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Charla con Ignasi Blanch

"Un ilustrador acentúa la mirada del lector”

Acaba de salir una nueva edición del libro “Cartas a un joven poeta” de Rainer María Rilke con ilustraciones de Ignasi Blanc, quien habló con Chaqueña sobre sus comienzos en el dibujo y cómo se conectó a la obra de Rilke.

Tapa del libro de Rainer María Rilke con ilustraciones de Blanch. La editorial española estima que en cuatro o cinco meses el libro ya estará disponible en la Argentina.

Es nativo de Roquetes, Tarragona. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, continuó sus estudios en Berlín, donde se especializó en técnicas de impresión y grabado en el centro Künstlerhaus Bethanien. Actualmente vive y trabaja en Barcelona como ilustrador.

Hace unos años, Karim Quiroga escribía una columna para el diario El Espectador de Colombia en la que hablaba sobre la película Jojo Rabbit y su conexión con los poemas de Rilke. “La poesía es el mejor salvoconducto para la guerra; a ella te arrojas para que te cobije sobre un lecho de rosas o te mastique y escupa sobre la hierba mojada”, escribió Karim y coincidimos plenamente. Se conecta con la palabra poética de Nicanor Parra: “Para nuestros mayores / la poesía fue un objeto de lujo. / Pero para nosotros / es un artículo de primera necesidad: / No podemos vivir sin poesía”. 

Así, cuando alguien vuelve a traernos a un poeta como Rilke, todos giramos la cabeza y vamos hacia allá. El dibujante, ilustrador, Blanch ha recibido multitud de galardones, como el Premio Crítica Serra d’Or 2006, el Premio Llibreter de Álbum ilustrado 2008. En 2009 fue seleccionado en la Bienal de Bratislava por Alicia y el país de Maravillas y en 2013 por Mujercitas, entre otros. Llevan ilustraciones de Ignasi Blanch libros como El gran Gatsby de Francis Scott Fitzgerald, Lady Macbeth de Mtsensk de Nikolái Leskov, El rei granote de Ramón Besora, entre muchos otros.

“Con las ilustraciones de Rilke intenté transmitir la importancia de no buscar a los validadores fuera de uno mismo. Busqué transferir la necesidad de desprenderse de todo para reencontrarse con el niño que llevamos dentro”, sostuvo Ignasi Blanch.

Hay un libro que marcó un antes y un después: Alicia en el País de las Maravillas. Lo hice para la editorial La Galera y fue generado por una ilusión, mi pasión por Lewis Carroll y Alicia.  Fue un libro que acentuó mi registro gráfico, dibujando a lápiz, sin concesiones. Además gustó y funcionó. Lo pensé con Ángel Burgas, con el que comparto proyectos y también la vida. Él escribe y yo dibujo. Alicia fue un proyecto de los dos y el texto de Ángel es muy bonito para ilustrar. Creo que es un libro que marcó un antes y un después en mi carrera profesional y en mi forma de trabajar. Siempre hablo de esta obra como un referente personal muy importante”, explicó Blanch a Diario 16.

Nos abocamos al material más reciente y más nuevo y a los próximos proyectos. Acaba de editarse en España y dentro de cuatro o cinco meses llegará a la Argentina el libro Cartas a un joven poeta, de Rilke, con las ilustraciones de Blanch. Aquí desanda sus comienzos y nos cuenta como se conecta con la obra que va a ilustrar. 

—¿Cómo nació tu pasión o vocación por el dibujo, por las ilustraciones? 

—Dibujo desde muy pequeño. Dibujaba a todas horas y en todas partes, en las libretas de mis hermanos, en las paredes de mi casa, en los márgenes blancos de los libros de la escuela. Tuve la suerte de tener unos padres que me dieron siempre su apoyo para dirigir con cariño mi actitud visceral hacia unos estudios en la universidad que me facilitaron mi profesión. 

