El Hindú Club
El 11 de abril de 1933, Alemís, Guerrero, Leoni y Acosta decidieron fundar el Hindú Club

Por entonces, la única cancha en la que se practicaba básquetbol era la del club Regatas Resistencia, muy lejos del centro. El primer predio del Hindú, propiedad de Dora Martínez, fue en Donovan 251, donde el bosque que cubría el terreno se convirtió en pocos días en una cancha de básquet.
Los mismos fundadores se inspiraron en Hindú de Don Torcuato (Buenos Aires) para establecer el nombre y el color verde, igual al de nuestra llanura. Pasaron unos años y se levantó la cancha en Hipólito Yrigoyen 278. Luego pasó a ocupar un terreno ubicado frente a la plaza central, donde hoy se erige la Casa de Gobierno. Más tarde se mudaron a Lisandro de la Torre y Antártida Argentina (actual Arturo Illia), donde estuvo el hospital Pediátrico.
Allí la entidad se desarrolló institucionalmente de manera notable. Pileta de natación, dos canchas de bochas techadas, dos de básquetbol, sede social y dependencias administrativas. Pero todo eso fue construido en terrenos de Pablo Luis Boschetti, quien antes tenía allí una carpintería.
El fotógrafo recibió una oferta del intendente justicialista Egidio González, quien deseaba tener el estadio municipal de deportes y vio las instalaciones de Hindú Club como ideales por su ubicación. La entidad recibió 26.000 pesos de compensación, pero 16.000 fueron para Boschetti, saldando esa deuda de honor contraída con el fotógrafo, quien solventó gran parte de la infraestructura. Con el resto del dinero se compró un juego de camisetas de un verde espectacular, con letras bordadas que eran únicas en la región.

El Campeonato Argentino de Basquet de 1947 se desarrollo en esas instalaciones, que en los años 50 fueron abandonadas. El Hindu nuevamente se mudó y por un tiempo residió en la Av. Sarmiento al 575, terreno de la familia Camors, lindando con el Círculo de Armas.
Aunque los socios de Hindú podían utilizar libremente las instalaciones, no lo sentían suyo. El club se mantuvo muchos años gracias al juego. Guito y Toto Torresagasti manejaban la cantina y de esa forma se podía pagar el alquiler del lugar a los Camors y mantener la entidad.
Tanto peregrinar estaba agotando a los dirigentes, que deseaban echar raíces de una vez por todas. Entonces apareció Luis Guasti, quien tenía un aserradero después de la vía, en Franklin 56, y estaba interesado en vender el predio aunque a un valor bastante elevado. Pero era tanto el deseo de aquellos pioneros que decidieron hacer una colecta entre Raúl Binaghi, Antonio Alemís, Jorge Lindstrom y Alberto Perosio, entre otros.
A los pocos años se fueron comprando terrenos anexos que permitieron que la sede del club tuviera forma de T, con salida a la calle Arturo Frondizi y a la avenida Alberdi, mientras que el frente da a la Franklin, donde se encuentra su sede social. Por fin encontraba lugar definitivo en la ciudad, donde se desarrolló de manera notable. En la década del 70 tuvo su esplendor con el polideportivo de la ruta Nicolás Avellaneda, que la crisis de los 90 lo terminó devorando.
Campeón argentino de clubes en 1961

Eterno contrincante del club Villa San Martín, por años su clásico rival, “El Bólido Verde”, clásica denominación tribunera, escribió páginas gloriosas en el básquet del Chaco y nacional, logrando su máxima consagración en 1961, cuando se coronó campeón argentino de clubes, en la vieja cancha del Club Don Bosco, donde hoy se encuentra la Escuela Industrial.
Aquel histórico equipo de Hindú Club que ganó del torneo formaba con Ricardo Rocha, Walter Rey, Oscar Bellotti, Rubén Rodríguez, José Roig y José Filipponi; José Romero, Edgard Outeriño (capitán), Pablo Lischuck, Hugo Outeriño y Julio Argentino Silgueiro.
El diario El Territorio titulaba así la noticia. "El Bólido Verde exhibió a lo largo del brillante torneo, responsabilidad, eficacia y corrección”. La poderosa formación de Hindú Club obtenía para el Chaco el segundo título de Campeón Argentino de Clubes, ya que primero lo había conseguido el club Villa San Martín, en 1951, en San Juan.
El triunfo conseguido por Hindú lo había erigido en la máxima expresión del baloncesto argentino. El equipo estaba dotado de una capacidad poco común, con preparación física eficiente, observación estricta de disciplina ejemplar y con los conocimientos fundamentales que posibilitaban su rendimiento de conjunto, a todas luces magnífico.
Siempre fue fundamentalmente un club de basquetbol, aunque se practicaron con éxito otros deportes. Su gente y su historia no pasaron sin dejar bien marcados rastros de formación. En los años 60, 70 y 80 el Club de Regatas Resistencia, club al que yo y mi familia pertenecemos, fuimos eternos rivales del “Bólido Verde” en épicas confrontaciones deportivas. Hoy, con el paso del tiempo, tenemos allí grandes amigos de la vida. Salud, Hindú Club.










