Reducir riesgos en el tránsito
Los peatones, ciclistas y motociclistas representan casi el 80 por ciento de las muertes por siniestros viales en todo el mundo, según revela un documento de trabajo del Foro Internacional del Transporte, que analizó datos sobre seguridad vial en más de un centenar de ciudades de Europa y América. La descripción bien puede aplicarse a la realidad de los principales conglomerados urbanos de la provincia, donde también se observa que los usuarios más vulnerables de la vía pública están expuestos a un riesgo mayor.
Los expertos en seguridad vial prefieren emplear el término “siniestro” en lugar de “accidente” al hablar de las tragedias que, a diario, ocurren en rutas y calles de todo el mundo. Es que las estadísticas revelan que un alto porcentaje de las colisiones (casi un 90 por ciento, según algunos estudios) se producen por descuido o imprudencia de los conductores, es decir por un error humano y no por una falla mecánica del vehículo en el que se movilizan.
De acuerdo a las estadísticas del Foro Internacional del Transporte, a nivel global, aproximadamente ocho de cada diez muertos en siniestros viales ocurridos en zonas urbanas son peatones, ciclistas y motociclistas. Además, según la misma fuente de información, casi la mitad de las víctimas mortales en las ciudades son peatones, un grupo de usuarios expuesto a un riesgo de muerte diez veces mayor que los usuarios de automóviles. Esto demuestra claramente la necesidad de prestar una mayor atención a esta problemática y, especialmente, a la seguridad de quienes forman parte de estos grupos que son considerados más vulnerables.
Cabe recordar que la ley nacional de tránsito señala que los conductores deben asegurarse que tanto ellos como sus vehículos se encuentren en adecuadas condiciones de seguridad, de acuerdo con los requisitos legales, bajo su responsabilidad. Distintos estudios revelaron que, a la hora de conducir un vehículo, en determinados casos se puede dar el fenómeno denominado “percepción selectiva” y que es el que se presenta al conducir con preocupaciones o con la necesidad de llegar pronto al lugar de destino. En estos casos se genera el efecto de no tener presente la posibilidad de aparición de algún riesgo o situación imprevista en la vía pública. Los investigadores descubrieron que en estas situaciones domina una especie de mecanismo de represión de la conciencia, y en ese sentido, observaron que el estar consciente y la consideración de la aparición de riesgos son dos factores que deben llevar a una reducción de la velocidad. De ahí la importancia que tiene que cada uno de los actores del tránsito circule con precaución teniendo en cuenta los riesgos propios de la circulación y demás circunstancias de tránsito. No es casual que los investigadores y estudiosos de las problemáticas relacionadas a la seguridad vial prefieren emplear el término “siniestro” en lugar de “accidente” al hablar de las tragedias que se suceden en las rutas y calles, ya que si se puede evitar, entonces no sería correcto hablar de accidentes.
Debe tenerse en cuenta que los siniestros viales son la octava causa de muerte en el país y la principal entre adolescentes y jóvenes.
La educación vial tiene un papel fundamental en la tarea de reducir los riesgos en el tránsito y los índices de siniestralidad vial que hay en nuestras ciudades. Si bien es cierto que en estos tiempos de restricciones por la emergencia sanitaria se redujo la cantidad de víctimas de siniestros, eso se debe fundamentalmente a la menor circulación de personas y vehículos. Pero no debe sorprender que a medida que aumente la circulación en las ciudades eso se traduzca en un incremento de la siniestralidad. Por eso es importante que se tome conciencia del problema y se respeten las normas de seguridad.
Una de las recomendaciones más frecuentes es que se evite el uso de teléfonos celulares mientras se conduce ya que eso distrae la atención del conductor. Las autoridades competentes deben reforzar los controles de vehículos y conductores en la vía pública, pero estas medidas por sí solas no son suficientes. Es necesario que todos los que participan del tránsito colaboren y asuman la responsabilidad de respetar las reglas vigentes.