También en el camino tuve el apoyo de grandes docentes, cómo la escultora Cinta Sabaté. En la universidad de Bellas artes, la ilustración no era, ni es, una disciplina demasiado respetada. Terminada la carrera, me desplacé a Berlín, donde residí tres años estudiando técnicas de grabado e impresión gráfica. Al regresar empecé, poco a poco, a publicar mis dibujos en editoriales.

—¿Cómo fue tu acercamiento a la editorial y qué significa hacer ilustraciones para libros? 

—Mi generación es de gente que ha ido creciendo paralelamente a sus publicaciones. Primero empezábamos ilustrando libros de texto para las escuelas. Después literatura juvenil con ilustraciones en blanco y negro. Luego, poco a poco, ilustraciones en color, hasta los libros-álbum en formato especial y con toda la libertad propia del ilustrador-autor. 

Ilustrar libros significa poder dar una segunda voz al texto que acompaña. Ilustrar sirve para acentuar la mirada del lector frente al reto diario que nos plantea la vida. El ilustrador es como un director de cine: escoge los personajes, el escenario, controla las luces y destaca la narrativa mediante unas ilustraciones que, a modo de secuencia, explican acontecimientos y transmiten emociones.

—¿Cómo te conectás con la obra que vas a ilustrar? ¿Leés el libro, la biografía del autor, por dónde pasa la conexión? 

—Desde una lectura profunda y desde cierto enamoramiento de la obra o de los personajes. La conexión pasa por conocer un poco más la obra del autor y el sentido de sus libros. Personalmente necesito un tiempo de concentración, mucho silencio y revisitar el texto desde la soledad y la introspección.

—Vamos al libro de Rilke, ¿hubo ensayos antes del trabajo que llegó al libro? ¿Cómo definiste estas ilustraciones? 

—Recibí el encargo hace ya seis años. Fue en una presentación en una biblioteca de Barcelona del libro Lady Macbeth de Mstensk de Nikolái Leskov, editado por Nórdica libros. En la charla yo nombré el clásico de Rilke, y al terminar el editor me propuso ilustrarlo. Han pasado muchos años y yo no he dejado de ilustrar hasta que llegó justo el momento adecuado y ha sido ahora.

Para definir mi trabajo en un texto epistolar como el de Rilke, intenté buscar la idea principal que me transmitía la lectura repetida de las cartas. Siempre vivo el proceso de la ilustración como una acción artística que me hace vivir otros momentos, que pueden ser complementarios al trabajo final. En este caso trabajé con un muchacho modelo para las sesiones de dibujo en la escuela de ilustración donde imparto clases. Realicé fotos y también hice algunos dibujos en directo para tener una imagen cercana al joven poeta protagonista del libro.

—¿Qué buscaste transmitir con estas ilustraciones? 

—La importancia de no buscar a los validadores fuera de uno mismo. Busqué transferir la necesidad de desprenderse de todo para reencontrarse con el niño que llevamos dentro. Esta idea creo que es la que recordamos la mayoría de lectores cuando entramos en Las Cartas a un joven poeta.

—¿Hubo alguna carta que te haya gustado o atrapado más que otras? ¿Tenés algún poema preferido?  

—En este fragmento de la primera carta queda reflejada mi opción:

“Pregunta usted si sus versos son buenos. Me pregunta a mí. Antes ha preguntado ya a otros. Los envía usted a revistas. Los compara con otros poemas y se pone usted nervioso cuando algunas redacciones rechazan sus intentos. Ahora bien, dado que usted me ha permitido aconsejarle, le ruego que renuncie a todo eso. Mira usted hacia fuera y eso, sobre todo, es algo que no debería hacer ahora. Nadie puede aconsejarle ni ayudarle, nadie.

No hay más que un único medio. Adéntrese en usted. Escrute el fundamento que para usted supone escribir; compruebe si extiende sus raíces hasta el lugar más profundo de su corazón, reconozca si se moriría usted si le prohibieran escribir. Pero, sobre todo, pregúntese en la hora más silenciosa de la noche: «¿Tengo que escribir?». Excave en su interior en busca de una respuesta profunda. Y si esta fuera afirmativa, si usted pudiera enfrentarse a esta grave cuestión con un enérgico y sencillo «tengo», entonces construya su vida en función de esa necesidad; hasta en la hora más nimia e indiferente su vida tendrá que ser señal y testimonio de ese impulso”.

