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Los derechos de los animales

El movimiento de defensa de los derechos de los animales no humanos crece en todo el mundo. Sin embargo, tanto en la Argentina como en otros países, persiste en las leyes una contradicción normativa: por un lado se afirma que son cosas, es decir objetos inanimados; pero por otro se reconoce su libertad y se los protege de los maltratos y la crueldad humana.

En el Reino Unido, el gobierno de Boris Johnson anunció hace pocos días que está dispuesto a dar un paso más adelante en materia de bienestar animal y reconocerá a los animales, domésticos y salvajes, como seres sensibles, es decir que pueden experimentar miedo, dolor y alegría. Funcionarios británicos explicaron que esta decisión está relacionada con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, y la posibilidad que se les presenta de resolver sobre temas más sensibles y controversiales. En rigor, la comunidad británica es pionera en estos asuntos: la primera ley de protección de los animales se sancionó en Inglaterra en 1822; en 1965 el Parlamento británico puso en marcha el Comité Brambell que estableció una serie de libertades mínimas para los animales, a partir de lo cual comenzó a afianzarse la idea de bienestar animal; y en 1977 tuvo lugar en Londres la Declaración Universal de los Derechos del Animal cuyo preámbulo deja en claro que todos los animales tienen derechos.

En las últimas décadas surgieron en distintos países campañas a favor de los animales y en contra de las organizaciones multinacionales que perjudican la salud y el bienestar de los mismos. Con la irrupción de las redes sociales, estas batallas sumaron adhesiones de un número creciente de ciudadanos que se unen con el objetivo de generar conciencia sobre la problemática, teniendo siempre presente que, como dijo John Stuart Mill, todo gran movimiento se ve obligado a pasar por tres fases: ridículo, polémica y aceptación. Para alegría de los defensores de estos derechos, todo parece indicar que el mundo está más cerca de alcanzar esta última etapa.

En relación con la iniciativa británica se sabe que algunas de las pautas establecidas en el proyecto contemplan el aumento de la fuerza policial con respecto al tráfico de animales de compañía como ser perros y gatos, ya que se ha incrementado el robo de los mismos desde el inicio de la pandemia. A esto se sumará la prohibición del tráfico de marfil y de aletas de tiburón, y otras medidas con las que se buscará restringir ciertas actividades relacionadas con la comercialización de carnes. Además, se creará un Comité de Sensibilidad Animal integrado por expertos que se encargará de garantizar el cumplimiento del nuevo marco normativo sobre bienestar animal.

En la Argentina está vigente la ley 14.346, de 1954, que protege a los animales del maltrato y la crueldad del hombre. Estos actos son considerados delitos y, por lo tanto, pueden ser denunciados. Sin embargo, el reconocimiento de los animales como sujetos no humanos, esto es como titulares de derechos, sigue siendo objeto de debate. Como antecedente se puede citar el fallo del 18 de diciembre de 2014, cuando la Cámara Federal de Casación Penal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires reconoció a una orangutana -llamada Sandra- que vivía en el zoológico de esa metrópolis como sujeto de derecho no humano. El fallo abrió las puertas a nuevas discusiones sobre un asunto que sigue siendo controversial, dado que por un lado el Código Civil argentino actual, en uno de sus artículos considera que los animales son cosas, son objetos inanimados. Pero, al mismo tiempo, en otro sostiene que viven en un ámbito de libertad natural. Se está, entonces, ante la presencia de una contradicción que espera ser resuelta. Será necesario escuchar a juristas, biólogos y filósofos, entre otros expertos, para poder encontrar consensos sobre una cuestión que tiene una enorme complejidad.

Es de esperar que en un futuro no muy lejano también en nuestro país se puedan dar nuevos pasos en la tarea de garantizar un mejor bienestar animal, teniendo en cuenta que en la opinión pública está cada vez más extendida la idea de que es necesario poner freno a prácticas que, en pleno siglo XXI, siguen implicando el sufrimiento de los animales no humanos.

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