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Cuando taclea la realidad

El ciclo escolar de este año seguramente comenzará como casi todos en el Chaco durante
los últimos veinte años: con un paro de gremios docentes.

Sergio Schneider
Por: Sergio Schneider
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La brecha entre la propuesta salarial formulada por el gobierno y las pretensiones de los sindicatos más duros es tan amplia que sólo un gran esfuerzo de imaginación permite pensar que será salvada la próxima vez que funcionarios y gremialistas vuelvan a verse las caras.

Mientras tanto, el frente sindical que integran –entre otros- Atech y Federación Sitech ya convocó a la primera medida de fuerza de 2021: nada menos que cinco días de paro a partir de mañana, fecha de presentación de los docentes tras el receso de verano.

Es un conflicto repetido, una película que los chaqueños se conocen de memoria, y que por eso mismo convirtió a las huelgas de los maestros en una parte de la cotidianidad local.

Una fatalidad tan repetida que dejó de doler, porque al fin de cuentas los chicos promocionan sus cursos igual y recién se estrellarán contra la realidad más adelante, cuando deban pagar –ellos, los únicos inocentes de esta historia- todas juntas las facturas de su pésima formación. Sin embargo, este año eso parece estar sumergido en un clima diferente.

Posiblemente por los efectos devastadores de 2020 sin escuelas, esta vez padres y chicos (incluso aquellos que naturalmente celebran los faltazos de maestros y profesores en épocas normales) quieren que las clases vuelvan. Y, por eso, el fracaso que se avizora en las negociaciones agrega un barniz de desazón y bronca a una atmósfera que ya viene cargada de frustración.

Sin magia

Hay una realidad que nadie blanquea, pero que es concreta: en la Argentina de los ciclos que se repiten, esta vez toca empobrecerse. Salvo, claro, a aquellos sectores -una ínfima parte de la población- que tienen los recursos y el know how necesarios para convertir al derrumbe del entorno en un disparador hacia mejores posiciones. Así de simple y de triste.

No hay magia posible (nunca la hubo) en un país que fue colmándose de inconsistencias. Y lo padeceremos hasta que aprendamos lo que aprendieron otras naciones o (lo más probable) hasta que una nueva carambola de circunstancias internas y externas nos rescate del fondo de la escalera. Como para ser felices un rato antes del próximo revolcón.

En el caso del Chaco, las fragilidades son históricamente mayores, y si bien en los últimos quince años hubo una importante recuperación de la apuesta productiva en el campo y de la inversión en infraestructura (frenadas más recientemente por el agravamiento de la crisis económica), hubo también a la par una expansión formidable de la masa de empleados públicos.

El presupuesto 2021 declara casi 70.000 agentes, y un gasto en sueldos que sólo para el Poder Ejecutivo y sus organismos estará en el orden de los 84.000 millones de pesos. No obstante, lo que predomina es el ahogo frente a un contexto que se vuelve más desfavorable.

De acuerdo a fuentes oficiales, hoy el 62% del personal de la administración central gana salarios por debajo de los 57.000 pesos, fijados –si redondeamos los números- como el ingreso mínimo que debe tener una familia para no ser pobre.

Rosa Petrovich, de Atech, dice que calcula en un 5% la proporción de docentes que ganan más que esa cifra. “Son algunos cargos jerárquicos y con mucha antigüedad”, afirma. Y de acuerdo a sus números, un maestro con un año de antigüedad –que no perciba bonificación por zona- cobra en mano unos 20.211 pesos. Si ese mismo docente tuviera el máximo de antigüedad, llegaría a los 30.791.

El sistema educativo provincial incluye a casi 50.000 docentes. Está también la disparidad. Hay 5.000 empleados de la administración central que ganan menos de 35.000 pesos por mes, así como también los hay con remuneraciones de hasta 255.000 pesos (es el salario más alto que se paga actualmente).

Tiempo de perder

Pero el fondo del problema es que la sábana se volvió mucho más corta y encima hay que cubrir con ella a mucha más gente que antes. ¿Cómo se resuelve ese dilema? En realidad, frente a un Estado sin capacidad de respuesta para la ola de demandas que afronta (y que desde hace mucho incluye no solamente al personal estatal sino también a un ejército de movimientos sociales), quien acaba encargándose del asunto es la inflación.

