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Mitología, literatura y patrimonio cultural

Antigua Corinto

En esta estratégica ciudad, una de las más importantes de helenismo clásico, confluyen la mitología, la literatura, la guerra, el arte y la cultura. Representa un patrimonio cultural intangible y tangible que se preserva como testimonio de una urbe cosmopolita que marcó la historia del mundo antiguo.

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La mitología y literatura griegas cuentan distintas versiones sobre el origen de la ciudad. Una de ellas sostiene que su fundador fue Sísifo, hijo de Eolo y Enareta, y primer rey de Corinto, que la llamó Éfira-Ephyra-. Lo sucedieron sus hijos Glauco y Omitión, que continuaron la dinastía hasta que fueron derrocados por los dorios.

Otro mito afirma que la fundadora fue la diosa Ephyra, hija del titán Oceanus, y que ella misma le dio su nombre, que es el que utiliza Homero en “La Ilíada” para referirse a los corintios que combatieron contra Troya bajos las órdenes de Agamenón. Esta versión es sostenida por el rapsoda Eumelo –siglo VIII a.C.-. 

El viajero, geógrafo e historiador Pausanias –siglo II- sostuvo en “Descripción de Grecia”, que Poseidón –dios de los mares- y Helios –titán, dios del sol- pugnaron por poseer la región del istmo y se sometieron al arbitraje del hecatónquiro Briareo, un gigante de cincuenta cabezas y cien brazos, hijo de Gea y Urano, que zanjó la cuestión otorgando la tierra a Poseidón y la acrópolis de Helios. 

Estos debieron llegar a acuerdos para evitar disputas, y entregaron la ciudad de Sición a Aloeo –hijo del primero-, y Ephyra a Eetes –hijo del segundo-. Pero éste último la abandonó, por lo cual la gobernarían descendientes de Poseidón: Epopeo, Maratón y finalmente Corinto, que cambió el nombre de la urbe. Al no tener hijos, los habitantes recurrieron a Medea, hija del antiguo rey Eetes, y ella designó a Sísifo. Cuenta además el mito que éste último monarca delató a Zeus por el secuestro de la ninfa Egina, hija del dios Asopo pidiéndole a cambio un manantial para abastecer de agua a la ciudad. Enterado de la delación, Zeus lo condenó al inframundo: debía subir una enorme piedra sobre sus hombros hasta la cumbre de una montaña, a la cual no llegaba porque la roca caía rodando, debiendo repetir el esfuerzo por toda la eternidad. 

También se asocia la ciudad al nieto de Sísifo, Belerefonte, a quién Yóbates, el rey de Licia, le encargó matar a Quimera –criatura monstruosa- pensando que sería ella la que acabaría con la vida del joven. Éste, por consejo de un adivino y ayuda de Atenea que le entregó una brida de oro, logró domar a Pegaso, el caballo alado, y montado sobre él pudo vencerla. Luego de la hazaña contrajo matrimonio con la hija del rey de Licia. Pegaso es hoy en día un emblema para Corinto.        

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Restos arqueológicos.

   La historia de Corinto

La ciudad antigua estaba ubicada estratégicamente en el Istmo de Corinto‏‎, de unos 6 km de ancho, que une la península del Peloponeso con la Grecia continental. La distancia a Atenas era de 80 km hacia el noreste y a Esparta de 133 km al suroeste. 

Los restos arqueológicos dan cuenta de la ocupación del lugar desde el 6500 a.C. y hasta la Edad de Bronce. Luego habría estado poco habitada hasta el siglo XI a.C., cuando arribaron los dorios. Aletes fue el primer rey dórico, y sus descendientes gobernaron por 327 años desde 1047 a.C.

Después gobernó el clan Bacchiadae, y en los siglos VIII y VII a.C. la ciudad tuvo gran crecimiento y desarrollo cultural, se construyeron templos y edificios, y establecieron colonias en Epidamnus, Ambracia, Corcyra, Anactorium y Siracusa. Fueron habilidosos en la construcción de barcos –inventaron las trirremes-, y fue una de las primeras ciudades griegas en utilizar la moneda, lo que favoreció el comercio en la misma. En 657 a.C. Cypselus se hizo del poder convirtiéndose en el primer tirano de Corinto. Construyó el templo peripteral de Apolo de estilo dórico, sostenido por 38 columnas.

