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Un Mercosur con freno de mano

La nueva suspensión que sufrió la reunión de cancilleres del Mercosur pone de relieve las dificultades que enfrenta el bloque regional para salir del estancamiento en el que se encuentra. Las diferentes opiniones sobre cuáles son las estrategias de inserción internacional más adecuadas para cada uno de los países miembro anticipan que el proceso de integración será más lento de lo esperado.

La falta de acuerdo por el llamado arancel externo común fue el mayor obstáculo para que, finalmente, se celebrara hoy la reunión —en formato virtual, por la emergencia sanitaria— de ministros de Relaciones Exteriores. Se trata de un arancel establecido en 1994, que fue sometido a un proceso de revisión en 2019. Es que el máximo del 35 por ciento que se fijó inicialmente (aunque no se aplica en la actualidad) resulta muy alto frente al 5,5 por ciento que arroja el promedio global de aranceles, aunque hay quienes advierten que la región debe fijar un porcentaje que tenga en cuenta las asimetrías que se dan en el comercio internacional.

La reunión, en un primer momento, se programó para la semana pasada, pero las diferencias obligaron a posponer el encuentro para hoy. Al parecer, el tiempo transcurrido no alcanzó para encontrar puntos en común y por eso ahora se decidió no poner fecha para la próxima reunión.

Creado en 1991, el bloque nació con el objetivo de facilitar la inserción de los países miembros en la economía mundial. Por aquellos años, las ideas de apertura de las economías facilitaron la puesta en marcha del proceso de integración, pero con el paso del tiempo y las coyunturas políticas en cada uno de los países miembros hicieron que el camino sea más sinuoso. Se puede decir que, en rigor, todos los socios están de acuerdo en integrarse a la economía global, pero las diferencias aparecen a la hora de definir el cómo. A esto debe agregarse el hecho de que los procesos de integración regional demandan mucho tiempo y es por eso que no debe extrañar que cada tanto se ingrese en etapas de estancamiento, sobre todo si las orientaciones políticas de los socios tienen más puntos de divergencia que de coincidencias. Así las cosas, hoy se tiene que Argentina no está de acuerdo con la baja de aranceles que propone Brasil; y tampoco ve con buenos ojos el grado de apertura que plantea Uruguay. Hay quienes señalan, además, que el Mercosur se apoya en un complicado proceso de toma de decisiones que dificulta aún más el avance del bloque. El problema, para todos, es que el mundo no espera. Por eso, como dijo hace poco el ex gobernador de Mendoza y ex embajador argentino en Estados Unidos, José Octavio Bordón, es imperativo sacar al Mercosur del estancamiento y de la desconfianza. “Ni el mundo ni nuestros países son los mismos que hace tres décadas. Exige renovarnos para buscar una actualizada convergencia, profundizar nuestros acuerdos estratégicos, incrementar el comercio entre nuestros países, articular cadenas productivas entre nosotros y con otras regiones para participar activamente y con el mayor agregado de valor posible en el nuevo, complejo y exigente comercio global”, planteó Bordón.

El 26 de marzo pasado se cumplieron 30 años de la firma del Tratado de Asunción, el acuerdo que creó el Mercosur. Como se ha señalado ya en esta misma columna en esa oportunidad, el tiempo transcurrido fue más que suficiente para madurar ideas, pulir diferencias y llegar a acuerdos entre los países de la región. Pero en América Latina, por diversos motivos -tanto endógenos como exógenos a cada una de las naciones que integran el bloque regional- todo parece demandar más tiempo.

Las nuevas arquitecturas de poder que se están gestando a escala mundial, más el impacto de la emergencia sanitaria global por el coronavirus, obligará a tomar decisiones inteligentes a todos los miembros de un bloque regional que, pese a todos los contratiempos, goza de la ventaja de no tener por delante ninguna hipótesis de conflicto entre los países de la región.

Es de esperar que los líderes de la región encuentren puntos de acuerdo que permitan a los países miembros del bloque reanudar la marcha del proceso de integración y prepararse para el nuevo orden mundial que se avecina.