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La lucha contra el consumo problemático de alcohol

Se estima que en la Argentina cerca de 8000 personas mueren cada año por enfermedades vinculadas con el consumo problemático de alcohol. Según la Fundación Interamericana del Corazón, además de ser uno de los principales factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles, está asociado con muertes y discapacidad por siniestros viales, lesiones intencionales y no intencionales, violencia y al padecimiento de enfermedades infecciosas.

Según la Organización Mundial de la Salud, el 5,9 por ciento de las muertes que se
producen en el mundo y el 5,1 por ciento de la carga de enfermedades y lesiones son
atribuibles al consumo desmedido de alcohol, siendo a nivel global la principal causa
de muerte en la población de entre 15 y 49 años.

Diversos estudios realizados en nuestro país revelaron que entre los argentinos la
edad de inicio al consumo de alcohol es a los 14 años. El dato es, por cierto, muy
preocupante ya que estos malos hábitos en la adolescencia afectan el crecimiento, la
nutrición y el desarrollo de la personalidad. Además, modifica el ánimo, la memoria,
el pensamiento, las sensaciones y la voluntad.

Si bien la ley prohíbe la venta de alcohol a menores de 18 años, lamentablemente no
todos respetan esa restricción. Hace poco la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP),
alertó sobre este problema, señalando que la adolescencia es una etapa de experimentación, de sensación de omnipotencia, de búsqueda del riesgo y de cuestionamiento de las normas.

En ese contexto -advierte la entidad- el alcohol es la droga
de más fácil acceso para niños y adolescentes, mientras que la percepción de riesgo
asociado al consumo de alcohol es la más baja entre todas las sustancias adictivas.

En realidad, no existe un límite seguro de consumo de alcohol. Sobre ese tema, los
expertos de la OMS observan que, más allá de las consecuencias sanitarias, la ingesta desmedida de alcohol provoca pérdidas sociales y económicas importantes, tanto
para las personas como para la sociedad en su conjunto.

Los menores de 18 años no deben tener acceso a este tipo de bebidas, ya que su consumo afecta al sistema nervioso central y, como se sabe, el organismo de los menores
no está preparado para metabolizar el alcohol.

La Fundación Interamericana del Corazón, a su vez, señala que las personas que
beben con frecuencia durante la adolescencia tienen mayor propensión a consumir
alcohol con un patrón de riesgo y son más vulnerables al consumo de alcohol y a sus
efectos que las personas adultas.

En este sentido, observa la entidad, se ha detectado que quienes comienzan a beber antes de los 15 años de edad tienen cuatro veces más probabilidades de convertirse en dependientes del alcohol, y casi siete veces más probabilidades de sufrir lesiones en un accidente de vehículo o una pelea física.

Distintos estudios revelan, además, que existe una estrecha relación entre la edad
de inicio al consumo de alcohol y la probabilidad de ser diagnosticado con abuso y
dependencia hacia el alcohol: cuanto más temprano se empieza a beber, mayor es la
posibilidad de que haya abuso y dependencia en la vida adulta.

Es importante tener en cuenta estos datos y evitar la naturalización del consumo
de alcohol en edades tempranas ya que, como se dijo, puede generar consecuencias
en la vida adulta.

Está comprobado que el consumo problemático en adolescentes
incrementa en forma notable las probabilidades de sufrir en la etapa adulta algunas
enfermedades como cirrosis hepática, o provocar hipertensión arterial, afecciones
cardíacas, gastritis y frecuentes trastornos de la memoria.

Por eso es necesario que se realicen controles efectivos para asegurar que se cumplan las normas que establecen taxativamente la prohibición de venta de bebidas alcohólicas a menores de edad, y sancionar a quienes violan estas leyes vigentes.
La lucha contra el consumo problemático de alcohol debe sumar el compromiso de
todos los sectores de la comunidad.

También es importante que se prohíba la publicidad, promoción y patrocinio de estos productos en actividades realizadas por jóvenes y menores de edad; y que se siga
generando conciencia en la población sobre los riesgos y consecuencias derivados del
abuso de este tipo de bebidas.

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