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Doctora Laura Bover

SARS-CoV-2: Aún no es una batalla ganada

Laura Bover, PhD, Professor, Director Monoclonal Antibody Core Facility University of Texas M.D. Anderson Cancer Center, Associate Member of The University of Texas Graduate School of Biomedical Sciences at Houston, Member of the Scientific Review Committee 2 (former CRC 2), Member of the Steering Committee of the Immunology Program GSBS, Immunology Department/ Genomics Medicine Departme

Conocí a la doctora Bover vía Facebook y en la primera comunicación escrita ya me dio su teléfono para poder estar en contacto. El año pasado la entrevisté por primera vez y ella me honra con su amistad. En este tiempo conocí no solo a una destacada profesional sino también a una persona carismática, noble, que abre su corazón. Laura tiene muchos logros, pero el mayor es ser una buena persona, una gran mujer, mamá, esposa, abuela y amiga.

Laura y Julio, unidos en la vida y la familia.

La pandemia del COVID comenzó en 2019. A junio de 2021 ¿cómo nos encontramos a nivel mundial?

Los números están disponibles y son muy tristes. Al comienzo, no se sabía el modo de acción del virus y se perdieron vidas en corto tiempo. Al empezarlo a conocer, se produjeron mutaciones y variantes, algunas mucho más agresivas. No es una batalla ganada, hay que seguir luchando y lamentablemente las vacunas no están siendo homogéneamente distribuidas en el mundo. Es notorio además que las infecciones van disminuyendo en proporción directa a la vacunación. A eso hay que apuntar, la población mundial debe ser vacunada para reducir los riesgos de severidad debida al Covid.

En un primer momento se decía que si se había completado el esquema vacunatorio el riesgo de contraer COVID existía, pero con síntomas más leves y sin riesgo de muerte, pero eso no sucedió. ¿Hubo errores de cálculo o el virus es un ‘maestro’ que todos los días enseña algo nuevo?

No hubo errores de cálculo. Cuando cualquier medicamento nuevo, en este caso las vacunas, se comienza a usar en un amplio rango de la población, en el ‘mundo real’, los datos obtenidos son diferentes a los que inicialmente se publicaron, cuando la población bajo estudio era acotada. No es lo mismo analizar resultados en 30.000 voluntarios que en millones de personas. Ese período denominado ‘vigilancia farmacológica’, va a reportar los ‘efectos

secundarios raros’ observados en pocas personas que reciben el medicamento/vacuna. Eso aparece en los prospectos de los medicamentos como ‘se observó tal o cual efecto en 1 de cada 100.000 personas’.

¿Todas las vacunas tienen similar eficacia o hay algunas que se podría decir que están ‘flojas de papeles’?

Creo que deberíamos separar los conceptos: las vacunas tienen diferentes valores de eficacia, de acuerdo a lo observado en la población de voluntarios que las recibieron durante los estudios de fase 3. Por ejemplo, una eficacia de 91% indica que, durante el estudio clínico de 100 personan vacunadas, 91 no se enfermaron y 9 sí. Pero ese porcentaje se calculó solamente en un pequeño grupo en un determinado momento del avance del estudio (cuyo análisis de datos continuará durante 2-3 años). Esa eficacia, en el ‘mundo real’ va a variar necesariamente, porque la población vacunada tiene diferente genética, diferentes hábitos y costumbres, están expuestos a diferentes desafíos, su medio ambiente es diverso. Con esos datos, vemos que hay vacunas que reportaron 50% de eficacia, otras 95%. Esos números cambiarán a lo largo de las campañas de vacunación mundial, comparando con los resultados observados en los lugares donde se realizaron los estudios ‘multicéntricos’ originales. Por eso, los ensayos fase 3 deben hacerse en distintos países, con distintas etnias, diferentes edades, etc.

Laura el día de su vacunación.

Una vacuna ‘floja de papeles’ más bien indicaría que no se han reportado datos suficientes para que las autoridades de los países que deciden adquirirlas para proteger a su población, evalúen los riesgos/beneficios de aplicarlas.

Como científica fuiste una visionaria y comenzaste a trabajar desde enero de 2020 y formaste el CPC-19. ¿Cómo resultó la experiencia conjunta de profesionales de diversas ramas unidos para tratar de paliar la enfermedad antes de las vacunas? Incluso hoy se sigue usando el plasma de convalecientes.

