Un nuevo comienzo
La Pascua de Resurrección constituye para los cristianos un símbolo de un nuevo comienzo, de un nuevo resurgir.
La demanda de soluciones a problemas tan graves como la pobreza que sufre una gran parte de la población, en un contexto agravado por la pandemia, exige dejar de lado las diferencias sectoriales y superar las divisiones que hacen que la construcción de una sociedad más justa y equitativa sea una tarea difícil.
Para los creyentes, la Pascua es un tiempo de esperanza que no defrauda, un tiempo para avanzar en medio de los obstáculos. En ese sentido, para muchos argentinos nuestro país ha sido en los últimos años una especie de desierto sembrado de dificultades (desempleo, inflación, pobreza, etc.) que puso a prueba por igual a jóvenes y veteranos, a inexpertos y experimentados.
La irrupción de la pandemia, hace ya un año, no hizo más que agregar una buena dosis de incertidumbre a la crisis crónica que sufre una sociedad que no logra encontrar remedios eficaces para sus problemas estructurales.
Esta jornada en la que se lleva a cabo una particular celebración de la Pascua, condicionada por la situación epidemiológica, se presenta como una nueva oportunidad para invitar a la esperanza, a promover la ayuda al prójimo y a una mayor solidaridad con los que menos tienen. La crisis no debe ser una excusa para bajar los brazos. Al contrario, debe servir para imaginar nuevas respuestas a las demandas, para cambiar la manera de hacer algunas cosas, para innovar.
No se puede pretender que las personas dejen de lado sus convicciones respecto a qué es lo que se debe hacer para construir una sociedad mejor. De lo que se trata es de promover un vínculo más fuerte entre todos los integrantes de la comunidad para resolver aquellas situaciones que requieren una rápida solución, como es el flagelo de la pobreza que condiciona el futuro de millones de argentinos.
“Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos”, dijo Albert Einstein.
En esta compleja y difícil coyuntura social, sanitaria y económica que atraviesa el país y que influye en el humor de todos, es necesario evitar confrontaciones estériles y esforzarse más por buscar coincidencias. Agudizar las contradicciones que presentan los intereses de los distintos sectores de la comunidad nunca ha sido una estrategia inteligente, ni siquiera para quienes alientan las divisiones, puesto que una sociedad está hecha de vasos comunicantes, y lo que afecta a unos, tarde o temprano, afecta a todos.
Basta observar lo que sucede con la pobreza y las alteraciones que generan las situaciones extremas, como el hambre o la exclusión, en la convivencia humana. Cuanto mayor sea el nivel de desigualdad en una sociedad mayor será el deterioro de la cohesión social. Por eso es necesario comenzar de nuevo, lograr acuerdos sectoriales para resolver los problemas estructurales del país. Es probable que, como decía el físico alemán citado, la única crisis amenazadora sea la tragedia de no querer luchar por superarla.
Un nuevo comienzo debe apoyarse en una cultura del diálogo franco y el respeto. Es necesario superar viejas antinomias y cambiarlas por nuevos diálogos. Abandonar las posiciones irreconciliables y reemplazarlas por actitudes más constructivas y saludables que ayuden a encontrar puntos en común entre ideas y pensamientos diferentes.
La ciudadanía debe premiar a quienes asumen el compromiso de construir en la diversidad, promoviendo relaciones de confianza en la comunidad, y sancionar a quienes insisten en profundizar las divisiones que tantos males han provocado a los argentinos.
Es necesario salir de los esquemas rígidos que no conducen a nada, abandonar las anteojeras ideológicas y promover un marco de respeto a la pluralidad de ideas y pensamientos, trabajar por una mayor transparencia y comprometerse con la erradicación de la corrupción para avanzar en un camino más justo y razonable que garantice la paz y el bienestar que se merece toda la sociedad argentina.










