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CARTAS DE LECTORES

Flores de ceibo  
 
Señor director de NORTE:
La historia docente o la historia de la educación tuvo sus circunstancias y sus características.  
Hace ya muchas décadas, en los tiempos del gobierno de Perón existieron “las maestras flor de ceibo”. Eran mujeres de buena voluntad que, a falta de quienes enseñaran, lo hacían ellas sin título o preparación alguna, en el campo o parajes. 
Pensemos que la comunicación no era la de ahora y quizás haya sido un modo de alfabetizar no justamente precario sino sin guías o protocolos.  
En la época militar en un período muy corto y a muy pocas personas “adiestraron” para ser maestras o maestros en zonas rurales y tuvieron preparación acerca de la sobrevivencia ya que irían a lugares inhóspitos, y ocurrió aquí en el Chaco. 
Estas personas no tenían formación docente académica, pero las preparaban para estar en las aulas. En algunos casos, en el interior dos piezas constituían una escuela, una habitación era el aula, la otra el dormitorio de las maestras. 
Eran mujeres valientes y ponían el pecho a la zona alejada y peligrosa, como también todas sus fuerzas en enseñar las currículas que les llegaban. El ruido de un motor a lo lejos, las alertaban de que alguien de la ciudad de acercaba a su escuela vivienda, Sus enseñanzas tenían forma y contenido y mucha voluntad.  
Las maestras normales, a las que casi todos conocieron, a las que llamaban “la segunda mamá”, que lo fueron, excelentes por su formación en esas escuelas que fundó Sarmiento. Las recordadas que egresaron de la Escuela Normal son seres inolvidables.  
Hubo también alfabetizadores, que un gobierno organizó, para que muchos aprendieran a leer y escribir y pudieran firmar. Se dedicaron a sectores de personas mayores que se emocionaron al poder leer y disfrutar de cosas que les impedía la ignorancia.  
Luego se creó la carrera para docentes, y para docentes técnicos. Ya no se llamarían maestros, sino docentes, y en el aula “seño”. Los tiempos cambian hasta la forma de hablar. Son los mismos los Trabajadores de la Educación. La educación también cambió, de ser presencial en algunos casos se convirtió en virtual. Para algunos es una vocación y en otros una oportunidad laboral. Lo que sí cambió es la relación docente alumno. Pocas veces se genera un vínculo afectivo, se desarrolla la admiración o el respeto.  
Muchos no olvidarán el abrazo de su maestra de campo, de la señorita de primer grado, de esas maestras rurales que lo eran todo, hasta acudían a sus camas de enfermos.  
Y hablando de maestras, haremos un homenaje a la señora de Garro de la Escuela 26, que llevaba a “sus palomitas” como ella los llamaba, cuando los niños usaban guardapolvos, a saludar desde la vereda de Tito, que tenía sarampión.  
 
MÓNICA PERSOGLIA  
Resistencia 

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Nuevos postulados en la educación

Señor director de NORTE:
Deberíamos antes que nada determinar con claridad que es la educación para nosotros, y qué tipo de hombre, persona, queremos formar. Acá, creo, me parece, está el meollo de la tragedia.
Nosotros, en los ámbitos escolares, hemos definido al hombre como “un ser humano, con una experiencia espiritual”. Hoy esa definición, aunque se sigue aceptando en la educación, en general no es la que sostienen los nuevos teóricos educativos, que sostienen que el hombre “es un ser espiritual con una experiencia humana”.
Si nos apegamos a esta nueva definición de hombre, sin equívocos, nuestra concepción del hombre y la vida serán totalmente nuevos, y todos nuestros postulados educativos serán muy diferentes a los actuales.
En mi libro, publicado recientemente, Los mandamientos del aula, hacemos referencia concreta a esta nueva definición del hombre de la vida. En el capítulo X del libro decíamos que los milagros existen, solo si pensamos o tenemos esta nueva definición del hombre, como un ser espiritual con una experiencia humana. ¿Por qué decimos esto?  como tenemos todo ese maestro de los recuerdos, aquellos imborrables, los que nos acompañarán siempre, esos maestros que nos iluminaban el alma, ellos porque no los olvidarán nunca.
Podrás hoy, joven maestro, llegar al corazón de tus pequeños y encender en ellos el fuego del amor del cual nos habla el poeta Blake y nos dice: 
“A no ser que los ojos se enciendan,
Dios no podrá ser visto.”
Estos versos sin dudas muestran una gran empatía hacia los niños, porque es hacia ellos donde dirigimos nuestros mayores esfuerzos, hoy debemos entender todos que es necesario lograr una nueva imagen, donde el niño debe ser el centro de todo el servicio educativo.
En Los mandamientos del aula, hacemos especial referencia a las enormes dificultades que tenemos en la enseñanza de la lectoescritura. Por años hemos estado luchando por este
O aquel nuevo programa para enseñar, la lectoescritura, con tristeza debemos decir que todos han fracasado. En el libro, ya explicitado en parágrafos anteriores, danos una respuesta concreta a este tema.
Hoy, en la Argentina y el mundo, las dificultades en Lengua crecen, sin que nadie haya podido superar esta difícil situación; por ellos es que, al escribir el libro ya mencionado, en el capítulo VII, damos nuestra visión clara y concreta, sobre el camino a seguir en el aula.
 Empecemos por decir que cuando llega el niño a la escuela, nosotros los maestros nos lanzamos, con un pequeño de cinco, seis años, casi sin pensarlo, y como una prioritaria obligación a la enseñanza de la lectoescritura, si el niño comprende o no lo que escribe, no nos preocupa para nada, “ya entenderá cuando llegue a séptimo”, decimos. Solo que eso no pasa nunca. Aunque nos duela esa es la realidad.
El tema es muy extenso y complejo para tratar aquí, pero iremos desarrollando en nuevas entregas, pero reitero: en el libro ya mencionado podrás encontrar todas las respuestas a las dificultades en la enseñanza de la lectoescritura.

BERNARDO GÓMEZ
RESISTENCIA