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Mitología, arte y patrimonio cultural

Parque arqueológico de Segesta

El sur de la península itálica y la isla de Sicilia fueron colonizadas por los griegos durante el primer milenio antes de Cristo. Los restos de la ciudad de Segesta se levantan como testimonio de una cultura que se expandió por todo el Mediterráneo dejando un legado que fue base de otras civilizaciones.

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El teatro

El origen mítico 

La mitología griega cuenta que Segesta –o Egesta- era una troyana enviada a Sicilia por su padre, Hípotes, para evitar que la devoraran los monstruos que habitaban en Troya desde que sus ciudadanos se negaron a realizar ofrendas a los dioses Poseidón y Apolo como agradecimiento por la construcción de sus murallas. Ella fundó la ciudad en su nuevo lugar de residencia y le dio nombre.

Hay otras versiones, en algunos aspectos coincidentes. Una sostiene que el rey de Troya negó a los dioses el pago por la erección de las murallas, por lo que Poseidón hizo asolar la urbe por un monstruo marino, y Apolo por una epidemia. Y éste último propuso a los troyanos que entregaran jóvenes nobles al monstruo para aplacar su furia. Por ello muchas familias decidieron enviar sus hijos al extranjero. 

Así fue que Hípotes envió a Egesta a Sicilia: la joven se encontró con Crimisos –el dios río-, quién en forma de oso o de perro la desposó y engendraron a Egestes, que fundó la ciudad y le dio el nombre de su madre. Pero según el filósofo Licofrón, Segesta era hija de Fenodamante, quién fue el que aconsejó a los ciudadanos de Troya ofrecer al monstruo a Hesione, hija de Laomedonte. Éste se vengó entregando a las tres hijas del primero a unos marinos, para que las abandonaran a las fieras de Sicilia. Las mujeres escaparon con ayuda de Afrodita, y una de ellas, Segesta, se casó con Crimisos y tuvieron como hijo a Egestes, quien fundó la ciudad.

Dionisio de Halicarnaso sostiene que en realidad Segesta se casó con un troyano que había huido de la ciudad, y que fue éste el padre de Egestes; no el dios Crimisos. El joven, criado en la isla, fue a defender a Troya durante la guerra, y en su caída volvió al pueblo natal con otros troyanos. También se dice que Egestes recibió allí a Eneas, héroe de la Guerra de Troya, quién arribó con otros ciudadanos, y que muchos se quedarían para siempre en la nueva urbe. 

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Murallas de Segesta

Historia de Segesta

A diferencia de otras polis griegas del Mediterráneo y del Mar Negro que nacieron fruto de la colonización de una “ciudad madre”, el origen de Segesta combina historia y mitología. Se erigió en la zona noroccidental de Sicilia –actual provincia de Trapani-, a unos 10 km de distancia del mar Tirreno. 

Sus primeros habitantes fueron los élimos, pueblo de origen desconocido que hablaba una lengua indoeuropea, según consta en inscripciones encontradas en la cerámica y en monedas. Si bien Tucídides y la literatura de Virgilio sostienen que estos recibieron a los troyanos sobrevivientes fugitivos de la guerra tras la destrucción de su ciudad, lo cierto es que se encontraron vestigios de asentamiento en el lugar desde el primer milenio antes de Cristo. 

También es evidente que sufrió una helenización paulatina, quizás producto –señalan algunos autores-, de la mezcla con griegos jónicos. En documentos escritos, la ciudad aparece nombrada por primera vez en el siglo VI a.C. Si bien Segesta fue centro político de este pueblo, había otras ciudades de importancia: Eryx –actual Erice-, Entella, Élima, Halicias, Hipana, Drépano y Jaitas.   

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El templo

Guerras y destrucción 

Segesta rivalizó durante toda su historia con la Selinunte, ubicada al sur, en el oeste de Sicilia y sobre la costa del Tirreno, fundada en el siglo VII a.C. por colonos de Mégara Hiblea. El primer enfrentamiento constatado se dio entre 580 y 576 a.C., con el triunfo de Segesta. Años más tarde volvió a estallar el conflicto, que involucró a otras ciudades: Selinunte hizo alianza con Siracusa y asediaron la ciudad, que se vio obligada a pedir ayuda a Agrigento, Cartago y Atenas. 

Los atenienses enviaron una flota en el 416 a.C., pero optaron por atacar directamente a Siracusa, arribando finalmente a Segesta, donde fueron derrotados. Ante el ataque de Selinunte, Segesta solicitó la ayuda de Cartago -410 a.C.-, que envió una flota y tropas que lograron la victoria y destruyeron Selinunte un año más tarde. La alianza con los cartagineses trajo aparejados conflictos con Siracusa que durarían años. En 307 a.C., y cuando parecía sellada la amistad entre ambas ciudades, el tirano de Agatocles fue recibido en Segesta como aliado. Pero los traicionó, saqueó la ciudad, mató a los hombres –unos diez mil-, y vendió a mujeres y niños como esclavos.  