Ese grupo fue creado para promover la utilización del plasma como terapéutica ante el desconocimiento, en aquel momento, sobre la eficacia de otras drogas o terapias. Ahora, aprendimos que el plasma (anticuerpos monoclonales, suero equino), como la mayoría de los tratamientos que apuntan a impedir el avance de la infección de nuestras células por el virus, debe utilizarse tempranamente durante el desarrollo de la enfermedad para ser eficaces. Un estudio clínico argentino (de la fundación Infant) lo demostró claramente y hoy en día en distintos puntos del país, se transfunde el plasma hasta los 5-7 días de evolución de la enfermedad con buenos resultados. Pero en la realidad actual, esto se complica porque el paciente debe internarse para la transfusión del plasma y la falta de camas para internación no contribuye. Eso y la ausencia de estímulo de parte de autoridades para promover la donación de plasma y de los médicos de ofrecerla, hacen que el número de tratamientos sea bajo. Interesante es el hecho de pensar que el plasma de las personas recuperadas de hoy en día, probablemente tenga los anticuerpos que neutralizan las nuevas variantes virales, contra algunas de las cuales las vacunas actuales, muestran menor eficacia.

La experiencia de haber armado este grupo multidisciplinario ha sido y continúa rindiendo frutos. Desde hace años trato de promover en Argentina el desarrollo de la investigación traslacional, que vincula a los científicos que trabajan en el laboratorio con los médicos que aplican lo que allí se descubre para la salud humana. Hay en Argentina algunos exponentes: mi primer jefe, el Dr. José Mordoh es un ejemplo; con él fuimos pioneros en desarrollar en el laboratorio tratamientos para los pacientes oncológicos en la década del 90. El término traslacional no sólo se refiere a la salud, porque hay investigaciones básicas que se transfieren a una aplicación práctica, por ejemplo, en desarrollos de materiales, por sólo mencionar algo. Casualmente, en noviembre de este año, tendré el honor de organizar una mesa redonda sobre el tema durante el congreso de la Sociedad Argentina de Investigación Clínica (SAIC) e invité a colegas de mi institución en Estados Unidos a participar virtualmente del encuentro, incluyendo al Dr. James Allison, premio Nobel 2018 de Medicina y/o fisiología para la conferencia inaugural.

En abril del año pasado cuando leí lo que estabas haciendo desde Houston y después tuve la posibilidad de entrevistarte por primera vez, pensé que tu visión y guía eran muy importantes para el NEA y con el Vicerrector de la Universidad del Chaco Austral tuvimos dos vídeo conferencias. ¿Cómo es trabajar con ellos a la distancia?

El que hayas creado este grupo satélite del gran grupo inicial CPC-19, fue para mí esencial. Recuerdo en la primera vídeo conferencia, ellos me miraban con interrogantes, pensando tal vez qué tipo de ayuda les podría brindar. Ese mismo día todo cambió, intercambiamos ideas, planeamos los pasos a seguir para que pudieran conseguir el material necesario para poder administrar plasma en UNCAUS, los conecté con médicos de la provincia de Buenos Aires que ya lo habían puesto en práctica. Fue y sigue siendo muy edificante, he sido invitada para visitar la Universidad ni bien termine la pandemia. Recuerdo que una radio nos entrevistó a la Bioquímica Virginia Radovancich de UNCAUS y a mí. Durante la entrevista lloramos las dos: su agradecimiento para conmigo por la ayuda brindada fue conmovedor. El doctor Marcelo Gallovich, Director de la UME, recientemente me invitó a participar de otro grupo similar, con mayoría de médicos, que requieren del punto de vista científico para ciertos temas. Nos nutrimos mutuamente. Y el Vicerrector Manuel García Solá es un referente importante en la organización de cursos para la mejora de la educación universitaria en la región. Y no hubiera sido posible establecer estos contactos sin tu gestión.

Laura y Julio, unidos en la vida y la familia.

El virus fue mutando y originando variantes, las realidades cambiando, América del Sur sigue en pandemia. Siempre hay una luz al final ¿desde tu parecer está lejos aún?

El mundo entero sigue en pandemia, sólo que en algunas partes las restricciones son más estrictas que en otras. La vida debe volver a un cauce diferente, a una ‘nueva normalidad’ para la cual hay que estar preparados con el aprendizaje de todos estos meses. Creo que la humanidad entera deberá acostumbrarse a cambios y adaptaciones producto de éste y otros problemas, cambios climáticos, disminución de los recursos naturales, del consumismo. Todo está ensamblado como en un modelo para armar, cada pieza va en un lugar, pero también como en una madeja, difícil de desenredar. Creo que veremos la luz del final recién en 1 año, pero no consigo interpretar bien aún la bola de cristal.

