Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarionorte.com/a/203351

“Hay que buscar un equilibrio para vivir en armonía con la naturaleza y los sistemas productivos”

El investigador de la UNNE en Genética y Biología Molecular, Horacio Lucero, planteó con preocupación un problema sanitario creciente a causa de los plaguicidas utilizados en la producción agropecuaria. 

Investigadores y profesionales de la salud volvieron a plantear –con evidencias científicas- una situación sanitaria grave y creciente en la salud de la población a causa de los plaguicidas utilizados en la producción agropecuaria.

Si bien estas denuncias se expresan en diferentes escenarios más a menudo de los que se tiene registro, no consigue por el momento en los sectores decisores una aplicación y control estrictos de las normas vigentes.

“Hay muchas evidencias científicas que demuestran que esto es un problema transgeneracional, ya que se puede transmitir a las generaciones venideras”, dijo Horacio Lucero sobre el efecto de los agroquímicos en la salud de la gente. (Foto: Natacha Espinoza). 

El último escenario de debate fue la Segunda Jornada sobre "Agroquímicos Plaguicidas. Verdades sobre Derivas y Daños a la Salud", organizada en los primeros días de marzo por Bios Argentina Nodo Tandil, con el auspicio de la Sociedad Argentina de Pediatría-Filial Tandil y el apoyo de la Red Internacional de Eliminación de Contaminantes Orgánicos Persistentes.

Uno de los disertantes invitados fue el investigador de la UNNE en Genética y Biología Molecular, doctor Horacio Lucero, jefe del laboratorio de Biología Molecular del Instituto de Medicina Regional (IMR).

Referente en la lucha contra la utilización sin control de los agroquímicos, Lucero planteó con preocupación un problema sanitario creciente, inocultable y con varias aristas.

El investigador, en su exposición, dejó en claro no querer confrontar con el sector productivo, quien acusa “un ataque directo al crecimiento del país”. 

“No digo que hay que volver a los métodos de producción del siglo pasado, pero sí que hay que buscar un equilibrio que nos permita vivir en armonía con la naturaleza y los sistemas productivos. Hay muchas evidencias científicas que demuestran que esto es un problema transgeneracional, ya que se puede transmitir a las generaciones venideras”, sostuvo Lucero.

Evidencias científicas 

Respecto a las evidencias científicas existentes, mencionó el trabajo desarrollado con especies centinelas, a cargo del doctor Rafael Lajmanovich (UNL), que encontró malformaciones en anfibios muy parecidas a las que se encuentran en los niños.

La exposición ambiental a los plaguicidas produce efectos biológicos que pueden ser agudos o crónicos. Hay un test de genotoxicidad que se realiza en laboratorio para medir la toxicidad crónica. Es importante este estudio porque nuestro organismo está expuesto a un paquete de sustancias –no solo agroquímicos- que pueden cambiar nuestro material genético”, explicó Lucero.

“Se sabe que la exposición repetida a bajas dosis afecta a todos los órganos del cuerpo, inclusive puede aumentar la manifestación de enfermedades genéticas, aun en generaciones posteriores”, agregó.

Como parte del panel también estuvieron presentes el doctor Jorge Cabana, miembro del Comité Nacional de Salud Infantil y Ambiente, y la doctora Cristina Rondoletti, médica clínica con orientación en Endocrinología y Metabolismo.

 

Cuando el factor medioambiental incide en el período fetal, hay malformaciones menores, como labio leporino, paladar hendido y alteraciones en genitales. 

 

La experiencia en el laboratorio chaqueño 

El doctor Lucero relató la experiencia vivida en el laboratorio con casos de teratogénesis, es decir, malformaciones en personas que se dan en la etapa de formación embrionaria. Técnicamente estos casos se producen cuando la cadena de ADN pierde su coraza proteica y le permite replicarse. En esa etapa, los agentes medioambientales pueden producir alteraciones muy graves ocasionando las malformaciones.

