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Los 30 años del Mercosur

El 26 de marzo próximo se cumplen 30 años de la firma del Tratado de Asunción, el acuerdo que permitió poner en marcha el Mercosur, y la Argentina será sede de los actos conmemorativos. La confirmación de la participación en el encuentro del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, genera nuevas expectativas ante la posibilidad de profundizar la integración regional.

Tres décadas son más que suficientes para madurar ideas, pulir diferencias y llegar a acuerdos entre los países de la región. Pero en América Latina, por diversos motivos —tanto endógenos como exógenos a cada una de las naciones que integran el bloque regional— todo parece demandar más tiempo. Nadie ignora que hace ya bastante tiempo que se están gestando nuevas arquitecturas de poder a escala mundial y lo que la pandemia hizo, en todo caso, fue acelerar una serie de transformaciones que darán luz a lo que algunos llaman el nuevo sistema mundo, o como prefieren denominar otros, un nuevo orden mundial. En ese nuevo escenario, en el que China emerge como una de las grandes potencias del siglo XXI (el gigante asiático está decidido en liderar la fabricación de automóviles, la industria farmacéutica y los proyectos de inteligencia artificial, por mencionar solo unos pocos ejemplos) en esta zona del planeta se impone la imperiosa necesidad de la conformación de un bloque regional. ¿Habrá comprendido esto el presidente Bolsonaro y por eso aceptó estar personalmente en los festejos del 30 aniversario del Mercosur en Buenos Aires, dejando de lado las diferencias ideológicas con el anfitrión, su par argentino Alberto Fernández? Es difícil saberlo, pero todo parece indicar que el mandatario brasileño —que a poco de asumir amenazó con retirar a su país del bloque— escuchó a los asesores que están más que convencidos que no es un buen negocio aislarse en la región, y menos aún sumar motivos para generar conflictos con los vecinos. De todos modos, con una figura polémica como Bolsonaro, nunca se sabe.

Pero el Mercosur, como se sabe, es más que Argentina y Brasil, y por eso también participarán de los actos por el 30° aniversario los presidentes Mario Abdo Benítez, de Paraguay; y Luis Lacalle Pou de Uruguay, en representaciones de sus respectivos países que son miembros plenos del bloque regional. Según se informó, también se enviaron invitaciones a Sebastián Piñera, presidente de Chile, país asociado al Mercosur; y al mandatario boliviano Luis Arce, cuya nación está en proceso de adhesión como miembro pleno.

¿Hay motivos para creer que el Mercosur puede consolidarse? Sí. Hay datos objetivos que inclinan la balanza en favor de los optimistas: hoy no existe ninguna hipótesis de conflicto entre los países que son miembros plenos del bloque regional, de manera que en un escenario sin ese obstáculo hay más probabilidades de avanzar en las negociaciones. Ojalá esta vez se imponga el espíritu de integración que caracterizó a los entonces presidentes de Argentina y Brasil, Raul Alfonsín y José Sarney, respectivamente, cuando suscribieron la Declaración de Foz Iguazú, el 30 de noviembre de 1985, que sentó las bases del actual Mercosur, y que se deje de lado la ingenuidad de pensar que cada país por sí solo podrá negociar solo con las naciones más poderosas del planeta, muchas de las cuales pasaron sin escala de las ventajas que le aportó un pasado colonial a gozar de los beneficios de una interdependencia asimétrica, donde América Latina, por supuesto, siempre llevó la peor parte. Europa sabe mucho de eso. El destacado economista alemán Georg Friedrich List lo resumió de la siguiente manera: “Una vez que se ha alcanzado la cima de la gloria, es una argucia muy común darle una patada a la escalera por la que se ha subido, privando así a otros de la posibilidad de subir detrás”. Los países que forman parte del Mercosur tienen por delante el enorme desafío de comenzar a pensar en función de los intereses propios de la región. Lo que sucede con las vacunas contra Covid-19 demuestra hasta dónde llega la “solidaridad” de los países del centro con los de la periferia: el 75 % de las inmunizaciones aplicadas hasta el momento se ha concentrado en tan sólo diez naciones, todas ellas desarrolladas.

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