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El activismo anti vacunas: origen y naturaleza

Hace muchos años, el médico inglés Edward Jenner observó que las ordeñadoras infectadas con el virus de la viruela bovina (cow-pox) quedaban inmunes contra la viruela humana y concibió la idea de inocular linfa tomada del brazo de una lechera afectada por la cow-pox, descubriendo la inmunización contra la viruela.

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A partir del sigo XIX, la vacunación se impuso en todo el mundo. La conquista razonada de la vacunación preventiva fue obra de Pasteur, quien llamó al método “vacunación”, en homenaje a Jenner.

La humanidad iniciaba la lucha contra las enfermedades inmunoprevenibles, que modificaron y modifican el curso de las infecciones que diezmaron la población mundial. La viruela, la poliomielitis, el tétanos, la difteria, el sarampión y la meningitis por meningococo son algunas de las enfermedades controladas con la vacunación masiva de la población.

En 1998, Andrew Wakefield (que no era pediatra sino un antiguo cirujano gastrointestinal) publicó junto a otros autores de la Royal Free Medical School de Londres un informe en la prestigiosa The Lancet que vinculaba un nuevo síndrome con la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR). Según Wakefield, era un síndrome que asociaba una enteritis y autismo en niños. Brian Deer, periodista de investigación británico, investigó entre 2004 y 2010 sobre la publicación de The Lancet de 1998, revelando que Wakefield tenía múltiples conflictos de intereses.

La investigación de Wakefield fue un fraude y el Consejo Médico General del Reino Unido obligó a The Lancet a retirar el documento publicado y expulsó a Wakefield del registro médico. 

Pero el efecto del fraude ya estaba consumado. Los padres no vacunaron a sus hijos, y el brote de sarampión en el Reino Unido en 2008 y 2009, al igual que los de Canadá y EEUU, según la Agencia de Protección de la Salud, fue consecuencia de la disminución de niños vacunados con la vacuna MMR.

Un editorial del British Medical Journal de 2011 señala que la publicación de Wakefield fue un fraude elaborado. Deer demostró que Wakefield alteró los datos de los pacientes para apoyar su afirmación de haber identificado un nuevo síndrome, y cómo el Royal Free Hospital y la Facultad de Medicina de Londres lo apoyaron mientras trataba de explotar el consiguiente temor a la MMR para obtener ganancias financieras –para algunos- mediante juicios a los laboratorios. Como consecuencia, ante la desprotección generada en la negativa a vacunar a los niños, en 2008 el sarampión fue declarado endémico en Inglaterra y Gales.

Trump

Donald Trump aportò durante su presidencia a la campaña de dudas sobre las vacunas. "Lo que Trump dijo no es solo un error, es peligroso, porque si la gente lo toma en serio y retrasa las vacunas para sus hijos, los niños podrían enfermarse", dijo Jack Pitney, profesor del Claremont McKenna College y autor de The Politics of Autism: Navigating El Contested Spectrum.

Ese mismo año, un brote de sarampión que se propagó después que una persona no vacunada visitó Disneylandia infectó a más de 150 personas en los EEUU y México.

Robert Kennedy, activista anti vacunas, aseguró que Donald Trump le pidió que liderara una comisión gubernamental que para velar por la seguridad de las campañas de inmunización. La Revista de la Asociación Americana de Medicina (EEUU) publicó un estudio que relaciona directamente los brotes de sarampión sufridos en el país desde 2012 con los movimientos antivacunas. El sarampión había sido erradicado en el año 2000 y en 2014 EEUU sufrió 23 brotes, con más de 600 infectados.

Trump cuestionò el calendario de vacunación, retrasando y espaciando las vacunas, señaló Celine Gounder, médica internista, especialista en enfermedades infecciosas y salud pública y periodista médica.

Ya en 2015, la muerte de un niño de 6 años enfermo de difteria en España reavivó el debate sobre la vacunación. Sucede que en España la vacunación no es obligatoria, sustentada en el derecho a la objeción de conciencia, generando el aumento de niños no inmunizados.

Tanto en España como en EEUU no hay problemas de financiamiento que impidan al sistema de salud inmunizar a toda la población, como ocurre en grandes regiones de África, Asia y el Pacífico. La baja en el nivel de cobertura de la población se debe al accionar de los movimientos antivacunas, que en los últimos años han logrado gran recepción en varios países de Europa y en EEUU.

La vacunación gratuita y obligatoria es una conquista social y sanitaria que ha impedido el avance de enfermedades que en otros tiempos diezmaron a la humanidad. En sí misma, la vacunación no es solo una protección individual, sino que ejerce un beneficio comunitario, una acción externa inmensa sobre el conjunto social. Entre los especialistas, este efecto es conocido como “inmunidad de rebaño”, de grupo, o colectiva, y proporciona protección indirecta a los individuos no vacunados.

En 2014, la OMS decretó la emergencia mundial frente a la polio, ante la propagación del virus en los últimos seis meses en Asia Central, Oriente Medio y el centro de África. Argentina no fue incluida, ya que mantiene niveles de vacunación antipoliomielítica adecuados.

La acción del activismo antivacunas pone en peligro los logros alcanzados, entre otros, por las campañas de vacunación contra la poliomielitis que azotó a la infancia de nuestro país en las décadas del 40 y 50, y cuyo último caso se registró en 1984. Asegurar la provisión de vacunas y el cumplimiento del calendario obligatorio es una lucha a librar para exigir el cumplimiento de la responsabilidad del Estado y del deber de los ciudadanos.

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