La recuperación fue lenta, pero al promediar el siglo III a.C. fue atacada y sometida por los cartagineses, hasta la Primera Guerra Púnica, en la que se alió a los romanos y fue liberada en 264 a.C. Se convirtió en la primera urbe tomada por Roma en Sicilia, por lo cual la declararon ‘foedere immunes ac liberi’: ciudad libre e inmune.  Durante su pertenencia a Roma alternó tiempos malos con épocas de prosperidad. Fue destruida por los vándalos a mediados del siglo V d.C., fue restaurada y desapareció definitivamente como consecuencia de los ataques sarracenos en el siglo IX. 

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Plano del parque arqueológico

El Parque Arqueológico

El sitio histórico de Segesta conforma un Parque Arqueológico ubicado a 77 km de Palermo, capital siciliana, en un bellísimo entorno natural y alejado de centros urbanos, aunque en cercanías hay restaurantes, albergues y casas de agroturismo.  Se puede llegar en un tour desde Palermo y en autobús público, que para a un km y medio de la entrada del parque. En determinadas épocas del año –temporada alta-, salen autobuses desde Trapani tres veces al día. Sin embargo, la mejor opción es el automóvil: se toma la autovía E90, hasta que en una rotonda en la distancia mencionada se indica tomar un camino vecinal por unos 2 km para llegar al estacionamiento e ingreso, donde hay boletería, bar y baños públicos. 

No hay visitas guiadas, a menos que se organice un grupo turístico o estudiantil, pero se provee al visitante de un plano fácil de interpretar. Dos son los monumentos más importantes y notorios que se mantuvieron a través de los siglos -el templo y el teatro-, ambos sobre colinas y distantes unos 2 km uno de otro. También se ven restos de las antiguas murallas, una mezquita, un castillo, y se identificó una necrópolis helenística fuera de los límites amurallados de la urbe. Hay sectores en excavación, en búsqueda de nuevos vestigios.

El recorrido es libre, sin señalizaciones, pero es aconsejable comenzar con el templo, el más cercano al ingreso, y desde allí tomar un autobús interno hasta el teatro. La subida de la cuesta es por un camino demarcado, escalonado y de ripio, pero muy dificultoso para personas impedidas y ancianos.  

El templo

El edificio más emblemático es el templo, cuya construcción no se completó, pero es uno de los mejor conservados del mundo helenístico. Su edificación dataría del 430 al 420 a.C., y se cree que quedó inconcluso por la invasión y conquista de la ciudad por parte de los cartagineses, en el 409 a.C. Según la cartelería explicativa, “en el columnato (Peristasis), las partes de piedras salientes que servían para el levantamiento y la colocación de los sillares están aún presentes en las gradas (Krepidoma) y en las columnas, normalmente solo se retiraban tras el acabado”. 

El hecho de que no fuera terminado favoreció que no sufriera depredación durante los sucesivos ataques que soportó la ciudad. Algunos sostienen que fue dedicado a Deméter, hija de Cronos y Rea, diosa de la agricultura, la fertilidad y la tierra. Sobre ella cuenta la mitología que fue raptada y, debido a la depresión que sufrió en cautiverio, surgieron el otoño y el invierno. 

Su ubicación en la colina entrega una hermosa vista del valle circundante. Es de estilo dórico períptero, con seis columnas en el frente y fondo, por catorce en los lados, sobre una base de 21 por 56 metros. Sigue fielmente el estilo de la arquitectura clásica de las ciudades de Sicilia, especialmente los de Selinunte. Está rodeado de un cerco de troncos que no permite al visitante acercarse. 

El teatro 

Se encuentra en el monte Bárbaro y se orienta al norte, de forma que las últimas filas de gradas brindan una agradable vista al Tirreno. Fue construido en el siglo III a.C. A diferencia de otros teatros griegos, no se apoya directamente sobre la roca del monte, sino que se erigió un muro de contención que lo sustenta.

El semicírculo tiene un diámetro de 63 metros, separado por un corredor central. El espacio inferior tiene 21 filas de asientos en seis escalinatas, y el superior contenía asientos con respaldos. Su capacidad oscilaba en 5000 espectadores. El escenario es semicircular, de 18,4 metros de diámetro. Se accedía a través de dos aberturas, y los actores ingresaban por pasadizos subterráneos. Actualmente, en verano, se hacen representaciones de teatro clásico y moderno, actuaciones de orquestas, espectáculos de danza y ópera, etc.

Segesta es una de las ciudades de la Magna Grecia que tuvo su apogeo y declinación. Su nacimiento se hunde en las raíces de un pueblo nativo de Sicilia, que algunos sostienen que se nutrió con fugitivos de Troya, parte de la mitología. Quizás pensada para justificar la helenización de una población originaria, que dejó su impronta sustentada en un patrimonio cultural intangible y tangible como testimonio de ello, y fue parte importante de la historia de la cultura griega.    

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