Queen en la Argentina
Fue el primer supergrupo del rock en la cumbre de su fama que llegó a la Argentina. Dejó una huella en el show business local y regional, y una ristra de anécdotas y mitos tras aquella gira de la que hoy se cumplen cuatro décadas.

“Abrir nuevos horizontes” era la consigna de la gira de Queen por la Argentina. La banda liderada por Freddie Mercury disparó el negocio musical basado en gigantescos recitales. La decisión de que “La Reina” tocaría por primera (y única) vez en el país fue azarosa: el productor Alfredo Capalbo, que solo tenía en su haber algunos recitales de Julio Iglesias y Joan Manuel Serrat en el interior del país, viajó a Los Ángeles para intentar contratar a Linda Carter (La Mujer Maravilla) para que encabezara algunos shows en la piel de su personaje, pero la artista pretendía impulsar su carrera como cantante.
“Mi viejo casi lo tira por la ventana al intermediario que lo hizo ir hasta allá”, cuenta, entre risas, Javier “Coqui” Capalbo, hijo del legendario productor argentino, que ofició como mano derecha de su padre en aquel viaje a los EEUU en 1980.
El exrugbier y popular disc jockey de fines de lo ´70´ contó cómo, tras esa decepción, su padre llamó al destacado productor “Beco” Rota, que estaba en Los Ángeles, para almorzar juntos. No sabía que en esa comida el exdirector artístico de Emi Odeón le propondría sumarse a una reunión con Jim Beach, el histórico manager de Queen. “Ahí empezó todo, un proceso desgastante: fue la primera megaproducción en Latinoamérica”, recuerda Coqui Capalbo.

El juego
Queen había iniciado el 30 de junio de 1980 en Canadá la gira presentación de “The Game”, el disco con el que la banda iba a cambiar rotundamente su perfil, saltando en forma audaz de su ecléctico hard-sinfónico-kitsch al ochentista disco-new wave con éxitos como “Crazy Little Thing Called Love” y “Another One Bites the Dust”. Mercury, May, Deacon y Taylor habían cerrado los ´80 en Japón, y el ´81 lo empezarían en Sudamérica, en la Argentina.
Mientras la banda estaba en el territorio del Sol naciente, aquí se producía algo inédito: la venta anticipada de entradas para un show. Hasta entonces, las entradas se sacaban el mismo día en la puerta del sitio del recital. Capalbo, un innovador atento, imprimió entradas con un saludo de fin de año firmado por los cuatro músicos y promocionó que se vendieran como regalo de Navidad.
Antes de que los británicos arribaran al país, una avanzada conducida por Gerry Stickells -el tour manager de la banda-, se reunió con Capalbo para definir detalles técnicos de cada recital: juntos recorrieron los estadios elegidos (Vélez, Mar del Plata, el Gigante de Arroyito y el Chateau Carreras). El de Liniers fue el elegido en Buenos Aires porque “es un anfiteatro” y allí Capalbo había organizado recitales de Julio Iglesias, por lo que tenía muy buena relación con el presidente Ricardo Petracca.

La luz
Un tema crucial era el del suministro eléctrico, ya que el espectáculo de Queen utilizaba enormes equipos de sonido, máquinas de humo y gigantescas parrillas de iluminación, algo que no cualquier estadio soportaría. Eran determinantes las subestaciones eléctricas disponibles en las cercanías.
Coqui Capalbo cuenta que “el costo más grande de toda la gira no fue el cachet de la banda, sino el alquiler y traslado los cableados, que eran de SEGBA”, vitales para que la banda británica pudiera exhibir su arte en el escenario. Y el escenario mismo fue otro de los asuntos en los que Queen marcó un antes y un después: el montaje de las enormes estructuras tubulares demandaban ¡entre 20 y 25 días!
La logística para traer al país los equipos que formaban parte del show fueron otro dato que desveló a los productores argentinos: de Japón partieron dos Boeing 707 con 560 reflectores, siete grúas para ocho parrillas lumínicas de 80 reflectores cada una, 125 bafles-columnas de sonido, y desde Los Ángeles se mandaron por barco ocho columnas para sostén de techo del escenario, bultos de 30.000 kilos”.
