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Coexistencia fraterna y diálogo paciente

“La coexistencia fraterna necesita del diálogo paciente. No es una tarea fácil: requiere compromiso por parte de todos para superar rivalidades y contraposiciones”. La frase pertenece al Papa Francisco y la pronunció ayer en la primera jornada de su histórica visita a Irak.

Aunque la cita debe interpretarse en el contexto de esa gira apostólica, también es útil para reflexionar sobre la difícil coyuntura que vive nuestro país, en momentos en que la pirotecnia verbal parece sumar cada vez más voces en distintos sectores de la dirigencia política nacional.

La división binaria y maniquea de la realidad argentina parece ser el deporte favorito de algunas encumbradas figuras políticas del oficialismo y la oposición. Y cuando más difíciles son los escenarios (especialmente en los años electorales), hay quienes disfrutan con la tarea de agitar aguas. No ocurre sólo en la actividad política, por supuesto.

Sucede en todos los ámbitos; y una parte del periodismo y de los medios de comunicación, lamentablemente, parece no poder escapar a esa lógica de confrontación permanente. A

tal punto que algunos comunicadores de los llamados medios nacionales, que llegan a audiencias de todo el país hace un tiempo que comenzaron a ejercer lo que bien se podría denominar “periodismo previsible”, que permite que el lector, televidente o radioescucha sepa de antemano lo que se va a decir en relación a todos, o casi todos, los asuntos de interés público. Esa práctica se ha vuelto tan frecuente que cada vez se aleja más de lo que esperan muchos ciudadanos de la prensa, que no es otra cosa que una invitación a pensar.

Ocurre algo similar en el terreno político, donde escasean propuestas, reflexiones y alternativas a lo que se cuestiona, condena o rechaza del adversario. Ese mundo binario, en blanco y negro, de buenos y malos, de dioses y demonios, está en las antípodas del diálogo paciente y la coexistencia fraterna que propuso el Papa Francisco en lo que es, para algunos observadores, el viaje más difícil e importante de su pontificado.

No se debe olvidar que el nuevo siglo comenzó en la Argentina con una fractura sin precedentes, con altos índices de desempleo y pobreza. Fue en plena crisis de 2001 cuando surgió el “que se vayan todos”, que obligó a iniciar un camino de reconstrucción de la confianza hacia la dirigencia política, una confianza que hoy es necesario recuperar y consolidar para poder salir de la difícil coyuntura que vive el país con pérdida del poder adquisitivo de los salarios, pobreza, desigualdad y una escandalosa deuda externa que hipoteca el futuro de millones de argentinos.

Con este escenario de fondo, el conjunto de la sociedad argentina podría hacer un saludable ejercicio de humildad y reflexionar sobre esta frase que Francisco, el Papa que esperaba un mundo dividido por la violencia y la desconfianza, eligió para dar al país árabe cuando faltan pocos días para un nuevo aniversario de su pontificado, con el claro objetivo de promover la paz con su presencia física, incluso en una de las regiones más conflictivas del planeta.

Jorge Bergoglio no ignora, por supuesto, que la minoría cristiana iraquí sufre muchas persecuciones, siendo la más grave la que provocan los grupos extremistas que operan en esa zona. Con su presencia en Medio Oriente, Francisco quiere dar un claro testimonio de su compromiso en favor de la paz, mostrando al mundo que es necesario superar las rivalidades para poder progresar y construir sociedades más humanas, más fraternas.

En su primer discurso en Irak el Sumo Pontífice también hizo un fuerte llamamiento a la no violencia, para dar paso al diálogo y a la construcción de una sociedad democrática, fraterna y estable.

Como se dijo antes, el mensaje de Franciso debe interpretarse en su contexto, pero eso no significa que las palabras no tengan un alcance universal, es decir que ese llamado también puede aplicarse a todas las naciones del mundo y, por supuesto, también a la Argentina donde las urgencias sociales y económicas obligan a no repetir errores y a apostar por el diálogo sincero para aprender a convivir en la diferencia, respetando la pluralidad de ideas y opiniones.

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