Qué y para qué se investiga en la Argentina
En los últimos 65 años la profundización de la concentración y la centralización ha sido una constante.

El actual Rector de la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN), Lic. Juan Carlos del Bello, sostiene en “Federalización e ingresos de investigadores a CONICET en 2019 y 2020: ¿del dicho al hecho hay mucho trecho?”, que “Lograr una distribución más equilibrada de las capacidades de Ciencia y Tecnología a lo largo y ancho del país ha sido un objetivo de la política desde hace cinco décadas por lo menos”.
Sadosky, Matera, el propio Del Bello, Barañao, consideraron, cada uno a su turno, “la federalización como un objetivo clave”. El actual Ministro de Ciencia y Tecnología y expresidente del CONICET, Roberto Salvarezza, la actual presidenta del organismo, Ana Franchi, los expresidentes del CONICET Alejandro Cecatto, Miguel Ángel Laborde y otros funcionarios se han expresado siempre en la misma dirección. Pero, ¿cuál es la realidad cuando se miran los datos fríos y duros de la inversión en Ciencia y Tecnología de Argentina? La constante es que en los últimos 65 años no se ha dejado de profundizar la concentración y centralización.
En la ponencia realizada por el entonces Presidente a cargo del CONICET, Miguel Ángel Laborde, en las Primeras Jornadas Federales de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo Nacional realizadas en UNCAUS en octubre de 2019 y que tuve oportunidad de coordinar, describió la evolución de la inserción territorial, tanto de los miembros de la CIC (Carrera del Investigador Científico) como de los becarios y unidades del organismo en el país.
La carrera del investigador científico (cic)
El doctor Laborde explicó que mientras en el año 2003 había en la llamada Zona Central 2.835 miembros de la CIC; en la Zona No Central (resto del país) eran 859 investigadores, totalizando 3.694. Y que para 2018 esa cifra saltó a 7.558 y 3.061 investigadores, respectivamente, totalizando 10.619 miembros de la CIC. O sea, hubo una triplicación y muy fuerte renovación de la dotación de investigadores en la Argentina en el período 2003 a 2018.
Eso fue producto de la firme política de promoción de la Ciencia y la Tecnología que tuvo lugar durante el gobierno de Néstor Kirchner. En su inicio, las tres cuartas partes (77%) de los investigadores estaban en la Región Central, y apenas 23% en el resto de la Argentina, lográndose que esa relación cambiara a 71% / 29% más el incremento del 288% en el número de investigadores. Pero lo que no se pudo quebrar durante los 15 años analizados fue la secular centralización de los recursos humanos dedicados a investigar.
Aunque es justo reconocer que la tendencia modificó su inclinación decimonónica, lo cual muestra una pista a transitar para lograr un equilibrio entre las necesidades de desarrollo y modernización del interior profundo y la consolidación de los destacados equipos afincados en la Región Pampeana. Durante el período comentado del gobierno kirchnerista la Región Central aumentó un 267% y la Región No Central un 356% sus respectivas dotaciones.
Pareciera que se quiere retomar ese camino con la reciente decisión del Directorio de CONICET de convocar a la CIC por proyectos especiales para cuatro provincias de vacancia de investigadores, entre ellas el Chaco.
Becarios
La incorporación de becarios al sistema nos podría dar la pista de la orientación de la localización de los futuros doctores investigadores, pero no se observa ningún atisbo de cambio en la tendencia señalada para la Carrera del Investigador Científico. Para 2018 el sistema tenía un total de 10.895 becarios, de los cuales 7.650, o sea el 70,22% estaba radicado y desarrollando su beca en las llamadas por las autoridades del CONICET provincias con Alta Masa Crítica, que no son otras que las de la Zona Central (CABA, Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba), y a la que llamaremos Zona 1.
Las de Moderada Masa Crítica (Río Negro, Mendoza, Tucumán y Chubut), Zona 2, tenían 1.486 becarios, o sea el 13,64%. Las de Baja Masa Crítica (San Luis, San Juan, Salta, Corrientes, Misiones, Entre Ríos, Jujuy y Tierra del Fuego), Zona 3, albergaban el 12,74%, o sea 1.388 becarios y las de Muy Baja Masa Crítica (La Pampa, Chaco, Santiago del Estero, La Rioja, Santa Cruz, Catamarca y Formosa), Zona 4, apenas 3,41%, con 341 becarios. En suma, se repiten los números de Investigadores de la CIC: el 70,22% residen en la Zona Central, y en el resto del país el 29,78%, o sea 7.650 y 3.245 becarios.
