Debatir con más datos y menos prejuicios
La ciudadanía necesita contar con información veraz para comprender mejor la compleja realidad y tomar decisiones todos los días y para ello presta atención a las expresiones y debates que abordan temas que son de interés público. Aunque muchas personas dan por sentado que lo que se lee y se escucha está respaldado con datos, si se analiza con detenimiento algunos discursos se advierte que mucho de lo que dice solo está basado en prejuicios.
La Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia, que trabaja por la defensa de los derechos de los grupos más desfavorecidos de la sociedad y el fortalecimiento de la democracia en el país, tiene en marcha una campaña que denominó “Cortemos prejuicios con información” y esta semana publicó en su cuenta de Twitter el siguiente mensaje: “¿Cuántas veces escuchaste que programas sociales como la Asignación Universal por Hijo (AUH) incentiva a las mujeres a tener más hijos?”. Para responder las dudas sobre este asunto, la organización apeló, como debe ser, a los datos disponibles. Y los números revelan que, en realidad, el promedio de hijas o hijos por cada persona titular de esta asignación siempre se mantuvo en menos de dos.
Pero eso no es todo. En los últimos años el promedio de hijos en este segmento de la población fue descendiendo. Se tiene así, entonces, que en la actualidad el 80 por ciento de las madres titulares de la Asignación Universal por Hijo tiene dos hijos o menos, con lo que queda demostrado que sostener que este beneficio que brinda el Estado a los sectores con menos recursos incentiva a las mujeres a tener más hijos es completamente falso.
Esta semana también un ex legislador hizo un papelón al no poder explicar con datos las objeciones que le presentaba una conocida periodista en una entrevista que salió al aire en una emisora de radio porteña. Al analizar esa conversación, el especialista en medios de comunicación e industrias culturales, Martín Becerra, observó que uno de los problemas serios del sistema de circulación de información/opinión en una parte de la dirigencia política argentina es la endogamia. “Fuera de su zona de confort derrapan”, graficó.
¿Cuántos prejuicios nutren las opiniones de figuras mediáticas que todos los días pontifican sobre modelos económicos, ideas políticas y medidas sanitarias? El debate serio, basado en datos e información, pasó a ser una especie casi en extinción en estos días. La pandemia, al parecer, acentuó los fanatismos y multiplicó los prejuicios, dos factores que cuando se combinan resultan extremadamente dañinos para la sana convivencia democrática. En los últimos meses tampoco faltaron los disparates que podrían enmarcarse en lo que algunos definen como la política-espectáculo, como cuando alguien dijo que con la vacuna se quería envenenar a la gente; o cuando una ministra de Educación dijo que quienes eligen la docencia como profesión son personas que provienen de los sectores socioeconómicos más bajos que fracasaron en otras carreras, cada vez más grandes de edad y con poco capital cultural.
Pero los prejuicios no son un invento argentino. En 2020, un estudio realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que incluye datos de 75 países que comprenden a un 80 por ciento de la población mundial, destaca que, pese a décadas de progresos logrados en favor de la igualdad entre hombres y mujeres, cerca del 90 por ciento de la población global todavía mantiene algún tipo de prejuicio contra las mujeres. Según este trabajo encargado por el programa de la Organización de Naciones Unidas, aproximadamente la mitad de los hombres y las mujeres del mundo consideran que los hombres son mejores líderes políticos que las mujeres. Asimismo, más del 40 por ciento opina que los hombres son mejores ejecutivos en las empresas y que tienen más derecho a ocupar un empleo cuando el trabajo escasea.
Estas y otras falsas creencias encuentran en las redes sociales un caldo de cultivo para difundir noticias falsas con el fin de influir en las opiniones de la gente. Por eso es importante promover el espíritu crítico de la ciudadanía, con el fin de fortalecer la democracia y todos aquellos espacios que ofrezcan las garantías necesarias para la expresión abierta y libre de prejuicios.










