“Capitán de mi alma”
Actualmente están de moda las películas de los súper héroes y heroínas: la nueva Liga de la Justicia, o Halcón y el Soldado del Invierno, entre otros. La RAE (Real Academia Española, que les juro no patrocina la columna) tiene seis definiciones para las palabras héroe o heroína. Pero voy a elegir una, la número cinco: Persona a la que alguien convierte en objeto de su especial admiración.
En el tráiler de la película “El Halcón y el Soldado del Invierno” hacen referencia al legado del Capitán América, el héroe caído reducido a su tradicional escudo. “El mundo está de cabeza, la gente necesita algo que apoyar, necesitan un símbolo”, dice el Soldado del Invierno.
Mientras, en el nuevo corte de Zack Snyder -o el lado B-de la Liga de la Justicia se repite el drama: grupo de súper héroes y heroína lidia con el desorden que dejó la muerte de Superman en el mundo, a quien (aquí no hay spoilers, porque es la misma película, más larga, y con trajes negros) van a revivir para evitar la extinción de la humanidad.

Superman, el superhéroe por excelencia (que no es humano. Es, un periodista, alienígena. Vaya combinación): su S gigante en el pecho significa Esperanza...”Como un rio que fluye”, dice en la versión A -o de trajes a colores- de La Liga de la Justicia, el héroe kriptoniano/terrícola. ¿Son los héroes y heroínas un símbolo de esperanza? ¿Es la única forma de tener esperanza, de creer, de seguir adelante?.
Héroes se llama la película sobre el Mundial del 86 que Argentina se adjudicó; el relato épico (y no me refiero al de Víctor Hugo, sino al género narrativo que se utiliza para contar las hazañas de los héroes) que iba darle la entrada al Olimpo a Maradona y a nuestro país una épica alegría, la última…según el nivel de existencialismo que manejemos cada mundial, Copa América, o si Messi canta o no el himno.
Y aunque no utilizamos seguido la palabra héroe con “nuestro Superman”, al que buscamos revivir cada 17 de agosto, el General José de San Martín es considerado un héroe.
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“El inicio de ese proceso fue el punto de inflexión para mí. El grupo necesitaba pasar página…separarse definitivamente de la Generación Dorada. Era elemental dar el corte, terminar con el concepto sumiso, adulador…Había que romper el lazo. Porque si no, los iban a empezar a considerar como una alternativa mediocre de los ‘monstruos’ que ya no estaban. Cuando venga la próxima camada tendrá que hacer lo mismo con esta”, dice, en el libro “El Legado” (Germán Beder, 2020. Ed. Basquet Plus) Luis Scola, capitán de la Selección Argentina de Básquet que se consagró subcampeona del Mundo en 2019, e integrante de la Generación Dorada (2002-2016), la camada histórica del deporte argentino considerado uno de los mejores equipos deportivos de la historia mundial.
¿Tendrá razón el Soldado del Invierno, y en este mundo convulso siempre necesitamos un símbolo para creer?. ¿Por qué queremos revivir héroes, constantemente?. ¿Qué hay de nosotros?.¿Podemos poner nuestros ideales y esperanzas en una persona, o personas?
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No importa si hablamos de deportes, historia, religión, política, o nuestra familia, amigos, pareja; los símbolos de nuestras esperanzas son “personas a la que convertimos en objeto de especial admiración”.
Quizás, como dice Scola, sea necesario romper el lazo, o como propone el filósofo argentino José Ingenieros en Las Fuerzas Morales, entender que “los ideales dan confianza en las propias fuerzas. Para ser entusiasta no basta ser joven de años: hay que formarse un ideal, sobreponiéndose a las imperfecciones de la realidad y concibiendo por la imaginación sus perfecciones posibles. Para servirlo eficazmente, hay que entregarse a él sin reservas. Y debe ser fruto de la experiencia propia, si ha de embellecer la vida; el que se apasiona ciegamente es un fanático al servicio de pasiones ajenas”.
No necesitamos trajes de Superman, escudos del Capitán América, revivir a San Martín cada 17 de agosto o a Diego con su gol a los ingleses, sino –tal vez- tomar de sus legados esos ideales que resuenen con nuestra naturaleza y ser protagonistas de nuestra propia esperanza.
“No importa cuán estrecho sea el camino, ni cuántos castigos lleve a mi espalda,
Soy el amo de mi destino, Soy el capitán de mi alma”*
*En memoria de Floria: Permítanme, queridos lectores está nota final. Floria era la madre de una de mis mejores amigas, una de mis hermanas de corazón desde que tengo 12 años. En su casa, en Sáenz Peña, y gracias a ella leí por primera vez este diario (era religiosa lectora), donde muchos años después jamás pensé que escribiría.
Disfrutaba de compartir pequeños momentos: mirando los partidos de Boca, mientras ella fumaba esos cigarrillos, tan fuertes como el tereré con diferentes yuyos que me convidaba (previo al que armábamos nosotras) y que según ella “era más sano”, o esas sopas paraguayas únicas que tenía guardada en el horno para compartir.
Siempre abriendo las puertas de su casa a las amigas de su hija como una gran madre que vigilaba de lejos a los pollitos ajenos sin que la notáramos. Se te va a extrañar Floria, y no se me ocurre mejor lugar para despedirte.
*Invictus (poema de William Ernest Henley)
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