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Clase presencial para todos

El gobierno provincial cerró la semana con el ánimo cambiado. Lo que más avivó la energía oficial fue lo ocurrido el viernes por la mañana, cuando la extensa negociación docente –que comenzó bastante antes de lo que cuentan las fotos- concluyó con la aceptación de la propuesta salarial gubernamental por parte de casi todos los sindicatos.

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Un resultado importante. La suerte del ciclo lectivo interesa mucho en cualquier sociedad y es un ítem particularmente influyente en la clase media. Llegar a las elecciones sin clases puede tener consecuencias irremontables. Era, en consecuencia, una contienda en la que el oficialismo no tenía margen para la derrota.

El arreglo puso fin a días de suspenso en los que ni Jorge Capitanich ni su ministro Santiago Pérez Pons tenían certeza de cuál iba a ser el desenlace. Recién el miércoles comenzaron a olfatear la posibilidad de un acuerdo, pero las chances estaban sujetadas con alfileres.

De un panorama bastante optimista en los días previos se había pasado a un escenario incierto, donde ya se sabía que era altamente probable que Eduardo Mijno (Federación Sitech) rechazara la fórmula de recomposición elaborada por Economía y se tenían datos sobre las dificultades de Atech y Utre para cerrar las consultas a sus bases con un resultado de aceptación.

Hay que tener en cuenta que el sector docente tuvo una fuerte atomización gremial desde los ’80 hasta aquí (hoy son 18 las entidades que participan en las paritarias de los maestros), y que además, como ha sucedido en otras actividades, surgió un movimiento de“autoconvocados”, muy activo, que mete presión por izquierda (y que si subsiste es por algo real: los maestros ganan muy poco).

Se notó en los “escraches” llevados a cabo el mismo viernes, con manifestaciones y pintadas amenazantes en los locales de Atech y de Utre. En su cuenta de Facebook, el movimiento se despegó de las agresiones, y las atribuyó a “personas que se hacen llamar autoconvocados pero no pertenecen a nuestro grupo”.

Es decir, algo así como autoconvocados de los autoconvocados. La explicación, sin embargo, es refutada en los sindicatos agredidos, que dicen tener videos que permiten identificar a los autores de las agresiones y anunciaron presentaciones judiciales. Incluso para denunciar a una mujer, docente, que aprovechó la manifestación para llevarse una caja de resmas de papel que el cadete de una librería había dejado en el acceso a Atech cuando llegó la columna que repudiaba la decisión gremial de aceptar la oferta salarial.

EL NUEVO

Por el lado del gobierno, Capitanich puso en la cancha al pibe nuevo de su equipo, Santiago Pérez Pons, quien ahora concentra en un mismo ministerio a Economía, Infraestructura y Planificación. Como se sabe, el muchacho, conocido del gobernador desde la infancia allá en Sáenz Peña, formaba parte del staff del ministro nacional Martín Guzmán, y dejó su lugar en el grupo encargado de negociar la deuda con el FMI para acudir al llamado que desde Resistencia le hacía su amigo.

Pérez Pons parece liviano pero juega fuerte. Al ver en la negociación docente que el barrilete iba derecho a enredarse en los cables del tendido eléctrico, jugó gambetas viejas y nuevas que le funcionaron bien.

Entre las primeras, el añejo amague de presentar cada propuesta como “la mejor posible”, la última, la máxima alternativa, esa opción que por el épico esfuerzo que conlleva pone a la nave al borde del estallido. Y luego del consabido primer rechazo gremial (porque los sindicatos tienen demasiado conocido el truco), la aparición mágica de... una nueva propuesta.

La mejorísima, la que sólo se podría superar a costa de que todo el universo girase en remolino cada vez más vertiginosamente hasta irse por el orificio de desagüe de una bañera.

Por eso, lo que definió las cosas fue su carta novedosa. Primero advirtió que la reticencia sindical a cerrar trato iba a impedir que los docentes cobrasen sus aumentos con los sueldos de marzo.

Y, para completar, anunció un adelantamiento casi inédito de los plazos habituales de acreditación de los salarios estatales: para los activos, todos los sueldos se habilitarán juntos el próximo miércoles 31, sin que importe la terminación del documento de identidad. Es prácticamente una semana antes que las fechas habituales de pago.