Las limusinas
La banda arribó a Ezeiza el 27 de febrero y allí comenzó la historia grande: “Supimos que iba a ser muy excitante desde que aterrizamos. En el aeropuerto no pudimos creer lo que escuchaban nuestros oídos, porque estaban pasando nuestra música por los altavoces”, le contó luego Freddie Mercury a la periodista inglesa Nina Miskow, corresponsal en Argentina de The Sun.
Minutos después de la llegada surgió un insólito imprevisto que provocó una “cagada a pedos” de Jim Beach a Capalbo. “Ellos pidieron una limusina para cada uno. Pero acá no había una para cada uno: apenas conseguimos una. La mandamos a Ezeiza y, después de levantarlos, a mitad de camino el chofer frenó en una estación de servicio a cargar nafta. Fue la cagada a pedos más grande, y creo que la única, de Jim Beach”, rememora Coqui.
La gira argentina tuvo nada menos que cinco recitales, solo en cuatro o cinco países del mundo la banda permanecía tanto tiempo: el 28 de febrero y el 1° de marzo en Vélez; el 4 de marzo en Mar del Plata; el 6, en Rosario; el 8, otra vez en el Amalfitani -este fue transmitido en vivo por Radio Rivadavia y Canal 9-. Más de 200 mil personas acudieron a esos recitales en los que Queen selló un vínculo de por vida con el público argentino.
Amor de mi vida

“Love of my life, can't you see? Bring it back, bring it back, don't take it away from me, because you don't know, what it means to me”. Después de la sexta estrofa, el notable cantante nacido en Zanzíbar se vio desbordado por los espectadores cantando en multitudinario coro la letra de su canción y se rindió: “All yours” (“Todo de ustedes”), dijo, dirigiendo con ademanes la entonación de la preciosa balada mientras Brian May acompañaba con su guitarra.
El líder de la banda, que en la Argentina adoptó el pelo corto por una decisión del peinador Miguel Romano (ver aparte), sintió y sufrió el entusiasmo de los fanáticos locales abajo del escenario: no pudo salir del Hotel Provincial de Mar del Plata para conocer la ciudad. Pero no todo fue desborde: Freddie pudo despejarse y conocer San Telmo, comprar antigüedades coloniales españolas en San Telmo y visitar el Jardín Japonés; los familieros Brian May y John Deacon fueron a la playa en Mar del Plata con su gente; Roger Taylor recorrió el Italpark y anduvo en karting; el presidente de Vélez los agasajó con un asado en el Parque Leloir; y fueron a cenar a “Los Años Locos” y a “Los Viejos Vagones”.
La banda vio con sus propios ojos cómo era la Argentina bajo la dictadura: tuvieron que asistir a una reunión con Roberto Viola, jefe del Ejército y próximo presidente de facto, por pedido del hijo del militar, Roberto Viola (h), habitual contertulio “Los Años Locos”, quien exigió la cita a Capalbo. En cada recital y durante toda su estadía en el país, los músicos británicos fueron celosa (y excesivamente) custodiados por personal contratado por Capalbo y por fuerzas de “seguridad”.
El desfile
Una de las imágenes más notables del paso de Queen por la Argentina es la de la banda subida a un vehículo militar a la salida de un recital en Vélez, ya que por la cantidad de gente en las afueras del estadio se complicaba sacarlos del lugar individualmente en los autos de cada uno. En la web se encuentran fotos en las que se ve a un hombre flaco, de bigotes, al lado de Freddie Mercury. Se creía que era un “doble de riesgo”, pero se trataba de Jorge Fregonese, cuidador de caballos amigo de Capalbo, que ofició de traductor.