Medidos en relación con la población, la centralización se repite: La Zona 1 (o Central), concentra casi 44 investigadores cada 100.000 habitantes, a pesar de la densidad de población radicada allí. La Zona 2 tiene 34 inv./100.000 hab., la Zona 3, 14 inv./100.000 hab. y la Zona 4, 5 inv./100.000 hab. Esta debe ser la primera relación a equilibrar en el conjunto de nuestro país.
Respecto de los estudiantes de Doctorado, la brecha allí se amplía, lo cual compromete aún más el futuro y preanuncia más desbalanceo. De los 26.260 doctorandos que cursaban en 2.018, 82,35% cursaba en la Zona Central y apenas 17,65% lo hacía en el resto de las Universidades. Otro correlato es dónde está localizada la sede de los Doctorados. De los 485 que el Anuario de CONEAU de 2018 informa como acreditados, 347, o sea el 71,55% se dictan en la Zona Central y 28,45% en el resto del país, naturalmente con un fuerte desbalance interregional, ya que Mendoza, Tucumán, San Juan y San Luis concentran el 14,43%, con 70 Doctorados acreditados y las restantes 16 jurisdicciones ofrecen el 14,08%, o sea 68 de esos posgrados, con tres provincias que no registran ninguno (Formosa, Tierra del Fuego y La Pampa).
Unidades divisionales del Conicet
Los lugares de trabajo de esos miembros actuales y futuros de la CIC también están así concentrados. De las 313 unidades que tiene radicadas en las provincias y CABA –entre Unidades Ejecutoras (UE) propiamente dichas, con todos los tipos de dependencia, Centros de Investigaciones y Transferencia (CIT), Centros Interjurisdiccionales (IJ) y Unidades de Red (UR)-, nuevamente encontramos el mismo piso: 70,28%, o sea 220 unidades en la Zona 1; 14,06% en la Zona 2; 11,18% en la Zona 3 y 4,47% en la Zona 4.
Qué y para qué
El presidente y fundador del CONICET, el Premio Nobel Bernardo Houssay, y la mayoría del Directorio de esta institución, en 1958 impusieron como modelo de investigación a seguir el Modelo Lineal de Evaluación, que pivotea en la “oferta” y premia la calidad académica sin tener en cuenta la localización de los desarrollos, ni las áreas temáticas. Este era el modelo predominante en el mundo de entonces para organismos equivalentes. Houssay decía: “La mejor manera de tener ciencia aplicada es intensificar la investigación científica fundamental, pues de ella derivarán abundantes aplicaciones”.
El segundo de la institución, el Dr. Rolando García, decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires hasta el golpe de Onganía (1966), cuyo criterio no primó, en cambio, bregaba por financiar líneas de investigación poco desarrolladas en el país (como las Ciencias Sociales), proyectos más conectados al desarrollo económico y social del país y más enraizadas con el territorio federal de la Argentina.
¿Cuáles son las consecuencias de haber adoptado un modelo de investigación cuya evaluación se realiza a través del método cuantitativo de conteo de “papers”, en lugar de haber avanzado hacia un modelo de evaluación que tenga más en cuenta la transferibilidad de los conocimientos producidos hacia la sociedad que los financia con sus impuestos?
El expresidente del Conicet, Dr. Miguel Ángel Laborde, informó que, según el último registro disponible, sólo 15% de la planta de investigadores que pasaron por el organismo desde su creación en 1956 había realizado alguna vez en su vida una actividad vinculada con la transferencia de tecnologías a la sociedad. Ese mismo año 2017 se habían solicitado apenas 75 patentes y puesto en ejecución 5 licencias.
