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Orlando Núñez

Columnista

No son solo un número, se trata de personas

Cuando en nuestra provincia apareció el coronavirus por primera vez a través de los primeros casos, no imaginábamos que había llegado para quedarse, y mucho menos que nos impondría cambios tan profundos en la vida de chaqueños y chaqueñas.

Todavía a más de un año de convivir con la pandemia nos resistimos a asumir que, de aquí en más, ya nada será igual a lo que con nostalgia recordamos como lo más parecido a una vida considerada normal.

Día a día vamos mutando de alguna manera y los cambios son imperceptibles para nosotros mismos. Así transitamos el camino de esta dura emergencia sanitaria que día a día nos va despojando de valores y sentimientos esencialmente humanos.

La realidad es que de a poco empezamos a transformarnos de personas a algo muy parecido a un número que ocupa un casillero en interminables planillas para sostener las verdades de las estadísticas.

La jerarquización de las cifras en esta época invade todos los niveles de la vida. Pero lo que no podemos naturalizar es en lo efímera que transformó el virus a la vida, con una cantidad impactante de fallecimientos en nuestra provincia que, a hoy, estamos al borde de las 1600 personas desde que el Covid aterrizó en el Chaco en marzo del año pasado.

El enorme dolor las familias chaqueñas, así como las increíbles historias que habrán vivido hasta llegar al peor de los desenlaces, permanecen ocultas y silenciadas detrás de las frías cifras que aumentan día a día.

Todo esto ocurre mientras un importante sector de la sociedad descree que exista la enfermedad con un desprecio hacia la vida propia y la ajena que asombra y desanima. Claro, solo se trata de números.
Pero no todo se reduce a este impacto nefasto de la peor y más grande tragedia sanitaria de la vida de nuestra provincia y de la humanidad. Estamos transitando un momento histórico inolvidable.
Los daños colaterales se multiplican en toda la sociedad y estos dejan su marca a fuego especialmente en los sectores más vulnerables.

LA POBREZA, OTRA TRAGEDIA

La pobreza con su implacable exclusión es una de las consecuencias inmediatas, después de las muertes.

El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, cuando Caritas lanzó su Colecta Anual Más por Menos, anticipó el informe “Radiografía de la pobreza en Argentina”, que analiza de manera exhaustiva la grave situación social que atraviesa el país y las políticas sociales desplegadas para atender la emergencia.

Pero anticipa, para lo que va de 2021, un recrudecimiento de las condiciones de pobreza que impactaban ya a 12.000.998 argentinos en el segundo semestre del año 2020, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos.

La advertencia del tremendo impacto pandémico en los cimientos sociales argentinos se develará en la segunda quincena de septiembre en el inicio de la primavera, cuando el Indec difunda las cifras sobre las condiciones de vida en nuestro país del primer semestre de este año.

En el primer año que vivimos en pandemia, el Nordeste argentino aportó solamente en pobreza -sin incluir la indigencia- 618.286 personas; y nuestra provincia, con el conglomerado conformado por el Gran Resistencia, exhibió 222.235, la más alta de nuestra región).
Sin dudas, hoy la situación es más explosiva de acuerdo con lo expuesto como advertencia por el Observatorio de la Universidad Católica Argentina que dirige Agustín Salvia.

LAS PERSONAS DESOCUPADAS

Otro de los índices que mueven el amperímetro social es la tasa de desocupación. Y recientemente el Instituto Nacional de Estadística y Censos dio a conocer la cantidad de gente afectada por este flagelo.

De acuerdo con las tasas e indicadores socioeconómicos del mercado de trabajo, quienes están sin un puesto laboral en el país llegan a 10,2 por ciento, que traducido a personas son 1.300.000 de una población económicamente activa de 13.300.000 argentinos.

También los datos oficiales indican que hay 12.000.000 de ocupados, de los cuales 8.600.000 son asalariados y 3.400.000 no asalariados. De este sector, los cuentapropistas llegan a 2.941.000 personas.

En tanto, el Nordeste Argentino tuvo la tasa sensiblemente más baja que la de nivel nacional y se ubicó en 6,1 puntos porcentuales.

Este número se conformó con el aporte de nuestra provincia, a que en el conglomerado del Gran Resistencia midió 4,7 por ciento lo que significa que, de una población económicamente activa de 166.000 personas, los desocupados chaqueños son 8.000.

Si bien es un dato positivo alentador, no hay que dejar de tener en cuenta que la tasa de actividad para el Nordeste fue la más baja y midió 41,6 puntos.

En cambio la mejor posicionada fue Formosa, con 4 por ciento de desocupados, lo que hace que 3.000 habitantes de esa provincia estén sin ocupación; y, en cambio, la peor de todas en la región fue Corrientes, con una tasa de 9,9 puntos y 17.000 familias sin acceso al sustento en sus hogares a través del trabajo.

A este cóctel de números y personas, se suma otro condimento más delicado, como es el proceso inflacionario en el que tiene mucho que ver el alto costo de los alimentos, nada menos.
Siguiendo en esta línea, en mayo el Indec estableció que la Canasta Básica Total Alimentaria para una familia joven compuesta por un hombre de 35 años, una mujer de 31 años, un niño de 6 años y una niña de 8 años tuvo un costo de 64.445 pesos. Un salario como este marca el límite que no debe pasarse para no caer en la pobreza.

La crisis pandémica impuso de hecho en nuestra provincia salarios congelados (cuando no rebajados) y en valores en los que se lucha no sólo para no pasarse a la pobreza sino a la indigencia.
No se avizora en el horizonte que este cuadro vaya a cambiar para mejorar la situación la mayoría de los trabajadores chaqueños.
La crisis sanitaria impone sus condiciones y provoca daños irreparables que únicamente el Estado puede atender ante las situaciones de indefensión de los sectores vulnerables más expuestos.

Ahora el coronavirus con sus constantes variantes agrega otros elementos que ralentizan una imprescindible reactivación de la actividad económica, hoy contenida por las restricciones para tratar de frenar el alto ritmo de los contagios alentados por un sector de la sociedad que vive con total desapego a los cuidados sanitarios.

Y los índices van a empeorar hasta tanto no se neutralice el coronavirus con la carta más alta que han puesto en juego los gobiernos nacional y provincial, la vacunación masiva.

Con la pandemia y los resultados a la vista, no podemos naturalizar los números de la crisis sanitaria porque apuntala una negación que solo obstruye el camino hacia la salida.
Debemos dimensionar el enorme dolor y el vacío en que viven las familias destrozadas por la muerte de sus seres queridos (abuelos, abuelas, madres, padres, hijos, nietos).

Desde hace casi un año y medio, venimos perdiendo un promedio de 106 chaqueños por mes. Hace dos años este dato nos habría conmovido profundamente. Hoy lamentamos que la cifra sea alta, pero nos olvidamos de que detrás de cada número hay seres humanos con sus vidas destruidas.

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