Las actividades creativas y su aporte a la economía
Las actividades creativas y culturales suelen ser pasadas por alto cuando se piensa en la economía. Sin embargo, movilizan una parte significativa de los recursos a escala global. Es que a partir de los cambios tecnológicos que experimentó el mundo se desarrollaron nuevas formas de trabajo que hasta hace poco no existían. Los estudiosos de este fenómeno observan que en las últimas décadas cobraron impulso en los países de la región actividades que, en forma genérica, se podrían enmarcar en la llamada economía de la creatividad, que abarca disciplinas y saberes como arquitectura, artesanía, diseño, medios, moda, turismo, música, servicios creativos y de software, entre otros.
El Banco Interamericano de Desarrollo considera que esas actividades forman parte de la llamada Economía Naranja, a la que define como el conjunto de actividades que de manera articulada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales. Las primeras ideas sobre este tema se encuentran en el libro homónimo editado en al año 2013 por la institución financiera con el objetivo de aportar información acerca de estas actividades que, según los especialistas, tienen un enorme potencial.
Por otra parte, un informe de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios señala que las actividades creativas representan una porción significativa de la economía argentina, y explica que una de las maneras de aproximarse a ese valor es a través del Valor Agregado Bruto Cultural, un agregado económico que permite visualizar la evolución del sector durante los últimos años: en 2017, por ejemplo, el Valor Agregado Bruto Cultural del país se expandió 4,2 por ciento respecto al año previo, alcanzado una representatividad del 2,56 por ciento del Valor Agregado Bruto nacional. Según la entidad, este incremento confirma la tendencia alcista de esta incidencia durante los últimos años.
Asimismo, el BID indica que las transacciones de bienes y servicios creativos ha crecido en los últimos diez años un 134 por ciento y resalta como dato positivo que el comercio de estos bienes y servicios creativos no han generado grandes pérdidas en las economías de los países debido a que representan una forma mucho menos volátil de hacer negocios. Eso hizo que, entre otras cosas, la caída de estas actividades haya sido menor que lo que mostró un rubro que podría denominarse tradicional, como es el de los negocios petroleros. Y esto es así porque se trata de bienes y servicios que no están limitados por restricciones de suministros naturales y la escasez.
Un documento de la Universidad Nacional Autónoma de México, que se titula “La economía de las actividades creativas”, sostiene que la creatividad se ha convertido en un factor básico en la incorporación de la innovación y del cambio tecnológico como motores del proceso económico. Según este trabajo académico, la importancia de las mismas se ha visto favorecida, sobre todo en los últimos años, por el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, en un contexto de globalización que permitió “una mayor difusión de las nuevas tecnologías incorporadas en este tipo de actividades que, junto al fomento del pensamiento y expresión creativos, son catalizadores de los procesos de innovación y cambio tecnológico”.
La Unesco es otra de las organizaciones internacionales que entiende que hay que prestar más atención a las industrias culturales y creativas, y observa que que a nivel global los ingresos de estas actividades (entre las que enumera la arquitectura, las artes escénicas, las artes visuales, el cine, la literatura, la música, los diarios y revistas, la publicidad, la radio, televisión y videojuegos) superan a los de los servicios de telecomunicaciones y suponen más puestos de trabajo que los de la industria automovilística de Europa, Japón y los Estados Unidos en su conjunto. Como bien señala el BID, la creatividad, la innovación y la cultura, pueden ser componentes de un gran ecosistema del que forman parte los creadores, los gestores culturales, las organizaciones no gubernamentales, las empresas privadas y los gobiernos, y que representa un importante propulsor económico y social para cualquier país.
Por todo lo expresado, cabe preguntar si estas actividades que en el resto del mundo se presentan con un gran potencial de crecimiento, podrán desarrollarse en nuestra región, tan necesitada de nuevas alternativas para la generación de empleos de calidad.