De paso, agregó que si no había consenso se descontarían los días de paro de los docentes que adhiriesen a las medidas de fuerza y se instrumentaría una bonificación por presentismo, idea que para los gremios es kriptonita pura.

Los maestros vieron el conjunto (que iban a ser los únicos que el 31 percibirían sus remuneraciones sin cambios en los montos, que iban a perder los días en que hicieran huelga, que iban a tener que mostrar asistencia perfecta para acceder al cobro del presentismo), y comenzaron a pedir a sus dirigentes que aceptaran la oferta.

“Pero a muchos les cuesta decir eso porque los combativos de sus escuelas los tratan de traidores”, contaba ayer una figura del mundo gremial para explicar la multiplicidad de factores que intervienen en decisiones como la de la semana que pasó. En esa lista anotan también un marcado activismo del radicalismo instando a ir por mucho más de lo que proponía el Ejecutivo.

¿FINAL FELIZ?

Lo que vino después es lo más conocido. Los gremios, excepto Federación Sitech, firmaron el entendimiento y mañana habrá clases (pese a todo, los sindicatos, en conjunto, intentarán que la divergencia actual no fracture definitivamente al Frente Gremial, que al fin de cuentas recuperó para maestros y profesores una parte de la potencia sindical de otros tiempos).

¿Es un final feliz? Seguro que no. Es, a lo sumo, un primer paso para la normalización de un sistema educativo que necesita mucho más que esto. El sondeo realizado por NORTE la semana pasada entre padres, para conocer cómo recibirán clases sus hijos en las escuelas primarias, muestra la increíble desigualdad que habrá en el acceso a la enseñanza, tanto en instituciones públicas como privadas.

Hay chicos que tendrán clases presenciales todos los días (en las escuelas privadas más caras de la provincia, con cuotas que rondan los 15.000 pesos mensuales), otros que asistirán a sus aulas dos o tres veces a la semana (algunos dos horas en cada ocasión, otros tres, otros cuatro), y un lote que se verá cara a cara con sus maestras apenas un par de veces cada mes. Todos, el resto de los días hábiles tendrán (o no, si carecen de la tecnología necesaria en su hogar) clases virtuales o ni siquiera eso: sólo tareas enviadas por Whatsapp. Es una rodada más hacia abajo de un sistema empobrecido, del cual se puede decir que se gestiona apenas la punta del iceberg.

El drama de la educación es mucho más que el recurrente conflicto sindical del sector, y ni hablar de la dimensión que esa afirmación tiene en un lugar como el Chaco, marcado por las carencias. Los chicos de la provincia necesitan y merecen mucho más que lo que se logró anteayer. Que es un avance, sí, sobre todo porque la propuesta, en caso de ser cumplida por el gobierno, garantiza una recuperación del valor real de los salarios docentes. Porque, ¿qué se puede esperar de una escuela cuyos maestros perciben haberes que ni siquiera superan la línea de pobreza?

Según fuentes gremiales, nueve de cada diez están en esa situación. Por eso, el ardid del gobierno de jugar con los niveles de necesidad de los docentes y sus familias para apalancar la aceptación de su ofrecimiento puede ser visto como un acto de astucia pero también como una vileza. Especialmente cuando pensamos en los maestros que viven su trabajo como un compromiso de inmensa proyección social. Que no son todos, pero son las otras grandes víctimas de esta historia.

Es probable que lo más importante del entendimiento reciente sea que genera, mínimamente, un espacio para salir de lo urgente e ir a lo importante. La educación de los niños y los jóvenes del Chaco amerita la decisión política –porque lo que se necesita como punto de partida no es otra cosa que eso- de un acuerdo grande, abarcativo de todo lo que debe significar el funcionamiento exitoso de una comunidad escolar: enseñanza de calidad, chicos sin hambre, docentes bien formados y bien remunerados, lineamientos dirigidos a que el niño, cuando sea un joven, pueda dejar atrás el sistema y se halle en condiciones de acceder a un empleo digno o de iniciar una carrera superior con chances verdaderas de éxito.

Todo eso puede sonar meramente declamatorio o tontamente utópico, pero si es así es porque nos hemos acostumbrado a esperar lo menos. “Suelten la imaginación”, nos decían nuestras maestras en la esperada hora del “dibujo libre”. Entonces, busquemos los lápices y empecemos a dibujar.