La escucha: la sencillez de recibirla, lo complejo de darla. ¿Cómo la ofrezco?
Voy a morir: perdona si mi acento / vuela inoportuno a molestar tu oído. (Espronceda)

En Cuidados Paliativos, acompañar al paciente que atraviesa una enfermedad terminal y a su familia es uno de los principios fundantes de lo que realizamos. La familia lleva el dolor, no solo de la cercana pérdida: también suelen aparecer pensamientos como “quiero darle, estar y ofrecer lo que pueda para que se sienta mejor… no tengo mucho a mi alcance”.
La propuesta a veces suele parecer sencilla: escuchar. Es una gran herramienta para los profesionales que acompañan al paciente en estado terminal, pero intentamos transmitir que puede convertirse en un recurso de mayor ayuda para los familiares que se encuentran en el día a día con dicho paciente.
El propósito de lograr un espacio donde el otro pueda hablar y uno disponerse a escuchar es satisfacer una de las necesidades más primarias del ser humano: estar con el otro… acogido, acompañado, protegido.
Para ello debemos tener presente otro principio fundante: nadie mejor que el mismo sujeto que cuenta lo que le ocurre conoce su situación, lo que atraviesa, y la complejidad que conlleva encontrase en ese lugar.
Entonces, si uno es capaz de transmitir a quien habla que lo que está atravesando tiene sentido (aunque impresione que no sea lo “normal / esperable”) y que es comprendido por uno, invoca un verbo de importancia suprema: validar. Validar al otro implica reconocer, aceptar, respetar lo que siente, piensa y experimenta respondiendo con afecto y presencia.
Disponerse a escuchar al otro tiene, entre otras, la función catártica que implica la capacidad de liberarnos de una serie de tensiones emotivas que han sido generadas por la situación de malestar. Pero dicha función cobra sentido cuando uno lo puede hacer frente a otro disponible.
¿Disponible? Estar, reconocer, considerar. No es oír lo que nos dice y dar consejos, órdenes… Es entender, comprender y compartir su situación, mostrando interés.
¿Cómo?
· Evitando los juicios de valor;
· Observando tu postura: ¿transmitís tu deseo de estar allí?;
· Aceptando el derecho a sentirse mal y con miedos;
· Intentando no interrumpir;
· Intentando no forzar el “sacar fuerzas para seguir”;
· Realizando preguntas que permitan al otro sentirse libre de hablar o decir lo que quiera;
· No ofreciendo algo que no puedas cumplir;
· Afrontando el miedo al silencio: es un tiempo compartido;
· Sintiéndose en la libertad de sentir, de llorar… podés aclarar que eso no es para preocuparse;
· Intentando por momentos mirar a los ojos;
· Sin alentar a hacer algo que en realidad no se quiere hacer;
Escuchando su historia y no intentando hablar de la tuya: escuchar no es dejar hablar solo al otro, porque dará la impresión de que no escuchás o no estás interesado;
Solo escuchar hasta que te pidan opinión / consejo, o te dejen espacio;
Si no estás de acuerdo con lo que dice o piensa, no se impone lo que debería hacer o sentir;
· Evitando dar respuestas orientadas a una solución, más bien reflexionando juntos;
· Sin presionar para que busque respuestas o sostén en la religión si así no lo considera;
· No insistiendo con preguntas más allá de lo que la otra persona desea decir;
Intentando suprimir factores ambientales que distraigan en la conversación.
La escucha presente es aquella que conlleva para uno un esfuerzo físico y mental. Significa escuchar con atención y concentración, centrar toda nuestra energía en las palabras e ideas del que habla y demostrarle estamos presentes.
No olvidemos que nuestros filtros personales, suposiciones, juicios y creencias pueden distorsionar lo que escuchamos. Nuestro lugar es comprender y acompañar al otro en lo que dice. Esto puede requerir que reflexiones sobre lo que dice y que hagas preguntas. Algunas pueden ser:
• ¿Qué querés decir cuando decís que…?
• Lo que querés decir es…?
• Te escucho y me pregunto si…
• Me da la sensación de que…
• Querés contarme…
• Pensaste alguna vez que…
• Qué pasaría si…
• Me pareció entender…
• Pienso que tal vez te sentís un poco… porque…
• Me estás diciendo que… y también que…
• No puedo llegar a entender bien, me estás diciendo que…
• Tal vez quieras hablarme de eso que no te animás a hablar tanto…
• No comprendo qué es lo que te impide…
• Me da la impresión de que en este momento tenés alguna dificultad en expresarte…
• Me pregunto si detrás de este silencio hay tal vez algo importante que te cuesta hablar…
• Entiendo que cuando alguien tiene una gran inquietud o se siente angustiado puede costarle mucho comenzar a hablar…
Uno escucha con la mirada, con la cercanía o lejanía óptima, con la caricia en el momento justo o en el silencio del estar presente. Escuchar al otro también es poder verlo, aceptarlo y devolver sensiblemente lo que podría estar necesitando. Para ello, nos debemos sumergir en la gran tarea de despojarnos de nuestras necesidades, deseos, preferencias, para dar lugar a las del otro. Y, desde allí, ofrecer.
*Licenciada en Psicología – Área de Cuidados Paliativos del Hospital Perrando.