Otra anécdota Queen en la Argentina es la aparición de un joven Diego Maradona en el escenario para presentar “Otro muerde el polvo” (“”Another one bites the dust2), un hit de las disco ochentistas en medio de la ovación del público y antes de que el bajo de Deacon introdujera la voz de Mercury. Las fotos del backstage con “El Pelusa” luciendo una camiseta con la “black jack” son una referencia de aquel encuentro, originado en el fanatismo de Jim Beach (un adelantado) por el futbolista argentino.
Cuando la banda se fue a Brasil para continuar su gira, le preguntaron a Freddie si estaba sorprendido por los cientos de miles de fanáticos que se habían acercado a verlo en el Morumbí: “Sí, pero nada se compara con la Argentina”, dijo.
Queen estuvo a punto de volver al país en 1983 (una conjunción de devaluaciones y malentendidos arruinó los planes), pero la banda quedó consagrada como uno de los grandes grupos capaces de desbordar estadios. El espectáculo local comenzó su profesionalización, y el particular lema del astuto Alfredo Capalbo para vender entradas y difundir el espectáculo quedó impreso en nuestra historia “Siempre será antes y después de Queen”.
El Pelusa
Diego no era fanático de Queen, ni los músicos eran seguidores del fútbol argentino. Él ya había ganado el Mundial Sub20 en Japón en 1979, debutado en Boca una semana antes del primer recital de Queen, sus habilidades asombraban a muchos, pero estaba lejos de la fama internacional que obtendría después de México 1986. ¿Cómo un grupo de la envergadura de Queen se mezclaba con un joven futbolista en ascenso?
La respuesta era el futbolero Jim Beach, histórico manager de la banda. “En el 80, cuando el tour manager Gerry Stickless viene, también viene Jim Beach. En una reunión me dice: “Quiero ver un partido de fútbol, quiero ver a Maradona”, contó Javier “Coqui” Capalbo, hijo del productor Alfredo Capalbo. Coqui averiguó cuándo jugaba Argentinos y consiguió entradas para un partido del Nacional de 1980 en La Paternal. “Lo llevé al viejo estadio de Argentinos, que era de tablones de madera, para verlo jugar al Diego”, contó el hijo del productor. “Después, cuando Queen viene, Diego fue, presentó la canción y todo lo que ya se conoce”.
Maradona asistió al último recital de Queen en el país, el 8 de marzo en Vélez. “Me gustaría presentar a un amigo nuestro y de ustedes. Estoy seguro de que lo conocen: Maradona”, dice Freddie desde escenario con la camiseta argentina y da paso al veinteañero de enrulada cabellera. Tras la bienvenida, el Diego, tímido ante la multitud, dice: “Quiero agradecer a Freddie y a los Queen por hacernos tan felices. Y ahora, Otro muerde el polvo”.
De aquel encuentro quedó el audio de la transmisión en vivo por Rivadavia y algunas fotos del backstage, donde intercambiaron regalos. Maradona le dio a Freddie la camiseta de la Selección y el Pelusa se llevó una remera con la Union Jack, los palillos de Roger Taylor y la corbata roja del cantante.

El peinador
Entre sus manos tuvo las cabezas de algunas de las personalidades más importantes del país: Evita, María Estela Martínez de Perón, Amalita Fortabat, Ernestina Herrera de Noble, Susana Giménez, Mirtha Legrand. Sin embargo, una de las figuras que más impacto ha tenido en su carrera fue un hombre de 34 años, famoso en todo el planeta pero al que él no conocía.
“Me llamaron directamente del Sheraton y me mandaron un auto con chofer”. Así empieza la historia del peinador (no coiffeur, no estilista) Miguel Romano con Freddie Mercury, a quien le hizo el corte de pelo que el líder de Queen utilizaría durante más de diez años y hasta el día de su muerte.
Tras arribar a la Argentina para sus cinco recitales, el cantante quería un retoque en su pelo y solicitó un profesional en la materia. Las autoridades del prestigioso hotel convocaron a Romano, que no sabía quién era el cliente. “Cuando llegué, vi que había mucha gente alrededor y entendí que era alguien importante. A la noche, cuando llamé a mi hija, Paola, que estaba en Miami, me contó y ahí supe quién era”, contó el peluquero, quien reconoce que a lo largo de su vida pasó varias veces por situaciones en las que no supo a quién estaba peinando.
