El Paraná seguirá en baja y preocupa la producción de agua potable
Según el INA, la próxima semana podría alcanzarse una cota próxima a cero de escala en Barranqueras. El escenario es complejo también en lo ambiental y económico.
La histórica bajante del Paraná no da tregua y la preocupación por las consecuencias, desde lo ambiental y lo económico son cada vez mayores. Tal es así que, a instancias del Consejo Hídrico Nacional, que preside el chaqueño Gustavo D’Alessandro (vocal de la Administración Provincial del Agua), la Nación y las provincias de la cuenca del río se comprometieron a redoblar los esfuerzos para superar la crisis hídrica, que amenaza con profundizarse en los próximos meses.

El informe semanal del Instituto Nacional del Agua (INA) asegura que el promedio semanal fue de 0,45 m y se encuentra 3,25 m por debajo del promedio mensual de julio de los últimos 25 años. De hecho, el río “alcanzaría una cota próxima a su cero de escala la próxima semana”.
Consultado por NORTE, el vocal de la APA y presidente del Cohife llevó tranquilidad: “el cero de escala no significa que nos quedemos sin agua: hay que tener en cuenta que esa medida equivale a 41,80 metros de la cota MOP, que tiene su cero en el Riachuelo, con lo cual incluso podrían darse mediciones negativas en Barranqueras sin que esto signifique que no hay agua en el cauce más profundo del río”. El último registro con cifras por debajo del cero data de 1944.
No obstante, D’Alessandro admitió la situación es altamente preocupante, no solo por el bajo nivel del Paraná sino por la extensión en el tiempo de esta situación, que lleva casi dos años y es prácticamente inédita en la región. Desde el INA indicaron que la futura evolución del Paraná dependerá “fuertemente” de las lluvias en la región, especialmente en la parte de la cuenca de aporte de respuesta más rápida (cuenca del río Iguazú, cuenca próxima al embalse de Itaipú y cuenca de aporte al tramo misionero-paraguayo). “De no ocurrir estas lluvias, la tendencia será descendente leve, pero persistente”, agrega el informe.
A la vez, destaca que tanto en el tramo brasileño del río Paraná como en el Iguazú, la tendencia climática al 30 de septiembre presenta un “panorama desfavorable”. Por lo tanto, la futura evolución hidrométrica dependerá fuertemente de las lluvias sobre la parte de cuenca de respuesta más rápida. “De no registrarse tales eventos la tendencia continuará siendo gradualmente descendente”, señala.
PREOCUPACIÓN
En el actual escenario, D’Alessandro admitió que “lo más preocupante es lo que atañe a la producción de agua, además de las consecuencias ambientales y económicas que tiene el fenómeno”. “Estamos observando con especial cuidado las tomas de agua tanto en el Paraná como en el río Paraguay que son las que nutren de líquido a los acueductos”, explicó, aunque destacó que “el río Bermejo tiene agua por encima de su parámetro normal y esto genera cierta tranquilidad”.
El vocal de la APA sostuvo además que se trabaja en mitigar el impacto ambiental que genera esta bajante tan pronunciada y sostenida en el tiempo, fundamentalmente en la fauna ictícola.
Asimismo, la mejora en el caudal se vuelve necesaria para reactivar la transitabilidad por el río, para movilizar granos, cereales y los combustibles en la región.
La situación del Paraná se volvió prioritaria en la agenda nacional. De hecho en su última reunión, el Cohife, emitió un instrumento esta sostiene que la “situación que se está evidenciando requiere de la adopción de medidas estructurales y no estructurales a fin de permitir su adaptación a las condiciones críticas que esta genera”.
En este marco, se decidió continuar con la intervención del Estado Nacional, coordinando recursos con las provincias para trabajar en “las tomas, en bombas, pontones y mangueras para acceder al agua”.
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