no tuvo repercusiones para los pasajeros ni el piloto. “Nos tomó por sorpresa, pero al ser tan seguro el avión, no nos pasó nada. Ya tenemos el avión de vuelta. Miedo no tuve nunca. Si pasa algo trabajas para resolverlo. Las emergencias las practicamos en los simuladores”, indicó. 

¿A dónde van los pilotos?

A diferencia de un taxi o un remis, es poco el tiempo, durante el vuelo en el cual el piloto de un avión puede charlar con el pasajero, pero en ese lapso que se lo permite, Néstor aprovecha para poder trasmitir su pasión. 

No te quiero retirar siendo tan joven. Creciste dentro del avión, ¿cuándo tengas que retirarte, hay un plan?

-Mi sueño es tener una escuela de vuelo profesional. Brindar un servicio de conocimientos que se exigen en Argentina y que muchas veces no se ven, y poner esta escuela de vuelo, en Charata, y que sea lo más profesional posible. Es como mi jubilación, pero espero poder volar al menos hasta los 90 años.

“Siempre he amado el desierto. Puede uno sentarse sobre un médano de arena. No se ve nada. No se oye nada. Y sin embargo, algo resplandece en el silencio...

-Lo que embellece al desierto -dijo el principito-es que esconde un pozo en cualquier parte...”

Néstor transformó su pasión por volar en un trabajo. Sus hijos (que con apenas días o meses, ya estaban encima del avión), lo ven llegar y se suben con él. No es el aeroclub, es el cielo, ese desierto donde, dentro de un avión a veces no puede verse nada, donde lo esencial-para Néstor- es invisible a los ojos, porque como dice el zorro, en El Principito, no se ve sino con el corazón. 

Temas en esta nota

Entrevista aviador Néstor
Notas Relacionadas