Librerías en crisis tratan de soportar y resistir abiertas
“Más que comercio de libros, somos espacios donde la cultura vive”, asegura propietaria. Las ventas cayeron abruptamente en los últimos años.
SAENZ PEÑA (Agencia) – La pandemia acentúo la crisis económica, que desde hace un par de años comenzó a impactar en la venta de libros, provocando que las librerías en Presidencia Roque Sáenz Peña aceleren el achicamiento, “ya que si es difícil para una familia conseguir el sustento para llevar el alimento, es imposible que puedan invertir en la compra de material de lectura”.

“Es un momento difícil, no sólo para nosotros sino que para todos los pequeños y medianos emprendimientos que en estos momentos están sufriendo el embate de la crisis sanitaria y económica, con muchos locales que se cierran”, comenzó relatando Liliana Ruíz, propietaria de la librería Utopía, un local que tiene mucho de historia y corazón en la ciudad. “Está todo económicamente muy mal y no se vende nada, pero esta situación es la consecuencia de un arrastre de crisis económica que está afectando a todos los ciudadanos y que se potenció con la pandemia”, acotó.
Espacios abiertos para la cultura
Las librerías no son solamente locales comerciales, “son espacios en los que la cultura vive” y así lo siente cada uno de los responsables de los cuatro locales existentes en Sáenz Peña. “Todos los espacios culturales estamos muy resentidos dentro de este crítico contexto general y hemos conformado diferentes redes para mantenernos en contacto y tratar de soportar, sostener y resistir abiertos”, comentó a NORTE.
En el sobrevivir todos “buscan, piensan, analizan las estrategias para seguir trabajando”, porque entienden que son parte de un momento en el que la cultura, en su forma de música, lectura o cine, ofrece un aporte muy valioso para el sostenimiento de una sociedad en momentos tan difíciles.

“Más allá de la idea de comercio de libros, tratamos de sostenernos como un espacio cultural”, añadió haciendo referencia al sueño con el que se generó la librería, que hoy ofrece un patio de lectura al que acceden gratuitamente muchos jóvenes que gustan leer y no tienen los recursos para adquirir obras literarias o sagas completas. “Es el placer de la sensación de estar a disposición y de tratar de difundir la lectura, porque esto no se trata exclusivamente de un comercio de libros”, reiteró.
Cruda realidad
La pasión por los libros genera que los propietarios de librerías no se consideren plenos comerciantes, pero la realidad es que deben afrontar mes a mes compromisos para mantenerse abiertos. Los libreros locales trabajan el espacio en familia, ya que hoy les es imposible afrontar pagos de sueldos a empleados.
En el caso de los que no cuentan con local propio, como le ocurre a Liliana Ruíz, “se paga el alquiler haciendo una ´vaca` entre el sueldo que percibo como empleada pública y la jubilación de mis padres”.
La propietaria es integrante de una red de libreros independientes que reflejan la difícil situación que atraviesa el sector en todo el país, con el adicional de los efectos negativos que provoca el comercio electrónico. “Las editoriales grandes también se han puesto a vender en línea y todo esto complica aún más al eslabón librero”, añadió.
En el caso de los libros, la competencia de precios no es el problema porque existe una ley que determina la uniformidad de los valores en todo el territorio nacional. El problema del mercado electrónico es que la gente que puede, compra utilizando esa herramienta.
En este sentido, hace una acotación la emprendedora local: “en esa legislación no tuvieron en cuenta el flete y no tienen idea del valor que tenemos que pagar para traer una caja de libros al Chaco o a cualquier otra provincia alejada de los centros editoriales”. “Esos costos los tenemos que asumir los libreros y nuestros números se achican cada vez más”, detalló.
Achicarse
“La librería Utopía, cuando su fundadora Perla Shurer le dio vida, era un sueño, hermosa y, como les ha ocurrido a los otros libreros, se tuvo que ir achicando cada vez más y nos damos cuenta que realmente el panorama es muy complicado”, señaló Liliana Ruíz.
En Sáenz Peña, la crisis librera queda evidenciada también en la ausencia de oferta de los libros solicitados en las escuelas o colegios, porque “dotar de ese material a los estantes, significa una inversión millonaria”. Si bien mucho del material educativo está digitalizado, a lo que es el negocio editorial escolar “hay que ponerle muchas comillas, porque está en manos de empresas transnacionales”.
“La provisión de los manuales y el material escolar necesita mucha erogación de dinero y nosotros no estamos en condiciones de asumirla, es por eso que decidimos que este año la temporada escolar no la tendremos”, señaló.
La venta de libros
El panorama no es alentador para la venta de libros como consecuencia de la crítica situación económica. “Se imaginarán que si en todas las casas cuesta seguir comiendo en estos momentos, no queda moneda alguna para invertir en un libro escolar o de lectura recreativa”, acotó reflejando la triste realidad.
El librero es una persona que tiene “amor por los libros” y “le busca la vuelta para no desaparecer”. “Cada vez no achicamos más y, por ejemplo, en estos momentos no se renueva disponibilidad, solamente se piden a las editoriales de a dos o tres ejemplares y puntualmente lo que nos encargan”, reconoció Liliana Ruíz. “No sabemos a futuro cuál será el final con el paulatino achicamiento que todos estamos teniendo y me duele pensar en la posibilidad de un cierre”, finalizó.
Cultura centralizada
SAENZ PEÑA (Agencia) – En el caso de la librería propiedad de Liliana Ruíz, el espacio es un lugar abierto, de participación gratuita, para todos los escritores y artistas de Sáenz Peña. Desde este ámbito cultural, es que toma la voz de los referentes culturales del interior que cuestionan, desde hace muchos años, el centralismo de las políticas destinadas al sector.
“Los gobiernos provinciales se suceden y siempre ocurre lo mismo con la concentración en Resistencia de los recursos, que está muy bien para los hacedores culturales del área metropolitana, pero nosotros sentimos que ese accionar no tiene réplica en el interior chaqueño”, cuestionó la responsable de Utopía.
En este sentido, señala que “hay presencia en el territorio de varios organismos del Estado, pero el Instituto de Cultura no se mueve de Resistencia”. “Esto es un problema histórico, todo queda en la capital provincial y la cultura en el Chaco adentro es independiente, se hace con recursos propios. Nos dicen que hay fondos estatales para paliar la crítica realidad del hacedor cultural, pero nada llega al interior, todo queda en Resistencia”, señaló contundente Ruíz.
“El área provincial de Cultura no tiene presencia territorial y eso ya se lo hemos planteado a los funcionarios, pero sentimos que el mensaje no está siendo comprendido. Los protagonistas de la cultura en el interior necesitan acción constante, no sirven los funcionarios en camionetas que llegan quince minutos para participar en una reunión y rápido se vuelven”, manifestó con enojo ante la desigual situación. “Es el momento de pensarnos de manera descentralizada, que cada región gestione lo suyo con gente en el territorio”, reclamó.
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