Retroceso en la lucha contra el trabajo infantil
Por primera vez, después de 20 años, se ha registrado a nivel mundial un aumento del número de niños, niñas y adolescentes que trabajan. Así lo revela el último informe global sobre trabajo infantil preparado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) con la colaboración de Unicef, que atribuye ese incremento a la crisis sanitaria provocada por el coronavirus.
El documento conjunto denuncia que, pese a que muchas naciones prohíben las tareas
remuneradas o no de menores que están por debajo de la edad mínima de admisión al
empleo regulado en cada país, la cantidad de niños que trabajan se eleva actualmente a
160 millones en todo el mundo.
Según este informe, en América Latina y el Caribe el trabajo infantil ha mostrado una
tendencia descendente en los últimos cuatro años, pero la crisis de Covid-19 amenaza con
erosionar los avances logrados y por eso se insiste en la necesidad de adoptar urgentes
medidas para revertir la tendencia que se observa a nivel mundial. En la Argentina, en
tanto, los datos de Unicef y de la OIT muestran que uno de cada dos chicos que trabajan
comenzó a hacerlo durante la pandemia. Cabe recordar que nuestro país asumió el compromiso ante la OIT de llegar al año 2030 con la erradicación total del trabajo infantil,
como se denomina a toda actividad económica o estrategia de supervivencia, remunerada
o no, realizada por niñas, niños y adolescentes, por debajo de la edad mínima de admisión
al empleo o trabajo, que en la Argentina es de 16 años, según lo establecido por la ley nacional Nº 26.390.
Las últimas cifras encendieron las alarmas de distintas organizaciones no gubernamentales
que trabajan para erradicar este flagelo en toda la región, por entender que la crisis
provocada por el coronavirus profundizó la desigualdad en la infancia, poniendo en riesgo
el desarrollo pleno de niñas, niños y adolescentes. Por su parte, la OIT y Unicef señalaron
que la pandemia de Covid-19 se convirtió en un lastre para los esfuerzos realizados
por los países de América Latina y el Caribe para cumplir la meta de eliminar el trabajo
infantil. El documento publicado por ambas organizaciones internacionales advierte que
en una región duramente golpeada por la pandemia, el prolongado cierre de escuelas y el
aumento de la pobreza entre las familias más vulnerables empujan a más niños y niñas al
trabajo infantil, después de años de esfuerzos que dieron como resultado una significativa
reducción de casos.
El nuevo informe de la OIT y Unicef estima que 8,2 millones de niños de entre 5 y 17 años
trabajan en América Latina y el Caribe. La mayoría de estos niños son adolescentes varones,
y el 33 por ciento son niñas. El trabajo infantil está presente tanto en las zonas rurales
como en las urbanas, y el 48,7 por ciento se encuentra en el sector agrícola. Algo menos
del 50 por ciento de los que participan en el trabajo infantil lo hacen en el trabajo familiar.
“La combinación de la pérdida de empleo, el aumento de la pobreza y el cierre de escuelas
es una tormenta perfecta para la proliferación del trabajo infantil. Abandonar la
escuela y entrar prematuramente en el mercado laboral reduce las posibilidades de conseguir
mejores empleos en el futuro, perpetuando la trampa de la pobreza”, dijo Vinícius
Pinheiro, director regional de la OIT para América Latina y el Caribe.
La tendencia positiva que había logrado la región, con una disminución del trabajo infantil
en 2,3 millones entre 2016 y 2020, podría revertirse por la pandemia, según advierten
los expertos de la OIT. ¿A qué se debe el aumento del trabajo infantil en los países de
la región? En primer lugar, explican los especialistas, el fenómeno se da en hogares con
bajos ingresos. Es en este segmento de la población donde se registran más casos de chicos
que se ven obligados a trabajar fuera del hogar y se debe, fundamentalmente, a la pérdida
de empleo e ingresos de las familias, que recurren al trabajo infantil como mecanismo de
supervivencia.
Debe coincidirse con lo que plantean tanto la OIT como Unicef cuando señalan que se
debe promover el diálogo social y la cooperación internacional para encontrar urgentes
soluciones a este grave problema, que requiere de medidas de protección social, más y mejor
educación, fortalecimiento de la inspección laboral y trabajo decente para los padres.