Formaron parte de la Liga del Peloponeso y combatieron a Atenas, pero luego se rebelaron contra Esparta, se unieron a los atenienses y beocios y se enfrentaron en la Guerra de Corinto (305 a 386 a.C.), en la cual fue derrotada. Fue conquistada por Filipo II de Macedonia, quién formó la Liga de Corinto. 

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Templo de Apolo

   Destrucción y reconstrucción 

Siguieron muchos años de guerras y disputas por el control de la ciudad. El geógrafo e historiador Estrabón, sostuvo: “Los corintios, cuando estaban sujetos a Filipo, no solo se pusieron del lado de él en su disputa con los romanos, sino que individualmente se comportaron con tanto desprecio hacia los romanos que ciertas personas se aventuraron a derramar suciedad sobre los embajadores romanos al pasar por sus casas…”. Por esta razón, en el 146 a.C. fue atacada por Roma, saqueada y destruida, sus hombres asesinados y las mujeres e hijos vendidos como esclavos. Sin embargo, por orden de Julio César en el 46 a.C. fue reconstruida y convertida en una colonia romana y capital de la provincia de Acaya, y vivió dos centurias de gran prosperidad. 

En el siglo I –año 51- arribó  a la misma Pablo de Tarso –San Pablo-, quién vivió allí un año y seis meses, evangelizando a sus habitantes y logrando convertir a muchos, tal como lo relata el Nuevo Testamento en Los Hechos de los Apóstoles. Allí fue enjuiciado y liberado, y es considerado el fundador de la iglesia en Corinto.

El rey visigodo Alarico I la conquistó y saqueó en 395, y un terremoto la destruyó en 521. Fue nuevamente reconstruida y formó parte del imperio Bizantino durante gran parte de la Edad Media. Luego fue conquistada por los francos, napolitanos, florentinos, venecianos y otomanos hasta la Guerra de Independencia de Grecia: la ciudad fue liberada en 1832. Un terremoto acaecido en 1858 obligó al abandono definitivo de la antigua Corinto y la construcción de una nueva urbe a 7 km al norte.  

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Museo Arqueológico.

   Cultura y desarrollo
La ubicación estratégica de la ciudad, que facilitaba el comercio, la llevó a competir en determinado momento de su historia con Atenas y Tebas en cuanto a la riqueza generada. La industria de la cerámica fue muy importante, y exportaba sus productos a todo el mundo helénico. También trabajaban el bronce con gran habilidad y calidad, y sus hornos eran los mejores de todo el Mediterráneo. 
 
Contaba con dos puertos: uno en el Golfo de Corinto que le permitía el comercio con las colonias del oeste e Italia, y otro en el Golfo Sarónico que lo conectaba con Asia. Una calle empedrada de seis metros de ancho los unía para facilitar el tráfico de personas y mercancías.
 

En Corinto se veneraba a Afrodita, diosa del amor y la sexualidad, de tal forma que se construyó un templo en su honor. Allí se empleaban miles de hetairas –acompañantes y prostitutas- que brindaban servicio sexual a comerciantes y funcionarios que vivían y visitaban la ciudad. Hay versiones que sostienen que algunas de ellas cobraban enormes cifras, y se decía que hombres de otras urbes viajaban hasta allí solo para gozar de este disfrute.

  El mismo Estrabón expresó al respecto: “El templo de Afrodita era tan suntuoso que daba empleo a más de mil hetairas… Muchos extranjeros visitaban la ciudad por su causa, y de este modo las hetairas contribuían a la riqueza de la ciudad. Los capitanes de barcos gustaban de gastarse el dinero allí, de ahí el dicho: El viaje a Corinto no es para todo el mundo’.

Se caracterizaron también por el desarrollo del llamado “orden corintio”, un estilo arquitectónico presumiblemente creado por el arquitecto Callimachus –Calímaco-, y cuya inspiración fue una cesta que observó sobre la tumba de una niña, con una planta de acanto había crecido entre la misma. El capitel corintio –elemento superior de una columna- se considera un desarrollo mejorado del jónico, sin cuello, y tiene la forma de cesta rodeada de follaje y hojas de acanto. La columna es siempre estriada. Esta característica de su arte denota refinamiento, estilo de vida lujoso y riqueza de la ciudad. 