¿Cómo fue vivir todo este tiempo, junto a tu esposo, con tantas restricciones y siendo un recurso humano tan valioso para el MD Anderson Cáncer Center?

En mi hospital los laboratorios de investigación estuvieron cerrados desde el 20 de marzo hasta el 4 de mayo. Al reabrir, los que no trabajamos directo en la mesada del laboratorio continuamos trabajando desde casa, como desde el comienzo, con entrenamientos, cursos y lectura bibliográfica. El personal de investigación concurría en dos turnos. En mi laboratorio, mi marido – Julio Pollarolo- y una técnica asistían en turno mañana, otras tres personas por la tarde, con 1 hora intermedia de desinfección de las áreas de trabajo. La consigna era: chequeo al ingresar, cambiarse el barbijo por uno nuevo dado por el hospital, no cambiar de turno, limpiar las superficies y la mesada de trabajo con alcohol 70 al llegar y al retirarse. En septiembre se unificaron los turnos. Entre 4.000 personas de los laboratorios, sólo 150 tuvieron COVID por contagios comunitarios. Ninguno se contagió en el trabajo. La atención y los procedimientos médicos nunca se detuvieron. Si bien el gobierno de Texas relajó la situación del uso de barbijos, mi hospital nunca cambió las normas seguidas desde el primer día.

Laboratorio de anticuerpos Monoclonales del M.D. Anderson Cancer Center.

Al momento de recibir tus dosis de vacunas, ¿te sentiste más aliviada?

¡Me sentí feliz! Estaba tan contenta que, si tuve algún efecto relacionado con la vacuna, ni me di cuenta. En realidad, debido a mis actividades y a que mi familia está en Argentina, durante la pandemia no nos expusimos y la gente acá es bastante cuidadosa. Houston es una ciudad con 65% de la población con título universitario, ligado a la medicina, así que se respetaron los protocolos. Ahora en cambio, llegamos a un punto en el cual muchos no se deciden a vacunarse, así que el ritmo inicial, en el cual se calculaba que en julio el 90% de la población estaría vacunada, se ha reducido. En Texas la población que recibió las dos dosis es el 36% y el 45% sólo una.

¿Cuál es tu mensaje para aquellas personas que aún tienen temor de las vacunas?

La gente tiene dudas, en cierta forma lógicas porque al no estar informados de los avances en investigación en estos años, piensan que para desarrollar una vacuna o medicamento se requieren años. Y esto no es así, ni en este caso ni en el caso del cáncer, por ejemplo. En la última década, muchos medicamentos y tratamientos novedosos se han desarrollado para el cáncer. Y se desestima a los virus porque los que circulan habitualmente en la población tienen ya vacunas establecidas. Pero este virus es nuevo, agresivo, contagioso, deja secuelas. Ante algo nuevo uno debe evaluar el riesgo de darse una vacuna y el de enfermarse.

Lo importante es vacunar a la mayor cantidad posible de personas, lo más rápido posible, con las vacunas disponibles: cualquiera es mejor que enfermarse por COVID.

Si los riesgos de padecer la enfermedad son mayores que los riesgos potenciales que pudiera producir una vacuna, no hay que dudarlo: recibo la vacuna. Mis hijas están vacunadas (son personal de salud). Mis yernos lo mismo, y mi nieta mayor de 21 años se acaba de enrolar en el protocolo clínico de una vacuna desarrollada en plantas de tabaco. Todos creen que es novedoso, pero el producir vacunas o proteínas para uso médico en plantas data de fines de los 80. Sólo que la gente recién se entera.

Siempre digo que “el conocimiento salva vidas”, en este caso ¿se puede aplicar mi pensamiento?

Totalmente, la educación y el conocimiento son esenciales para que un pueblo conserve el cuerpo y la mente sanos. Eso lo ayudará a discernir cuando deba optar como ahora, el camino a tomar para cuidarse a sí mismo y a su familia, cuando hay pseudo-científicos que sacan de contexto lo observado y se nutren con información tergiversada en vez de ir a las fuentes bibliográficas como corresponde.

Requerimos paciencia, aprendizaje y resiliencia para poder atravesar esta dura etapa para la humanidad.

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