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Marilín y los plumajes

“Las aves del mismo plumaje vuelan juntas”. Marilín era una niña cuando le escuchó decir esa frase a su padre por primera vez, y no supo exactamente qué significaba aquello. Entonces él, otro día, para ser más claro, le mostró -en aquel firmamento de Sáenz Peña pintado a brochazos- que se trataba de una verdad simple y comprobable.

Para Ana María “Marilín” Canata ese hombre era su referencia, su gran maestro. Él, electricista; su madre, mucama del hospital. Entre ambos sostenían ese hogar que se balanceaba sobre el muro limítrofe entre la clase media más austera y la pobreza lisa y llana.

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En la casa se respiraba política. Juan Antonio siempre había militado en el radicalismo. “La política es ser útil”, era otra de sus sentencias. En los ’80, cuando la dictadura iniciaba la retirada, Marilín se involucró en cuerpo y alma con la campaña de Raúl Alfonsín. A los 20 años sentía que, al fin, todo estaba por cambiar.

La democracia regresó, y ella continuó militando. Comenzó a recorrer la provincia, descubrió El Impenetrable, vio que muchas cosas no eran como en los manuales del colegio.

Los años fueron pasando, los cargos públicos no la desvelaban. Tampoco la idea de acomodarse en alguna dependencia pública para conseguir el principal estímulo a la mística que enarbolan los partidos mayoritarios del Chaco: el pase a planta. Recién en 2013, a sus cincuenta, como dirigente de Convergencia Social, llegó a una diputación provincial.

Tenía claro que iba a aprovechar la banca para cambiar siquiera alguna pizca de la realidad.

UN GOLIAT EN EL CAMINO

Para entonces, en Sáenz Peña el hombre con más poder no era el intendente de turno sino Omar Judis. Ministro de Infraestructura de Jorge Capitanich, el hombre –que antes de todo esto era apenas conocido como docente de la Facultad de Agroindustrias de la Universidad Nacional del Nordeste e ingeniero de la planta de Secheep- no sólo manejaba toda la obra pública provincial sino que además había logrado imponerse como rector de la Universidad Nacional del Chaco Austral (Uncaus, creada con la Facultad de Agroindustrias como embrión).

Se decían muchas cosas de la gestión de Judis en la flamante universidad chaqueña, y Marilín se puso a investigar. Fue reuniendo elementos hasta que en 2016 estuvo en condiciones de concretar una denuncia formal ante la justicia federal de Sáenz Peña. La causa reunió tantas pruebas que fue elevada a juicio oral. El proceso comenzó este año pero se suspendió a raíz de un certificado médico presentado por Judis.

Más recientemente, una investigación sobre lavado de dinero, derivada de aquella primera denuncia de Canata, dio lugar a casi una veintena de allanamientos y a un requerimiento de indagatorias para Judis padre e hijo y otros supuestos integrantes de una red que se habría dedicado a blanquear el dinero que se desviaba de las arcas universitarias. La lista incluye al intendente de Taco Pozo, Carlos Ibáñez.

LA INCORRECCIÓN DE LO CORRECTO

En cualquier sociedad medianamente normal, cuando una figura política logra impactar –con una investigación propia judicializada- en la línea de flotación del adversario, su partido o movimiento lo premia y le brinda algún tipo de reconocimiento. En un sentido más amplio, también lo hace la sociedad, agradecida por un tipo de trabajo que permite que las instituciones republicanas controlen y depuren el sistema. La impunidad y la desigualdad van de la mano, y son los principales enemigos de cualquier proceso democrático.

En vez de eso, Canata fue recibiendo señales inmediatas y continuas de que lo suyo había sido un error, de que se había metido con los temas y con la gente equivocada. Lo grave es que esos mensajes no le llegaron sólo desde los sectores peronistas que cerraron filas en torno a Judis, sino desde la propia Unión Cívica Radical. Y más aún desde la dirigencia mayor del radicalismo saenzpeñense, de la cual tuvo que escuchar reprimendas exaltadas por “meterse con Omar”.

