El primer manual de un automóvil
Aunque el ser humano es considerado como el ente vivo más inteligente en la Tierra su proceso de aprendizaje tiene vaivenes y aunque algunos se destacan por inventar y descubrir la mayoría de los mortales pertenecemos al grupo que aprende de aquellos. No siempre la tarea es sencilla.
Cada vez que se nos ofrece una nueva pieza de tecnología, hay caos y confusión sobre su utilidad y el modo de uso. Cuando Karl Benz presentó el Benz Patent-Motorwagen en 1886, la gente quedó confundida.

¿Cómo se suponía que esta máquina de aspecto extraño se ponía en movimiento? ¿Y cómo se mantenía dicho movimiento? ¿Qué había que hacer exactamente para pasar de un punto A a un punto B? El vehículo a motor personal era algo tan nuevo en ese entonces que se hacía necesario un tutorial, y tal vez incluso una mano amiga dedicada, para ponerlos en movimiento. Era tecnología alienígena.
Uno de los defectos que tenemos es no leer los manuales, y esto es válido para todo, desde una modesta placa de red para la computadora al último SUV de Audi. Tenemos la impronta primate de ir tocando todo para “ver qué sucede” y meternos en enormes problemas que -y lo sabemos- está en alguna página del manual que quedó en el fondo de la caja o en la gaveta del auto.
Como todo primate cuando ya nada funciona acudimos a la imitación, pedir ayuda a alguien que parece haber superado la experiencia para hacer lo mismo y -con eso-darnos por satisfechos hasta el próximo problema que suele devenir de no haber leído el manual en esa página clave.

Cuando Karl Benz vio que su creación era algo totalmente incomprensible para los adinerados que la adquirían tomó imágenes de la patente del vehículo y le agregó instrucciones para tener una idea de dónde estaban ubicados todos los componentes del vehículo y lo que hacía cada uno de ellos para poder iniciar (o detener) la marcha.
Ese primer manual apareció en el Museo Automotriz de la Fundación Simeone de Filadelfia (Pensilvania, EE. UU.) y tiene imágenes extraídas de la patente original del Benz Motorwagen de 1886 acompañadas de textos cortos y concisamente alemanes que se cree fueron redactados por el mismísimo Karl.
El primer auto
El Motorwagen está considerado el primer automóvil de venta al público. No tenía gaveta pero no quedan dudas que una vez popularizado muchos aprendieron a manejarlo preguntándole a otro dueño mientras el pequeño librito impreso en blanco y negro descansaba en alguna parte de la casa.

Tampoco es que había mucho para saber, no existían esos complejos sistemas de ayuda a la conducción y sistemas de sonidos y conectividad actuales.
El pequeño Motorwagen tenía tres ruedas y estaba hecho con de tubos de acero y paneles de madera, mientras que las ruedas de rayos de acero iban calzadas por neumáticos de caucho macizo; la dirección era de cremallera dentada, la suspensión era de eje rígido con muelles elípticos y la transmisión de una sola velocidad era por cadena.
El motor era un monocilindro de cuatro tiempos de 954 centímetros cúbicos, capaz de llegaron a los 0.9 caballos de fuerza a 250 revoluciones por minuto, contaba con un volante de inercia horizontal; todo el conjunto motriz pesaba unos 100 kilogramos.
Algunas cosas se fueron actualizando con posterioridad, como el cárter abierto, el sistema de lubricación por goteo y la alimentación por fibras empapadas, todo lo cual era descripto en los manuales posteriores.










