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El abrigo de la solidaridad

La llegada de jornadas de muy bajas temperaturas en todo el país se hace sentir en los sectores más vulnerables de la población, especialmente a las personas que se encuentran en situación de calle. Como todos los años, el rigor del clima expone las desigualdades económicas y sociales que esta vez, además, se ven agravadas por la emergencia sanitaria. En la provincia, afortunadamente, distintas organizaciones de la sociedad civil pusieron en marcha campañas que se sumaron a iniciativas de iglesias y medidas oficiales adoptadas para mitigar los efectos del frío.

La alerta por bajas temperaturas que emitió el Servicio Meteorológico Nacional abarca en el Chaco las localidades de los departamentos Bermejo, General Dónovan, Libertad, Primero de Mayo y San Fernando. El organismo anticipó que esta semana, las temperaturas mínimas podrían mostrar un registro de entre -5 y 5 grados centígrados, con sensaciones térmicas que -la acción de los vientos- incluso podrían llegar a ser inferiores a la marca más baja pronosticada. El pronóstico no es alentador para las personas de escasos recursos a las que, particularmente este año, se les hará más difícil sortear el invierno sin la ayuda de la comunidad. Pero ante tantas dificultades, los pequeños grandes gestos de personas que en forma anónima ayudan al prójimo que lo necesita revelan el espíritu solidario arraigado en muchos chaqueños. Vale como ejemplo el caso de la desesperante situación que atravesaban una madre y su hijo con discapacidad que habían llegado el año pasado a la capital chaqueña desde Formosa, antes de que la pandemia irrumpiera en la región, en busca de un trabajo y un futuro mejor. Si bien al principio la mujer logró un empleo, con el agravamiento de la crisis sanitaria se quedó sin trabajo y, literalmente, en la calle con su hijo. Tal como publicó este diario hace poco, una persona anónima se hizo cargo del costo del viaje de regreso de ambos a Formosa en un vehículo de alquiler y también de los gastos que demandaron los hisopados que se exigen para ingresar en la vecina provincia. Ese gesto sirvió para aliviar la situación de esta mujer y su hijo que, como muchos otros en la Argentina de hoy saben por experiencia propia que cuando no se tiene seguro el presente en sus aspectos más cotidianos (como tener para comer o desplazarse de un lugar a otro a través del transporte público) todo se hace más difícil a la hora de construir de cara al futuro. No hay dudas de que con este pequeño gesto, al menos por un tiempo, esta madre y su pequeño hijo estuvieron al abrigo de la solidaridad en un país en el que -según la organización Banco de Alimentos- por cada niño que come hay tres que no tienen asegurada una nutrición diaria.

Merece destacarse también el trabajo de grupos jóvenes que, por iniciativa propia, acercan alimentos y abrigos a personas en situación de calle, como se ha podido ver estos días en Resistencia. Todo suma. También suma la iniciativa oficial que organiza la tarea de equipos de operadores y profesionales, que en el Gran Resistencia -el conglomerado que concentra la mayor población de la provincia- recorren espacios públicos para informar sobre la posibilidad de utilizar los paradores a los que se puede acudir para no pasar noches de muy bajas temperaturas a la intemperie y recibir alimentos, bebida caliente, ropa y frazadas durante el horario nocturno.

Muchas de las personas que hoy están en situación de calle ni siquiera pueden cumplir con el llamado de quedarse en casa, simplemente porque hace mucho tiempo que no tienen un techo propio donde resguardarse. Por eso, frente a la actual ola de frío polar que, haciendo sentir su rigor recorre la provincia y el país, la solidaridad no debe hacerse esperar. Las bajas temperaturas llaman a todos y cada uno a ser aún más solidarios con los sectores más necesitados de la población que vieron cómo se agravó su situación a raíz de la pandemia.

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