Migrantes en un mundo globalizado
La foto del buzo de la guardia civil española sosteniendo en sus brazos a un bebé migrante, al que salvó de morir ahogado en las aguas de la parte más occidental del Mediterráneo frente a la costa del enclave español de Ceuta, sintetiza el drama humanitario de migrantes que huyen del hambre y la violencia. Y también habla de la enorme brecha entre la próspera Europa y el continente africano, que tiene los mayores índices de pobreza.
El sufrimiento de las personas que buscan refugio en Europa vuelve a estar en el centro de atención de la comunidad internacional por la avalancha de inmigrantes que esta semana ingresaron en Ceuta, el enclave español ubicado en el norte de África, donde se levanta un sistema de vallas con alambres de púas que constituye la frontera más protegida y fortificada de la Unión Europea. Se estima que cerca de 8.000 migrantes formaron parte de la marea de personas que ingresó en Ceuta, la ciudad que junto con Melilla son los únicos territorios no insulares de la Unión Europea en África. Ambas localidades comparten las fronteras terrestres entre España y Marruecos y también las tensiones diplomáticas entre los dos países.
Al parecer, el conflicto se originó en la decisión del gobierno español de recibir en su territorio, por razones humanitarias, al presidente de la República Árabe Saharaui Democrática, Brahim Galli, de 71 años, quien había ingresado en abril pasado en grave estado a un hospital español, afectado por Covid, con otro nombre y pasaporte argelino. Galli es considerado una amenaza por las autoridades marroquíes, quienes al tomar conocimiento de su ingreso y permanencia en España decidieron levantar los controles en una de las fronteras más calientes del planeta. El resultado: en pocas horas miles de marroquíes, la mayoría jóvenes, invadieron Ceuta con la esperanza de aprovechar el deliberado relajamiento de los controles fronterizos para llegar a lo que consideran la puerta de entrada a territorio europeo. Según informó la Cruz Roja, cerca de 1.500 niños formaron parte de este nuevo desplazamiento migratorio, entre ellos el bebé que fue rescatado del mar.
Pero, sin desconocer ni minimizar el conflicto entre España y Marruecos, que debe ser leído en el contexto geopolítico de la región, es evidente que el drama migratorio tiene raíces más profundas y que podrían resumirse en la enorme desigualdad entre los países desarrollados de Europa y el calvario de los que buscan escapar de la pobreza, el hambre y los conflictos armados que castigan a la mayoría de las naciones africanas. Los conflictos armados son una de las razonas que empujan a esas familias a abandonar sus hogares y buscar un mejor destino en los países de la Unión Europea. En un artículo escrito por Carolina Valdehita en el periódico español El Mundo, titulado “Así es como Europa subdesarrolla África”, la periodista observa que en casi todas las naciones africanas sigue habiendo una gran presencia de sus excolonos europeos a nivel económico, cultural, de inversión y hasta de influencia política, y en casi todas esas naciones la riqueza sigue estando lejos de repartirse de manera justa.
“¿Cuál habría sido el nivel de desarrollo de Gran Bretaña si no hubiera utilizado a millones de esclavos durante cuatro siglos?, pregunta Valdehita al indagar sobre las razones históricas por las cuales el continente africano, rico en recursos naturales, sigue sumergido en la pobreza. Para algunos historiadores, esa riqueza natural sumada a la cercanía geográfica con una Europa que contaba con recursos y capacidad técnica para fines extractivos, fue la que selló el destino de varias generaciones de africanos.
“África ha sido para los europeos, y muy especialmente para Francia y Reino Unido, una especie de despensa”, opina el licenciado en Ciencias Políticas congoleño, Néstor Nongo, en la nota del periódico español citada más arriba. “No se interesaron nunca en desarrollar las comunidades locales. No se mezclaron con la población local ni tenían previsto instalarse en sus colonias africanas de manera duradera. La rotación del personal destinado al continente era permanente. Las empresas de esos países, herederas de esa mentalidad, siguen actuando hoy de la misma manera”.
Según la Unesco, la ignorancia o la ocultación de acontecimientos históricos importantes constituye un obstáculo para el entendimiento mutuo, la reconciliación y la cooperación entre los pueblos. Es de esperar que frente a esta nueva crisis humanitaria se imponga la solidaridad para que los migrantes no sigan siendo, como dijo el Papa Francisco, el símbolo de los descartados de la sociedad globalizada.










