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Las dietas de mala calidad bajo la lupa

Las dietas de mala calidad se han transformado en un problema global, ya que son la causa del 20 por ciento de la mortalidad prematura por enfermedades que se registran en todo el mundo. Por esa razón, expertos que promueven el derecho a una alimentación saludable vienen reclamando que los países tomen medidas para transformar los sistemas alimentarios.

Especialistas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierten que fenómenos como el rápido crecimiento demográfico, la urbanización y los cambios en los hábitos de consumo de la población están poniendo a prueba la capacidad de los sistemas alimentarios para proporcionar alimentos nutritivos y ayudar a ofrecer mejores oportunidades de subsistencia de forma sostenible sin dañar el ambiente. Pero, además, la mayoría de los países del mundo han experimentado en los últimos años un cambio en los hábitos alimentarios de la población, con la incorporación de dietas basadas en alimentos ultraprocesados que ganan terreno en las tradicionales cadenas de supermercados.

A nivel regional, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) elaboró un documento en el que advierte que en América Latina y El Caribe los alimentos ultraprocesados, las bebidas azucaradas y la comida rápida, que presentan una pobre calidad nutricional, están reemplazando a las comidas caseras más nutritivas de las dietas de las familias de los países de la región, lo que genera efectos alarmantes en la salud y, por eso mismo, requiere de regulaciones por parte de los gobiernos para revertir esta tendencia. Según el organismo, esta tendencia es impulsada por fuertes campañas publicitarias y de marketing que aprovechan las ventajas que ofrece un mercado que, en este campo, está prácticamente desregulado en la región.

La OPS explica que los alimentos ultraprocesados son formulaciones industriales principalmente a base de sustancias extraídas o derivadas de alimentos, además de aditivos y cosméticos que dan color, sabor o textura para intentar imitar a los alimentos. Tras advertir que estos productos están nutricionalmente desequilibrados, tienen un elevado contenido en azúcares libres, grasa total, grasas saturadas y sodio, y un bajo contenido en proteína, fibra alimentaria, minerales y vitaminas, en comparación con los productos, platos y comidas sin procesar o mínimamente procesados.

Desde la FAO, en tanto, insiste en señalar que un sistema alimentario sostenible, que es el que se debe promover en todos los países, es aquel que garantiza la seguridad alimentaria y la nutrición de todas las personas de tal forma que no se pongan en riesgo las bases económicas, sociales y ambientales de éstas para las futuras generaciones.

Es que una alimentación adecuada es esencial para la salud, bienestar y desarrollo de las personas. Y por eso es importante que se promueva el derecho a una alimentación variada, segura, que aporte los nutrientes necesarios para llevar una vida sana y activa, y que esté respete los valores de la cultura de cada comunidad.

Los expertos de la OPS recuerdan que hasta hace pocas décadas se unían esfuerzos para combatir la desnutrición aguda, la desnutrición crónica, y la deficiencia de micronutrientes. Estos problemas -observan- aún persisten, especialmente en poblaciones vulnerables, pero ahora, acompañados del sobrepeso y la obesidad. Actualmente, es fácil encontrar hogares con un niño desnutrido y una madre con sobrepeso o un niño con desnutrición crónica y sobrepeso, o con una deficiencia de vitaminas y minerales.

En España, por ejemplo, el Observatorio del Derecho a la Alimentación, integrado por investigadores de universidades, elaboró un documento en el que se plantea la necesidad de transformar los sistemas alimentarios, y propone que la protección y garantía del derecho humano a la alimentación debe ser el objetivo prioritario de los planteamientos de reforma; remarcando que la salud de las personas y del planeta debe estar por delante de otros intereses y que la agroecología debe ser el principal paradigma para impulsar la transición de la producción agrícola desde criterios de sostenibilidad. También señala que la agricultura familiar y campesina, practicada sobre bases agroecológicas, debe tener un lugar prioritario en las políticas de impulso de sistemas alimentarios sostenibles.

A la luz del impacto que tienen las dietas de mala calidad, es necesario que se tomen medidas para garantizar a la población el acceso a productos nutritivos, a precio justo y producidos de manera responsable con el medioambiente.

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