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Templo E.

   El sitio arqueológico 

Las excavaciones en el lugar comenzaron a fines del siglo XIX y continúan hasta el día de hoy. De la época griega de la ciudad es poco lo que se conserva, pero se aprecian restos de la ocupación romana. Se destaca el templo dórico de Apolo –ubicado en el centro del sitio-. Fue construido en 540 a.C. aproximadamente, y dominaba el ágora con sus grandes dimensiones: medía 21,5 por 53,8 m, poseía 38 columnas, y hoy se conservan en pie siete de ellas de un diámetro de 1,55 m.

Otros vestigios que fueron identificados son la Fuente Pirene –del siglo VI a.C. y sitio donde la mitología cuenta que Belerofonte capturó a Pegaso mientras bebía agua-, el odeón, el teatro, Fuente de Glauke, la bema –luego iglesia del apóstol Pablo-, la calzada Lechaion que comunicaba el ágora con el puerto, Templo E, Templo de Asklepios, Basílica Juliana, bouleuterión, fortaleza de Acrocorinto –a unos 3 km-, fuentes, galerías, baños, etc.

Comparando con otros sitios arqueológicos griegos, no se encuentra en buen estado de conservación, no está demarcado un circuito de circulación, y la cartelería –en griego e inglés-, debería ser mejorada para optimizar la comprensión de un visitante que no se ha informado previamente sobre la historia de la ciudad. 

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Restos arqueológicos.

   El museo de sitio

El Museo Arqueológico de Corinto fue construido en 1932 por la Escuela Americana de Estudios Clásicos, con el objetivo de preservar en el lugar los objetos obtenidos en las excavaciones. Es de forma rectangular con dos patios interiores. Fue ampliado en 1951, y realizaron obras y mejores en 2008 y 2015.

Se presentan cinco espacios expositivos: 1- “Tiempos prehistóricos”: expone cerámicas y pequeñas esculturas de épocas anteriores al helenismo; 2: “Una ciudad-estado fuerte”: preserva los gemelos Kouroi, hallazgos del cementerio de Tenea y ofrendas de santuarios; 3- “Asclepieion, el santuario”: presenta los objetos que fueron encontrados en el templo de este dios “curativo”, principalmente ofrendas votivas de los siglos IV y III a.C.; 3- “Colonia romana”, nos ilustra esta etapa con una colección de esculturas y mosaicos, pinturas bizantinas y francas; 4- “Patio y galerías” se observan esculturas, inscripciones griegas y latinas, y evidencias de la presencia judía en la época romana; 5- “El mundo de los muertos”: exhibe sarcófagos y objetos encontrados en los cementerios ubicados en el interior y exterior de las murallas. La zona exterior circundante al museo puede ser considerado un sexto espacio de exposición, pues allí se observan restos de columnas con distintos diseños, esculturas incompletas, etc.

La puesta museográfica es interesante, exhibida con buen gusto, con cartelería –tal vez algo rudimentaria- en griego e inglés, iluminación artificial adecuada que resalta determinados objetos y luz natural que penetra por ventanas ubicadas en altura. El circuito no está demarcado, de tal forma que el visitante debe observar el mapa de distribución de salas o realizar un recorrido libre.

Corinto fue una ciudad trascendente en el mundo antiguo. Fue la ciudad de Sísifo y Ephyra, de Belerofonte y Pegaso, del Templo de Afrodita y las hetairas, del comercio y el arte. Fue la literatura de Homero y la Guerra de Troya relatada en “La Ilíada”, los trirremes y la Guerra del Peloponeso, la comunidad cristiana y la iglesia de San Pablo reflejada en el Nuevo Testamento. Fue los visigodos, los otomanos, su destrucción y reconstrucción. 

Hoy es un patrimonio cultural que enlaza la mitología, la literatura y los vestigios materiales que nos legaron grandes civilizaciones que la habitaron y forjaron su historia. 

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