Patentes, vacunas y salud pública
El desarrollo en tiempo récord de las vacunas contra el Covid-19 fue posible gracias al fuerte apoyo de fondos públicos que financiaron las investigaciones de grandes laboratorios. Sin embargo, el pedido realizado por Sudáfrica y la India para que suspendan las patentes - sólo en forma temporal- sigue sin avanzar en la Organización Mundial del Comercio.
Pasaron ya poco más de cinco meses desde que los gobiernos de la India y Sudáfrica presentaron formalmente un pedido ante la Organización Mundial del Comercio para que se suspenda la propiedad intelectual sobre tecnologías, medicamentos y vacunas contra el nuevo coronavirus, mientras dure la pandemia.
El planteo se fundamenta en la necesidad de salir del actual círculo vicioso de falta de vacunas que afecta a la mayoría de los países, excepto los más ricos, y que impide lograr en menos tiempo la inmunidad de grupo global, que según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se alcanzaría cuando 70 por ciento de la población del planeta esté vacunada. Esta petición sumó el apoyo de otros 99 países que comparten la idea de, por única vez, liberar las patentes de las vacunas con el objetivo de facilitar a más laboratorios las fórmulas y así lograr incrementar la producción de vacunas.
El planteo tiene también el apoyo de más de 200 organizaciones humanitarias internacionales que coinciden en señalar que si la ciencia pudo desarrollar varias vacunas contra el Sars Cov 2 en menos de un año fue gracias al fuerte respaldo con financiación pública que las farmacéuticas recibieron para acelerar sus investigaciones. Los cálculos más moderados estiman que esa ayuda fue de casi 100.000 millones de dólares.
Los países que se oponen a que se liberen las patentes para que puedan producirse de manera masiva y lleguen a toda la población global son Japón, Australia, Estados Unidos, Reino Unido, Suiza, España y otras naciones europeas que sostienen que esas patentes son necesarias para incentivar la investigación y el desarrollo de medicamentos. Cabe acotar que en Estados Unidos la administración Biden admitió que está estudiando la suspensión de las patentes.
La fundación española Salud por Derecho, que apoya la suspensión temporal de la propiedad intelectual, sostuvo que el cambio de postura que podría asumir EEUU se debe a la presión que ejerce el partido demócrata con Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes, a la cabeza. En España, en tanto, la Comunidad Valenciana pidió al Comité Europeo de Regiones la revisión del sistema de patentes para solucionar la escasez de vacunas.
Frente a este escenario, algunos países presentaron una nueva propuesta, conocida como “la tercera vía”, que consiste en promover acuerdos bilaterales entre las multinacionales que comercializan las vacunas (propietarias de las patentes) y otras empresas farmacéuticas que tengan capacidad de fabricación, mediante la fórmula de las licencias voluntarias. Pero 240 organizaciones de todo el mundo, entre las que se encuentran Amnistía Internacional, Salud por Derecho (España) y Médicos Sin Fronteras, enviaron una carta a la directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, para expresar su preocupación por esta “tercera vía”.
“Lejos de ser una verdadera propuesta alternativa, sigue dejando el control del suministro de vacunas en manos de la industria farmacéutica. Una industria que se ha mostrado incapaz de hacer frente a la respuesta que necesita la pandemia y cuya capacidad de producción es, a todas luces, insuficiente”, señala la nota presentada ante la OMC.
Las organizaciones aseguran que estos acuerdos no son ninguna novedad y la experiencia evidencia que son, en su mayoría, “poco transparentes, contienen términos y condiciones restrictivas que refuerzan el control vertical de los holdings tecnológicos y limitan artificialmente la producción y el suministro para restringir las opciones de abastecimiento mundial”.
En la mayoría de estos acuerdos bilaterales, aseguran las organizaciones, la compañía propietaria de la patente mantiene el control total sobre el uso de su tecnología y el reparto de vacunas. Eso quiere decir que, aunque las empresas que se sumen a la producción “pueden ayudar a aliviar cierta presión a corto plazo”, las compañías que son dueñas de patentes no están obligadas a compartir todos los componentes de las vacunas.
Es de esperar que los líderes del mundo se pongan de acuerdo para que el conocimiento generado para vencer al virus ayude a toda la población mundial a superar la pandemia.