En relación a los poemas, creo que estos están escritos para que yo los pueda ilustrar con todo mi compromiso. Uno de ellos lleva por título Canción de amor y el otro El ángel protector (ver recuadros).

—Sobre el próximo libro que vas a ilustrar, de Thoureau, ¿cómo estás  trabajando y que buscás trasmitir? 

—Ahora mismo acabo de ilustrar a Dostoyevski, Crimen y castigo y El jugador. Ahora voy a empezar con una versión ilustrada en blanco y negro del libro Walden, de Thoureau. Curiosamente en los últimos encargos de las editoriales recibo libros donde los protagonistas son hombres que viven al límite o muy cerca, sienten muchas dudas o toman decisiones, no siempre las más correctas. Estoy seguro que el protagonista de Walden va a ser un nuevo modelo de hombre a tener en cuenta. Podría subrayar su actitud de introspección y reflexión vinculada con la naturaleza que nos es muy necesaria en este momento que vivimos.

Dos poemas de Rilke

Canción de amor

¿Cómo sujetar mi alma para

que no roce la tuya?

¿Cómo debo elevarla

hasta las otras cosas, sobre ti?

Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido, en un rincón extraño y mudo

donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.

Pero todo aquello que tocamos, tú y yo, nos une, como un golpe de arco,

que una sola voz arranca de dos cuerdas.

¿En qué instrumento nos tensaron?

¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido? ¡Oh, dulce canto!

 
El ángel protector

Tú eres el ave cuyas alas vi

al despertar llamando en plena noche,

sólo con mi braceo, pues tu nombre

es un abismo de mil noches de hondo.

Tú eras la sombra en que dormía en calma,

todo sueño levanta en mi tu germen:

tú eras imagen, pero yo soy marco

que te completa en fúlgido relieve:

¿Cómo nombrarte? Mira arder mis labios. Tú eres principio que se vierte inmenso:

yo soy el lento y temeroso «Amén»,

que, tímido, concluye tu belleza.

Del reposo a menudo me sacaste,

cuando me era el dormir como un sepulcro, como perderse y escapar; entonces me alzaste de las sombras de mi pecho queriendo alzarme encima de las torres como pendón bermejo o colgadura.

Tú que hablas del milagro como ciencia y de los hombres como melodías y de las rosas, de esos resultados que se cumplen con fuego en tu mirada;

tú, feliz, ¿cuándo nombras una vez

al que en su día séptimo y final

dejó siempre perdido su fulgor

en tu aleteo? ¿Mandas que pregunte?

 

Rainer Maria Rilke 

(Praga, 1875 - Montreux, 1926) Escritor checo en lengua alemanam en la que fue el poeta más relevante e influyente de la primera mitad del siglo XX. Amplió los límites de expresión lírica y extendió su influencia a toda la poesía europea. Tras abandonar la Academia Militar, ingresó en la Escuela de Comercio de Linz y posteriormente estudió Historia del Arte e Historia de la Literatura en Praga. Residió en Múnich, donde en 1897 conoció a Lou Andreas-Salomé, quince años mayor que él, quien tuvo influencia decisiva en su pasaje a la madurez.

Cartas a un joven poeta 

Esta es la obra que contiene el mensaje más profundo para todos aquellos que sientan de un modo u otro la llamada de la poesía y del arte. Rilke da forma en sus cartas a su concepción de la vida, la literatura, el arte y la religión. Lo hace estimulado por la correspondencia con Franz Xaver Kappus (1883-1966), un joven cadete de la Academia Militar de Wiener Neustadt, aspirante a poeta, que le recuerda mucho a sí mismo.

Las cartas verán la luz en 1929, tras la muerte del poeta, en un volumen separado del resto de su correspondencia, Muestra a los lectores la modernidad de su autor en unos momentos en los que ideologías tan nocivas para la individualidad como el comunismo y el nacionalsocialismo iban ganando cada vez más terreno.

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