Piden seguridad a Gendarmería en la causa por Sebastián Ponce de León
Un pedido realizado a la Fiscalía de Derechos Humanos formuló la querella de la causa por la muerte del joven a manos de policías.
En un escrito presentado por la querella particular, la familia de Sebastián Ponce de León, presuntamente muerto a causa de las torturas sufridas a manos de miembros de la Policía del Chaco, solicitó a la Fiscalía Especial de Derechos Humanos que sea la Gendarmería Nacional la que intervenga en la continuación de la investigación penal preparatoria.

Además, pidieron que se garantice la seguridad de denunciantes, familiares, testigos y de los profesionales que los representan.
La familia de Sebastián solicitó la aplicación de la Ley 27372, Ley de Derechos y Garantías de las Personas Víctimas de Delitos, y reclamaron que se disponga en la presente causa “todo lo que tenga que ver con la seguridad de la denunciante, los familiares, testigos y profesionales intervinientes, en razón de que las personas involucradas como supuestos autores son funcionarios de la Policía de la Provincia del Chaco. Concretamente, requirieron la intervención de la Gendarmería Nacional para continuar con la investigación penal preparatoria de estas actuaciones, así como para brindar protección a los denunciantes, testigos y profesionales querellantes”.
En el escrito presentado ante la Fiscalía se informó que los familiares que hicieron la denuncia “han sido y siguen siendo víctimas de acoso policial, lo cual fue puesto en conocimiento del Consejo Provincial de la Tortura que realizó la pertinente denuncia”.
Igualmente, si fuera necesario, la familia aclaró que “es obligación y responsabilidad del tribunal garantizar la seguridad de la denunciante, familiares y testigos”.
EL CASO
Sebastián Ponce de León fue detenido el 31 de enero de 2019 en una casa de la localidad de Barranqueras y sometido a torturas. Diez días después, falleció en el Hospital Perrando como consecuencia de los apremios recibidos. Los familiares y amigos que llegaron a verlo en los días de internación declararon que él les contó que había sido objeto de interminables vejámenes.
Todos esos testimonios coinciden en que Ponce de León no se podía explayar demasiado en sus relatos, en parte por los intensos dolores que sufría y en parte porque estaba bajo custodia de la policía, incluso a veces vigilado por uno de los efectivos que él sindicaba como participantes de los castigos.
El 10 de febrero, el joven -padre de una niña- falleció. Para entonces ya se había puesto en marcha una cadena de encubrimientos.
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