“Sin la ayuda de los chaqueños el leprosario jamás se hubiera inaugurado”
El lenguaje es una llave que abre puertas. Las habitaciones a las que nos llevan estas son tan diferentes que podemos recorrer hechos de principios de la década de 1930 hasta lo que sucede hoy. Con el escritor José Gabriel Ceballos hicimos algo semejante en esta entrevista. Primero, él abrió las puertas de la historia de la colonia y hospital Maximiliano Aberastury de la Isla del Cerrito. Luego fuimos a buscarlo para conocer como reconstruyó esta historia y algunos nexos con la actualidad.

La novela “Víspera negra” narra los preparativos de la inauguración del leprosario emplazado en la Isla del Cerrito en marzo de 1939. Se adentra aquí en la encarnizada lucha entre el médico Miguel Sussini, promotor del hospital, y el caudillo correntino Juan Ramón Vidal (que se oponía al proyecto). En la historia se alternan las grandezas y miserias humanas con un ritmo de vértigo.
Obtuvo el Premio Ciudad de Alcalá de Henares en España (año 2003) y el segundo Premio Municipal de Buenos Aires (bienio 2004/2005). Esta edición es la primera en la provincia del Chaco, “una deuda pendiente, no solo porque la isla es de ustedes, sino porque sin la ayuda de muchos chaqueños, de personas como el doctor Morgan, el leprosario jamás se hubiese inaugurado. Sussini enfrentó mucha hostilidad en Corrientes y la colaboración de los chaqueños fue decisiva”, cuenta Ceballos.
Vi un árbol. Vi un árbol más grande que todos los demás / y repleto de piñas inalcanzables; / vi una iglesia grande y con las puertas abiertas / de la que todos salían fuertes y pálidos / y listos para morir; / vi a una mujer que sonriente y maquillada / jugaba su suerte a los dados / y vi que perdía. / En torno a aquello se dibujaba un círculo / que nadie traspasa. El poema de Edith Södergran, traducido por Neila García, puede servir de puerta a este libro.
“La novela “Víspera Negra” está minuciosamente tallada sobre personajes desahuciados, atravesados por el horror de la degradación física, el extrañamiento social y finalmente la muerte inapelable”, dice en la introducción el escritor Gustavo Sánchez Mariño. Ahora, Gabriel Ceballos nos cuenta sobre el proceso creativo de la escritura, cómo llegó a esta historia y algunos detalles sobre una novela imprescindible para entender parte de la historia del leprosario de la Isla del Cerrito.
—Antes que nada: ¿cómo o por qué surge este interés por remontar la historia de la instalación del leprosario en la isla del Cerrito?
—No me propuse escribir sobre el leprosario como primer movimiento. Mi interés inicial era hallar una buena historia para mi segunda novela. Me puse a buscar. Mi escritura siempre funcionó así, atrapar un buen tema, ya sea a través de la imaginación, ya sea porque lo encuentro en la realidad presente o pasada. Recién cuando tengo una buena historia pongo el motor en marcha. Es más bien un proceso de intuiciones.
—Hay muchos datos históricos en esta novela. ¿Cuánto trabajaste y cómo fue la investigación de esta historia?

—En cuanto estuve más o menos convencido del tema, busqué en Corrientes, en cuanta fuente de datos me prometía algo. El archivo de la provincia, el archivo del principal diario que se publicaba por aquellos años, consultas con un par de historiadores. No encontré casi nada. Me di cuenta de que, por lógica, para silenciar el lamentable protagonismo que Vidal tuvo en aquellos hechos, en Corrientes no se había registrado nada importante. Entonces recurrí a una amiga de Resistencia, Elizabeth Bergallo. Ella fue al archivo provincial del Chaco (o algo así) y enseguida me mandó una gran cantidad de fotocopias de documentos donde estaba todo. Especialmente en la prensa de los 30/40. Me acuerdo que algunas publicaciones eran de “El Territorio” y otra se llamaba “Estampas chaqueñas”.
—El doctor Morgan, en el Chaco, fue como un aliado de Sussini en la pelea por el leprosario. ¿Cómo llegaste a él y qué datos obtuviste?
—Llegué por ese material que me mandó esa amiga. Había allí muchos datos sobre Morgan, pero como Morgan era el hombre de Sussini en el Chaco y casi toda la acción de la novela se desarrolla en Corrientes, tuve que dar a Morgan un rol tangencial.
—¿Qué te sedujo de la historia real de Sussini? ¿Tuviste diálogos –imaginarios– con Sussini para construirlo, o para presentarlo en esta historia?

