Ciudades para la gente
A un año de la llegada del Covid-19 a la provincia, la emergencia sanitaria pone de relieve la necesidad de repensar el diseño de las ciudades, para que sean más habitables y más saludables. Un enorme desafío para los profesionales del diseño, el urbanismo y la arquitectura y también para quienes tienen la responsabilidad de impulsar políticas públicas que mejoren la calidad de vida de la gente.
“Ahora más que nunca es importante que no volvamos al statu quo anterior a la pandemia y que, en su lugar, transformemos las ciudades en todo el mundo para que, en el futuro, sean resilientes, inclusivas, ecológicas y sostenibles desde el punto de vista económico”, señala el informe “Covid-19 en el mundo urbano” que presentó en julio de 2020 la Organización de las Naciones Unidas en el que plantea que la emergencia sanitaria global demostró la necesidad de buscar nuevas respuestas para el diseño urbanístico y la arquitectura pública.
Según la ONU, el 90 por ciento de los casos registrados de personas afectadas en todo el mundo por el nuevo coronavirus se dieron en ciudades. En otras palabras, las zonas urbanas fueron el epicentro de la pandemia.
En nuestra provincia la mayoría de las ciudades, por no decir todas, fueron creciendo en forma desordenada. El Gran Resistencia, por ejemplo, tiene una larga lista de complejos problemas por resolver y en buena medida muchos de ellos todavía no fueron superados porque todo este tiempo se pensó en las diferentes ciudades que conforman el área metropolitana como compartimentos estancos.
Se supone que la gente elige vivir en ciudades porque cree que en ellas llevará una vida mejor. Pero la concentración de personas en un mismo espacio no siempre es sinónimo de calidad. Desde el punto de vista económico, la aglomeración en gran escala puede significar hasta cierto punto una ventaja en cuanto al dinamismo del mercado local, que puede ofrecer a los consumidores una amplia variedad de productos y servicios, pero eso por sí solo no garantiza mayor calidad de vida. Tener acceso a una computadora o un celular de última generación en una tienda local, o a un servicio de internet de banda ancha no se traduce automáticamente en bienestar colectivo si el tránsito es un caos, si el transporte público es lo más parecido a un castigo, o si se vive en un barrio donde se resiente la vida social y las relaciones de vecindad porque nadie puede disfrutar de espacios verdes, o existe una falta de conciencia sobre la necesidad de no arrojar basura en lugares no habilitados. Cualquier estudioso del urbanismo lo sabe: la vida de las personas está estrechamente ligada al espacio físico donde transcurren sus horas.
Así como la irrupción del coronavirus impuso la distancia interpersonal como medida para prevenir contagios, eso obliga a repensar cómo serán los espacios públicos en nuestras ciudades en la pospandemia de manera tal que aseguren una adecuada circulación de personas que permita respetar las medidas de distanciamiento. Habrá que pensar también soluciones para los sectores más vulnerables que padecen el déficit de viviendas y tienen dificultades para acceder a los servicios básicos. Dicho de otro modo, habrá que pensar ciudades para la gente, más saludables, más inclusivas, que merezcan ser vividas, y eso implica ir dejando atrás el modelo de los conglomerados urbanos que fueron proyectados casi exclusivamente en función del automóvil.
“Ahora es el momento de repensar y dar nueva forma al mundo urbano. Ahora es el momento de adaptarnos a la realidad de esta pandemia y las pandemias futuras. Ahora tenemos la oportunidad de recuperarnos y mejorar, construyendo ciudades más resilientes, inclusivas y sostenibles”, dijo el secretario general de la ONU, Antonio Guterres.
No es una tarea fácil, por supuesto, y por eso se debe alentar el compromiso de todos los sectores para poder avanzar con los cambios que servirán para elevar la calidad de vida en las ciudades. Debe reconocerse que, lamentablemente, parece que son muchos los chaqueños que todavía no han tomado conciencia de la necesidad de cuidar el ambiente y también los espacios públicos de sus ciudades. Habrá que promover el genuino interés de los vecinos en estos temas que son decisivos y tienen, nos guste o no, una enorme importancia en la vida colectiva.