En los ajustes clásicos la gente sufre un recorte nominal de sus ingresos. El ajuste por inflación deja la sensación de que la culpa es de los precios y de los duendes que los mueven, con la ilusión compartida de que en algún momento los salarios les darán alcance. Los gremios docentes dicen su parte de la verdad.

En 2020 perdieron escandalosamente frente al incremento del costo de vida. Recibieron un aumento del 8% frente a una inflación del 36. La “cláusula gatillo” acordada con el gobierno a comienzos de aquel año les debería haber permitido recuperar la diferencia. Pero la pandemia tapó todo.

Ahora quieren que se les salde esa reparación pendiente y un anuncio para 2021 acorde con las proyecciones del nuevo ejercicio, que ya arrancó con mediciones inflacionarias preocupantes y podría redondear una suba de precios del orden del 50% para los doce meses.

En vez de eso, recibieron una propuesta de 10% de aumento más 2.000 pesos en negro. “No es lo que queremos, pero es lo que podemos”, dijo el ministro Santiago Pérez Pons a la dirigencia docente cuando les expuso el ofrecimiento, muy parecido al que también rechazaron UPCP y los sindicatos judiciales.

Seguramente no es toda la verdad, por el juego que siempre se despliega en las paritarias, pero no hay dudas de que el límite oficial no debe estar muy lejos de los números ya echados sobre la mesa. La realidad podrá ser vista de muchas maneras, pero eso no la convierte en una entidad inexistente. Por el contrario, el presente demuestra que es sólida, concreta e ineludible.

Lo mismo sucederá con las organizaciones piqueteras que, sin esperar a marzo (el mes en el que tradicionalmente los años empezaban “de verdad”) ya se amontonan en los contornos de la plaza 25 de Mayo para sacar turno a los fines de instalarse un rato frente a Casa de Gobierno y enarbolar sus pedidos.

Con las cosas planteadas así, el gobierno de Jorge Capitanich volverá esta semana a sentarse con los referentes sindicales y seguramente agregará algo a sus ofertas iniciales. No mucho.

Camino de cornisa

Dice el refranero que nada es suficiente para el que no sabe lo que quiere. Hurgando en el concepto, podríamos suponer que, a su vez, las carencias se sienten menos cuando uno percibe que las padece en nombre de algo más grande, de un interés superior, de una causa que vale la pena.

Podría suceder, entonces, que este tiempo de vacas implacablemente flacas fuese aprovechado para un acuerdo superior. Algo que esté por encima de los parches sectoriales y los tironeos particulares.

El tan esperado pacto político, social y económico que la democracia viene debiendo desde 1983. Esta crisis y sus consecuencias se podrán soportar y nos llevarán a algo mejor si el sacrificio – que ya comenzó y que hace rodar por la ladera a cientos de miles de familias- tiene detrás un plan claro de recuperación, en el que se premie al que trabaja y al que produce, y en el que no quepan ni la corrupción ni los avivados.

Tampoco la especulación electoral. El camino de cornisa nos puede llevar tanto a lo que queremos para nuestros hijos como a más y peor de lo mismo que hemos vivido hasta aquí.

717 agentes ganan más que el gobernador

La anarquía salarial que hay en el Estado provincial admite numerosas formas de ser graficada. Entre ellas, un dato llamativo es la gran cantidad de empleados públicos que ganan más que los ministros y secretarios que manejan sus áreas, o incluso más que el mismo gobernador. De fuentes oficiales, esta página pudo recabar que hay en actividad nada menos que 717 agentes que ganan montos superiores al del sueldo del gobernador. Algo que favorece que esto tan curioso suceda es lo bajas que son las remuneraciones de los funcionarios, si se consideran sus responsabilidades. En el caso de Jorge Capitanich, según el portal Infobae, ganaba en noviembre un haber bruto de 130.963 pesos. De bolsillo, 89.093.