“Las sustancias que pueden alterar el ADN tendrán efectos diversos según el período de formación del embrión en el que actúen. Si se da en las dos primeras semanas, el embrión se perderá, con un aborto espontáneo. En otras etapas puede alterar el sistema nervioso central, la morfología cardiaca, los miembros superiores, la visión, etc. Cuando el factor medioambiental incide en el período fetal, hay malformaciones menores, como el labio leporino, paladar hendido, y alteraciones en los genitales”, explicó el doctor Lucero.

“Llevo estadísticas de estudios de cariotipo en el laboratorio. Este análisis permite ver las anomalías cromosómicas. Curiosamente, un gran porcentaje de los pacientes les daba un estudio cromosómico correcto, pero físicamente presentan serias malformaciones”, contó. 

Daño genético 

Un estudio presentado por el equipo del doctor Lucero y que fue premiado en el Congreso Nacional Bioquímico demostró una estimación del daño genético en personas expuestas a productos químicos y agentes “genotóxicos”, es decir aquellas sustancias que pueden unirse directamente al ADN causando mutaciones que pueden derivar o no en enfermedades oncológicas.

El estudio se realizó en 10 pacientes, de los cuales 5 están regularmente expuestos a los agroquímicos en zonas productivas del Chaco y los restantes 5 -habitantes regulares de la ciudad de Resistencia- fueron tomados como “grupo control”.

Los resultados arrojaron un curioso detalle: se hallaron rastros de Glifosato y AMPA en todas las muestras de orina, incluso en las personas del grupo control que vivieron siempre en la ciudad de Resistencia. Según el equipo de investigadores “esto abre la hipótesis de que la vía de ingreso de estos agroquímicos sería a través de los alimentos contaminados”.

 

Nuestro organismo está expuesto a un paquete de sustancias –no solo agroquímicos- que pueden cambiar nuestro material genético. 

 

No es relato 

En un par de oportunidades, el investigador de la UNNE dejó en claro que sus descripciones no formaban parte de un relato. “Estamos con un problema muy serio, al que tenemos que encontrarle una solución entre todos, incluida la gente del campo. No son contra un sector estos pronunciamientos públicos, sino a favor de todos”, resaltó. 

Para Lucero, el efecto de los agroquímicos en la salud, además de ser un problema negado por distintos sectores, “es silenciado por los medios de comunicación y está impuesto por el cambio de modelo agropecuario, que llevan al incumplimiento de muchas leyes vigentes que son perfectibles, pero que, si se respetaran, serían de gran protección para la salud de la población”.

Este llamado de atención que esgrime desde hace más de 10 años desde el sector científico y de la salud, también fue reconocido por el INTA en un documento elaborado en el 2015. En ese dossier sugieren textualmente: “Informar a los organismos decisores de políticas públicas los resultados que obtenemos, para asegurar la producción de materias primas y alimentos sin afectar la salud de la población”.

También datos disponibles a nivel internacional como el registro de la ONU de la Relatora para la Alimentación y Agricultura de la FAOSTAT, da cuenta del incremento del uso de plaguicidas en la Argentina en el período 1990-2015. Ese crecimiento exponencial es a expensas de los herbicidas, dentro de los cuales está el glifosato, agroquímico cuestionado por sus volúmenes de uso.

De igual forma, un trabajo publicado recientemente por el Centro Latinoamericano de Investigaciones Agroecológicas, señala que en todo el mundo se aplican 2300 millones de kilogramos de pesticidas cada año, menos del 1% de los cuales alcanza las plagas objetivo. La mayoría termina en los sistemas de suelo, aire y agua, causando daños ambientales y en la salud pública.

“Sin dudas el método más eficaz para reducir la exposición a los productos químicos tóxicos, es abandonar la agricultura industrial. El modelo agrícola dominante resulta sumamente nocivo, no solo por el daño que causan los plaguicidas, sino por los efectos en el cambio climático, la pérdida de diversidad biológica y la incapacidad para asegurar la soberanía alimentaria”, concluyó Lucero.