A pesar de ello, también hay que recuperar los esfuerzos para el desarrollo de la investigación aplicada que se iniciaron con la sanción de la Ley 23.877 (1990), que no solo buscaba relacionar la ciencia y la tecnología con el sector productivo a través de las unidades de vinculación, sino también a las universidades e institutos de investigación con los gobiernos provinciales, la creación de las áreas de vinculación tanto en universidades como en institutos de investigación, y la creación de áreas de cyt en los gobiernos provinciales. En el mismo sentido hay que recordar que en esos años ’90 se creó la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica (ANPCyT) dedicada a financiar proyectos empresariales que incorporaran adelantos científicos y tecnológicos de investigadores argentinos.
Y ese es el gran desafío que se debe plantear un país subdesarrollado como el nuestro ¿para qué?, ¿para quién?, ¿dónde se localiza esa inversión? La investigadora uruguaya Judith Sutz es muy contundente cuando califica al modelo de ingreso, evaluación y progreso en la Carrera del Investigador Científico vigente en nuestro país: “Si nos restringimos al mundo académico –dice- la cuestión se simplifica. La apreciación sobre la validez de los resultados de investigación, una aproximación muy directa al concepto de calidad, se realiza habitualmente a partir de opiniones razonadas de pares académicos”. En ese mundo vale el “consenso intersubjetivo de pares”. Pero el problema se complica cuando la evaluación del ¿para qué? ¿para quién? ¿cuánto? y ¿dónde se localiza esa inversión en cyt?, no la hacen sólo los pares.
“Cuando calidad y relevancia (de) la investigación es mirada con una perspectiva no exclusivamente académica, es decir, cuando además de pares los que miran son “impares” la cuestión se complejiza”, dice Sutz, y luego remata: “En el caso concreto de la investigación universitaria, los impares son, en primera instancia, los que en diversas esferas –política, productiva, social, cultural- buscan incorporar los resultados obtenidos a su reflexión y a su accionar”. UNCAUS, en ese sentido, dio un paso enorme al incorporar a su Consejo Superior al presidente de la Federación Económica del Chaco, en representación del Consejo Social comunitario.
Risieri Frondizi, el gran rector transformador de la Universidad de Buenos Aires en los ’60, al referirse a las universidades y al sistema científico tecnológico nacional, y a su misión social (que para él consiste “en ponerse al servicio del país”) sostuvo que “la gran variedad de zonas y necesidades confieren al desempeño concreto de esta misión diversidad de matices”. Y remata: “Una Universidad puede formar profesionales excelentes, aunque socialmente inútiles”, y que la función social exige que esos profesionales sean los que el país requiere”. Parafraseando a Sutz y Ávalos, nos preguntamos: ¿resisten la “evaluación de impares” una buena parte de los miembros de la CIC hoy?
Pero seamos claros: que el 85% de los investigadores no hayan hecho, ni hagan, transferencia de tecnología no es su responsabilidad excluyente. Por el contrario, el modelo cuantitativo de la publicación de “papers” los atrapa, aún contra su propia voluntad. Entrar en el sistema los obliga a investigar para publicar y no para transferir lo que la sociedad necesita, aun cuando muchas veces la propia sociedad (empresas, Estados nacional y subnacionales, organizaciones civiles, entre otras) no sepan que sus interrogantes y necesidades pueden ser respondidos y satisfechos en los más de 300 Centros de Investigación y ¿”Transferencia”? que hay en la Argentina.
Ésos son los desafíos que nos planteamos en la Universidad del Chaco, la UNCAUS: que los recursos públicos volcados a la Investigación Científica y Tecnológica sirvan para producir conocimientos que permitan a los habitantes de la provincia y la región dar el salto cualitativo del subdesarrollo, la desigualdad, la pobreza y la injusticia que ello genera al desarrollo en el que todos y cada uno puedan construir su futuro con su propio trabajo aplicado a esas innovaciones salidas de nuestros laboratorios, aulas e institutos de investigación.
La empresa, como se ha visto, no es nada fácil, porque implica luchar contra el país centralista así organizado desde hace más de 200 años. Pero es posible y lo estamos haciendo gracias a nuestros valiosos 106 investigadores categorizados, entre ellos 13 del CONICET y nuestros 21 becarios y futuros investigadores, entre ellos 11 del CONICET.
(*) Vicerrector de la Universidad del Chaco Austral (Uncaus), director de la Escuela de Gobierno y Negocios Chaco Austral (ENCA), exministro de Educación, Ciencias y Tecnología de la Nación.