Romano recordó su vínculo con Freddie Mercury, algo que hasta hoy es motivo de consulta para allegados y no tanto: “Tuve otras figuras, como Sophia Loren, pero no fue como esto”. Romano fue tres días seguidos a cortar y peinar al británico, con quien “iba viendo cómo quedaba” el look. “No fue un pelo fácil de cortar, porque tenía una melena larga, de rulos, hasta los hombros”, recuerda, aunque en la portada de “The Game” (publicado en la Argentina antes que en Europa, otro hecho inédito) ya se veía que el peinado no tenía nada que ver con el de los primeros años de Queen.
De aquel hombre de dientes prominentes, Romano, que asistió a uno de los recitales invitado por los asistentes de la banda, conserva en su memoria el hecho de que era “Un encanto, un amor de gente, simpático, muy cariñoso, pero también muy tímido. Recuerdo sobre todo la dulzura y la amabilidad. Él no decía casi nada. Yo fui con mi asistente y mi traductora”, agregó. Recuerda que le llamó la atención que el baterista de la banda, Roger Taylor, iba recogiendo los mechones del oscuro pelo del nacido en Zanzíbar. “No supe para qué lo quería, ni pregunté, tampoco”.
Cuarenta años después de aquel cliente famoso pero desconocido para él, el peluquero más famoso de la Argentina dejó un poco de lado las luces de la tv. Ahora dedica gran parte de su tiempo a “reconstruir” el cabello de mujeres con cáncer que se someten a quimioterapia.

Córdoba y los impuestos
El cuarto recital de Queen en la Argentina estaba previsto para el jueves 5 de marzo en Córdoba. Pero, para lamento de miles de cordobeses que hoy andan por los 60, la banda británica nunca llegó a La Docta. El empresario Miguel Srur había acordado con el productor Alfredo Capalbo que el grupo de Mercury haría la primera fecha de la gira argentina en la provincia mediterránea. Sin embargo, un problema económico, del que aún se quejan los empresarios, frustró la iniciativa.
Srur, fallecido en 2011, antes consuetudinario presidente de Talleres, informó el 7 de febrero, poco antes de la llegada de Queen, que no se haría el recital “porque los gastos determinarían pérdidas”. Explicó cómo era el asunto: “Los impuestos son el 6% municipal; 1,6% Ingresos Brutos; 12% SADAIC; 4% UADAV (Unión de Artistas de Variedades); 9% alquiler del estadio Córdoba; 20% IVA”.
“Todos estos impuestos totalizan sobre el monto 52,6%, a lo que habría que agregar el chachet de los artistas, seguro de espectáculo, alojamiento, pasajes, publicidad, gastos varios”, informó Srur a la prensa. El empresario graficó que “aun cuando se vendiera cada localidad a 60.000 pesos y se lograra llenar el estadio, el show daría pérdida”.
La cancelación de Córdoba no fue el único problema que la economía argentina le hizo sentir a Queen, ya que la presión impositiva también se vio en la recaudación de los recitales que sí se llevaron a cabo. “SADAIC se hizo millonaria con Queen. Cobraron el 12% de cada recital. Jim Beach se volvió loco, porque decía que si cobraban eso por los derechos de los artistas, al instante se los tenían que devolver a los propios artistas. Para él era inentendible. Fuimos a una reunión con la gente de SADAIC, pero no hubo caso”, explicó Capalbo. La cámara AADI-CAPIF, que cobra por la difusión pública de música grabada, enjuició a Alfredo Capalbo porque afirmaban que los coros de “Bohemian Rhapsody” que sonaron en los recitales eran los grabados en el disco “A Night at the Opera”. Era un negocio del que todos se querían colgar”, definió el hijo del productor.
