“Empecé a darme cuenta de que algo pasaba (dentro de la UCR) cuando al llegar a un lugar todos los que estaban ahí se callaban, o empezaban a irse”, cuenta ella. No era casual. Había pateado un tablero en el que jugaba mucha gente. “Ahí me di cuenta de que papá se equivocaba: a veces también vuelan juntas aves de distinto plumaje”, analiza Marilín hoy.

Lo concreto fue que a medida que sus denuncias avanzaban en la justicia, su carrera política iba perdiendo latidos. A veces alguien de su propia bancada la insultaba por lo bajo en plena sesión. Sólo sus pares Irene Dumrauf y Livio Gutiérrez la alentaban a seguir, y algunos mensajes que de tanto en tanto le enviaba Ángel Rozas desde el Senado.

Sáenz Peña se le fue volviendo irrespirable. El apoyo incondicional del abogado César Collado –que la asistió en las presentaciones efectuadas en los tribunales- y de una abogada cuyo nombre reserva para evitarle problemas fue fundamental para que los expedientes judiciales prosperaran, pero cada procesamiento, cada allanamiento a los denunciados, acarreaba una represalia de propios y extraños. En eso no hubo límites. Se metieron hasta con lo más sagrado de su vida familiar.

NO TODO ES LO MISMO

El problema de Marilín es que no sabe retroceder. Luego de la denuncia contra Judis, sumó una presentación propia en la causa que había abierto la justicia federal porteña para revisar los convenios firmados entre Nación y municipios para la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (Girsu). La investigación fue llevada a cabo por el tribunal de Claudio Bonadio, y tras la muerte de éste quedó en manos del juez Julián Ercolini, quien a fines de junio pasado dictó la elevación a juicio oral del caso. Allí vuelve a estar Omar Judis, esta vez por su rol como secretario nacional de Medio Ambiente durante algo más de un año. Allí están acusados 18 intendentes del Chaco. Uno de ellos es Daniel Capitanich, actual embajador argentino en Nicaragua (ahí donde Daniel Ortega, como tantos caudillos del progresismo latinoamericano, se convirtió en lo que antes combatía).

La imputación es que se entregaron fondos federales por más de 600 millones de pesos en comunas de varias provincias para realizar obras que en la mayoría de los casos no se efectuaron o se ejecutaron sólo parcialmente. Capitanich, en su caso, alega que llevó a cabo trabajos que su sucesor no continuó, por lo que el área quedó cubierta de basura y la inversión se malogró.

Marilín dejó de residir en Sáenz Peña. Desde noviembre vive en una diminuta y humilde vivienda de Taco Pozo. Quiere volver a empezar allí, en un territorio plagado de sospechas pero en el que el contacto con la gente de la zona le hace sentir que tiene margen para seguir adelante con su manera de entender la política.

En el radicalismo, la semana pasada, se presentó una alianza interna –Chaco Cambia- que seguramente hegemonizará el reparto de candidaturas para los comicios de este año. Por ahora sólo se dieron a conocer la primera figura de la lista para diputaciones provinciales –Leandro Zdero- y la primera para diputaciones nacionales –Juan Carlos Polini-. El resto todavía no está definido. Y no es exagerado decir que si Canata no aparece en un lugar expectante, la sanción por haber hecho lo que hizo, por haber actuado como actuó, quedará sellada.

Será probablemente una mala noticia para ella, pero lo será principalmente para los ciudadanos que todavía se ilusionan con que la democracia se cure a sí misma del cáncer de corrupción que desde décadas neutraliza cualquier intento verdadero de transformación.
No todas las personas que se dedican a la actividad política son lo mismo. Pensarlo de ese modo sólo les sirve a quienes necesitan que de una vez por todas bajen los brazos los argentinos (peronistas, radicales, liberales, izquierdistas, independientes) que no perdonan el robo a la Patria ni aunque lo cometan sus dirigentes preferidos.

Esos “distintos” están en todas partes. No son patrimonio de un partido ni de una ideología. Cuando ocupan un cargo en la magistratura, también pagan la osadía de investigar a los poderosos. Rescatarlos es un deber de los líderes bienintencionados, de la prensa, de las organizaciones de la sociedad, de los ciudadanos. Porque no abundan y porque estamos perdidos si luchar contra lo que nos hunde tiene castigo en vez de premio.

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