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CARTA DE LECTORES

Con los chicos n

Señor director de NORTE:
 

Cuando parecía que algo habían aprendido, cuando decían que ante el aumento de casos Covid tomarían medidas que no afectarían la economía, ni los puestos de trabajo ni la educación, surgió una luz de esperanza a pesar de la falta de vacunas tantas veces prometidas. Pero el presidente Fernández se encargó de hacernos retroceder un año o más con sus inesperados anuncios del miércoles pasado. 

Horas antes del discurso, los 24 ministros de educación del país consensuaron no cerrar las escuelas. No son focos de contagio, expresaron. Lo manifestó también el Ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, y lo mismo hizo la Ministra de Salud, Carla Vizzotti. ¿Qué pasó? ¿Quién o qué impulsó a Alberto Fernández para hacer todo lo contrario?  Luego del anuncio comenzaron los amagues de renuncias, de querer explicar que en realidad lo que dijeron no era tan así como lo dijeron y comenzamos a ver con más claridad quién estaba propiciando las restricciones anunciadas y a quién más le convenía. 

Las escuelas no contagian si se cumplen los protocolos, nos dicen los científicos, las presencialidad es fundamental para la salud de los chicos, nos dicen los expertos, pero la política oficial es retroceder. Imposible calcular hoy el daño educativo. Ya lo contenidos no tenían paralelismo con la educación impartida en países que saben hacia dónde va el mundo del conocimiento, ahora agregamos que ni siquiera ese escaso contenido será recibido por miles y miles de alumnos. Por escuelas cerradas, por pobreza y carencia de tecnología en el hogar, por abandono de la escolaridad, por esas y otras razones a futuro tendemos a un país con cada vez peor, escaso o nulo nivel educativo. Al mismo tiempo no olvidemos que siempre hay un porcentaje de la población que tiene todos los recursos necesarios para asegurar a sus hijos la mejor educación que se pueda pagar.  
 

A la grieta política debemos agregar el aumento de la pobreza y el aumento de la decadencia de la enseñanza.  ¿Cuándo llegará el momento en que la clase política siga las instrucciones de los científicos, de los expertos, de los que no juegan políticamente con ningún partido y quieren solucionar los problemas en serio? Los que en realidad quieren ayudar a la población en general. 
   Salvo pocos gobernadores, la mayoría no acompaña estas medidas de más encierro, más pobreza para la gente y para el país. Esto no significa desconocer los problemas estructurales de las escuelas y los reclamos salariales de los docentes en general.

No creo, como piensan y comentan algunos analistas, que Alberto Fernández desconozca la realidad del país. Incluso dudo de que esté de acuerdo con muchas de las cosas que dice. Pero no tiene alternativa. Los sectores más duros de su coalición privilegian intereses políticos y personales, necesitan disimular sus errores e incapacidades y le hacen pagar un alto precio. Incluso les entregan a algunos dirigentes opositores banderas y argumentos irrefutables para sustentar la crítica.
 

Alberto Fernández cometió otro grosero error. Criticó al personal de salud. Se “relajaron”, dijo. Gran injusticia y amplio repudio a sus dichos sumado a lo que dijo relativo a los chicos con discapacidades.

Necesitamos vacunas (las prometieron), necesitamos más testeos (los anunciaron), necesitamos mejores escuelas y además, mejor educación en todos los niveles, lo prometieron en la campaña electoral. Necesitamos escuelas abiertas, receptivas, cuidadas, cumpliendo el rol que deben cumplir. Con burbujas, protocolos y todo lo necesario para funcionar. O sea, enseñar y aprender.

Otra cosa, presidente Fernández, los chicos no intercambian sus barbijos en la escuela, los chicos aprendieron, aceptaron y cumplen con el uso del barbijo siendo más responsables que los adultos. No busquemos culpables donde no los hay solo para continuar con la metodología de cero autocríticas justificando lo injustificable. Y con los chicos no. 
 

Para terminar. ¿Estamos seguros de que el 30 de abril no surgirán otros 15 días más? Y si así fuera, ¿a quién o quiénes culparán? 

RAÚL S. VINOKUROV  
Resistencia