Los sonidos del silencio
El silencio muchas veces no es salud. En este país suceden cosas en las cuales parecemos estar dormidos.

No es la reacción de protesta, por lo contrario, el ejercicio de estar despiertos, atentos a las decisiones que toman los ‘representantes‘ del pueblo. Conmueven los datos de la pobreza en el país que produce cultivos como maíz, girasol, trigo, carnes, leche y miel.
En este bendito país, con una variedad de climas, al segundo semestre del año 2020, la pobreza alcanzó al 42% de las personas que viven en los principales aglomerados urbanos de la Argentina: eso indica que unas 12 millones de personas viven en esas condiciones.
Conmueve que en el Chaco, la tierra del quebracho, la miel, el algodón, y donde cada vez se siembra más maíz, se producen más frutas y hortalizas, el Gran Resistencia tenga el mayor nivel de pobreza, no solo de la región, sino de todo el país: 53,6%. Pero no solo marcó el mayor registro del país, sino que también sufrió un importante aumento respecto al semestre anterior: la pobreza se elevó en casi cinco puntos en solo seis meses.
Dice la canción de Simon y Garfunkel ‘Sound of silence‘ que había ‘Gente que charlaba sin hablar, gente que oía sin escuchar, gente que escribía canciones que ninguna voz jamás compartiría‘. ¿No nos pasa algo de esto en estos tiempos de pandemia y de una economía tan frágil?
Estamos rodeados (virtualmente) de personas, y sin embargo hay voces que se han dejado de escuchar ante la toma de medidas que incluso algunas de ellas lesionan la Constitución Nacional. ¿Dónde está la dirigencia que peleaba por los derechos y libertades de sus representantes? ¿Dónde están los oradores que con sus mensajes conmocionaban a los oyentes, que viven y luchan por un futuro mejor, trabajando de sol a sol, impulsando la actividad privada, y negándose a tomarse de las riendas del Estado para crecer económicamente?
"La horrible enfermedad del corazón humano es el odio a la verdad", decía el prestigioso juez camarista Carlos Fayt. Y la verdad es que estamos, como decíamos, complicados y aturdidos, mirando borrosamente la realidad, enmarcándonos en un individualismo que terminará consumiéndonos si no cambiamos de actitud.
La canción de Simón y Garfunkel añade un texto preocupante: ‘y la gente se postró y se puso a rezar ante el dios de neón que habían creado, y el anuncio se encendía y se apagaba mostrando su mensaje con las palabras que iba formando‘.
Así marcha la sociedad, creando falsos dioses, hasta inventaron que el mejor 10 de la historia del fútbol era ‘dios‘. Pero es hora de despertarse, alimentarse y salir a batallar contra la mediocridad y la apatía, con esfuerzo y con trabajo. El Chaco tiene futuro, es cierto, y eso lo irán marcando quienes resuelvan vivir cultivando valores y principios, comprometidos con Dios, la patria y su provincia, no con los ‘vivos‘. La fuerza del campo y de las pymes chaqueñas, están empujando por seguir trabajando, generando empleo digno. Esa realidad debe ser alimentada. Por todos los chaqueños de buena voluntad.










