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Entrar y salir de Cannes

El último libro publicado por Lucas Brito Sánchez fue ‘Entrar y salir de Cannes’, una biografía poética de los hermanos cineastas Errol y Wallace Smith, nacidos en Maine, zona de bosques de Norteamérica. Como traductor se permitió algunas ‘licencias’, interviniendo el texto original con comentarios fílmicos. El resultado es un relato coral lleno de acción y desencanto.

La edición incluye collages a color de las películas originales. Fue publicado en 2018 por Editorial Deacá.

Lucas Brito Sánchez nació en la ciudad de Resistencia, Chaco. Es periodista, escritor y librero. Colaboró en diarios y en diferentes revistas. Actualmente trabaja como comunicador en el Instituto de Cultura del Chaco.

Autor: Wallace Smith Traductor: Lucas Brito Sánchez Editorial: Deacá

Escribió varios libros de poesía que se publicaron en editoriales independientes. Entre sus textos destacan ‘La fundación de Japón’, ‘Entrar y salir de Cannes’, y ‘Antitodo. Poesía reunida’. Se pueden ver sus obras en Instagram: @lucas brito Sánchez y @lucaslibros.

Por qué no escribo novelas

(Texto inédito de Lucas Brito Sánchez)

Soñé que entrábamos al Festival Mulita. La sala estaba a oscuras y la gente comenzaba a ocupar las sillas de adelante para escuchar a Silvina Giaganti disertar sobre el miedo y la escritura. Estaba oscuro y prendieron velas. En el sueño yo tenía miedo, o en el texto tenía sueño, no lo sé muy bien. Entonces el sueño se volvía denso como una indigestión y aparecía la cara rubia de un asesino.

Antes del sueño vimos un documental sobre Ted Bundy. Cuatro capítulos de una hora, bien hecho a nivel periodístico, aunque faltan los puntos críticos sobre qué tipo de hombres son criados, cómo, por qué y para qué, si deseamos preguntar algo más. Y sobre un tipo que mató a 36 mujeres, violó y descuartizó, da para pensar otras cosas. La madre de Bundy también dio su testimonio: “lo crié con amor”, dijo, “no para que haga esas monstruosidades”. Parecía un tipo normal. ¿Y qué hacen los tipos normales? ¿Cómo se expresan los normales? ¿Qué cuentan? ¿Qué narran?

Días antes de la silla eléctrica Bundy intentó zafar alegando que era un maníaco sexual y no pudo controlarse. Incluso deslizó la posibilidad de que todos somos potenciales asesinos: se consideraba a sí mismo una persona normal. Agreguemos que estudió psicología y trabajó para una campaña electoral y, por un tiempito, para la policía forense. Podríamos extendernos sobre las hipótesis que lo llevaron a matar mujeres, pero la pregunta más urgente me parece que es: ¿qué no te convierte a vos en asesino?

Leyendo sobre Silvia Plath encontré una cita que me inquieta: “Para mí la poesía es una evasión del trabajo de verdad de escribir prosa”. Esa frase fue extraída de sus diarios (voluminosos, enormes cuadernos de genialidad y angustia) y es usada por una editorial española para promocionar sus textos en prosa. El libro que reúne cuentos y ensayos se llama La caja de los deseos, aunque en su versión inglesa el título fue “Johnny Pánico y la Biblia de los sueños”. Justamente, en ese cuento que da nombre a esa versión, la primera oración dice: “Todos los días, de nueve a cinco, me siento a mi mesa frente a la puerta de la oficina, y paso a máquina los sueños de los otros”.

Viniendo de una gran poeta como Plath, esperaba una defensa a muerte de la poesía. Lo pensé unos días y entendí como pude lo que Silvia nos dice en sus diarios: necesitaba avanzar, ir a otros sitios, necesitaba que se vaya el dolor para dejar de necesitar la poesía.

Dicen que los tipos agresivos, los golpeadores y los asesinos, tienen problemas de concentración. No es gente que disfrute leer. Cuando el criminólogo Robert Ressler estuvo en México colaborando con la investigación de los crímenes en Ciudad Juárez, explicó que no había indicios para atribuírselos a un asesino serial. No hubo ni hay un solo hombre culpable, es tarea de muchos.

No recuerdo ni una sola profesora del secundario, ni un solo profesor, que nos haya dado de leer un libro entero de poesía. Si lo pensamos rápido, son cinco años de estar ahí encerrados.

Es bastante. Y si bien no sé cómo se debe enseñar poesía, pienso que enseñar a inquietarse puede ser un primer paso. Y con inquietarse intento decir abrirse a lo desconocido. La poesía debilita la estructura de la novela o el cuento. Donde hay orden y placer, la poesía ofrece caos y confusión. Las sintaxis más intransferibles se encuentran en obras poéticas. Nos ofrecen habitar una majestuosa casa a cambio de nunca ingresar por la puerta y sí por las ventanas o el techo. Por donde sea, menos por donde estamos obligados a entrar.

Después de la pesadilla, y ahora me atrevo a llamarla así, fui a buscar un cuaderno donde hace mucho transcribí algo. Se trata de uno de los tantos monólogos de Joaquín Font en Los detectives salvajes, la mejor novela sobre poesía que se escribió hasta ahora. Dice este tal Font en una parte: “Hay una literatura para cuando estás aburrido. Abunda. Hay una literatura para cuando estás calmado. Ésta es la mejor literatura, creo yo. También hay una literatura para cuando estás triste. Y hay una literatura para cuando estás alegre. Hay una literatura para cuando estás ávido de conocimiento. Y hay una literatura para cuando estás desesperado. El lector desesperado (más aún el lector de poesía desesperado, ése es insoportable, créanme) acaba por desentenderse de los libros, acaba ineluctablemente convirtiéndose en desesperado a secas”.

La poesía hace que los demás habiten el mundo, los espera, los convoca, les hace un lugar. Y no es que las poetas y los poetas no se hayan vuelto locos, todo lo contrario. Es un mapa por dónde pisar en medio de la guerra actual, marcar con tinta dónde hay un refugio, y dónde no hay que detenerse y seguir nuestro camino.

La poesía es la zona de inseguridad por excelencia. Mucha gente escribe poesía pero no publica ni muestra lo que hace. Y creo que se debe, en gran parte, al temor a ser juzgados. Y acá también me gusta tomar posición con respecto al género: no se puede juzgar la poesía como ‘buena’ o ‘mala’, ‘aburrida’ o ‘divertida’. La poesía funciona en un momento de nuestras vidas o no funciona. Al novelista y al cuentista se les exigen tramas, personajes, ritmo; a los poetas, ¿qué se les exige?

Conozco novelistas que se burlan de los poetas y poetas que siempre tratan de desprestigiar a los novelistas. Una guerra secreta, mayoritariamente hecha por hombres.

Siguiendo las pistas que dejó el señor Font, intentaré profetizar ciertos tipos de escrituras poéticas: hay una poesía para cuando estás aburrido, hay una poesía para cuando estás calmado; hay una poesía para cuando estás triste; hay una poesía para cuando estás alegre; hay una poesía para cuando estás desesperado y hay una poesía de pesadilla, y lo malo de esta última es que la mayoría termina por vivir dentro de esa pesadilla, sintiéndose cómodos, volviéndose desesperados a secas.