—Sussini era pariente de mi abuela. Yo me crié escuchando comentarios sobre sus hazañas médicas. En mi casa de Alvear se hablaba mucho de eso, porque él era una especie de orgullo familiar. Incluso lo conocí en persona, fue un par de veces a aquella casa. Lo que me llevó a la historia de “Víspera Negra” fue un pequeño libro que leí fortuitamente y que contenía los discursos con que sus amigos lo recordaron al cumplirse un aniversario de su muerte. Allí, uno de los oradores se refería a la lucha que Sussini entabló contra Vidal para poder inaugurar el leprosario. Al enterarme de eso, ya todo fue motivación.
—¿Cómo y por qué surgió en la novela la aparición de una poeta?
—Porque me pareció que convenía incluir un personaje disruptivo en el ambiente pacato de la sociedad de Corrientes de aquel tiempo, uno que sirviera para seducir más al lector. Pero tenía que ser una gran poeta, un gran genio de la poesía para que resultara. Claro que era difícil creer que en aquella ciudad hubiera una poeta tan genial y escondida. Entonces inventé su amistad con Alfonsina Storni y la admiración de Alfonsina. Bueno, si Alfonsina la admiraba, estaba todo dicho.
—Juan Ramón Vidal fue gobernador y senador nacional por Corrientes, dueño de gran poder en varios frentes. ¿Cuál es el límite entre la ficción y la realidad?, ¿qué tipos de diálogos tuviste con Vidal en esa construcción del personaje?
—Vidal fue un caudillo de provincia, egocéntrico, autoritario, de eso no tengo dudas. Pero quise que en el libro no apareciera estereotipado generando obviedades en la historia. Por eso Sussini sueña en el barco con él y en ese sueño aparece un Vidal que se rinde mansamente, que incluso colabora con Sussini.
—En la novela aparecen los Caballeros de la Higiene, los que buscaban impedir o desalentar a los leprosos para que vayan a la Isla del Cerrito. ¿Encontraste algún hecho histórico que disparó eso, o es pura ficción?
—No, no encontré nada de eso en la historia real. Pero estaba bueno poner algo así,

para darle más dramatismo al texto. Una especie de Triple A (un recuerdo siempre presente en este país) pero organizada para perseguir a los leprosos, incluso asesinándolos.
—En la construcción de la novela, fuera de los personajes centrales, ¿los demás están armados desde antes o algunos fueron surgiendo con la historia? Por ejemplo, Papocho. El capítulo del cine es memorable.
—Por lo general los personajes me van surgiendo a medida que me adentro en la historia, incluso con la escritura ya avanzada. Papocho es uno de ellos. Lo de su condición de cinéfilo se me ocurrió como un modo de fijar cronológicamente la novela, a través de alguna película icónica de aquel tiempo. Miré un montón de películas en video hasta elegir El Ángel Azul. Además, Papocho hace un contraste intenso con Clara, la poeta excéntrica, adinerada y genial. Digo, el genio de Clara y la enfermedad mental de Papocho, la riqueza de ella y la pobreza de él. Creo que los contrastes de los personajes entre sí potencian la vitalidad de una narración, lo que es indudable si se trata de una galería de víctimas de una enfermedad como la lepra.
—En la novela el biógrafo describió a Susuni como quien tenía un bisturí en cada ojo. ¿Un escritor debe también tener ese fijo para recortar la historia que tiene enfrente? ¿Sentís que tenés ese ojo clínico?
—Yo creo que lo fundamental es andar con ese ojo en actividad, no el mero hecho de tenerlo, que es más bien fortuito. Vivo tratando de capturar historias buenas. La vida “normal” conspira permanentemente contra eso, pero hay que aprender a vivir así o estás frito como escritor, en el sentido más profundo de la palabra.
—En la novela, cuando se habla de poesía, hay una idea de que la palabra nos prolonga. De tus libros, ¿quisieras que prolonguen tu vida?
—No, sería una estupidez que yo quisiera eso. Mi vida se termina conmigo. Me gustaría, sí, terminarla con la tranquilidad de que hice todo lo posible para cumplir con lo que debí hacer en ella, que es escribir una literatura aceptable por lo menos para mí. Esto implica también haber escrito y publicado textos mediocres e incluso malos.
—Esta es la primera edición del libro en el Chaco, ¿sentís que era una deuda pendiente también hacerlo aquí? ¿Por qué?
—Sí, claro. Pero no porque la Isla del Cerrito es de ustedes, sino porque sin la ayuda de muchos chaqueños, de personas como el doctor Morgan, el leprosario jamás se hubiese inaugurado. El doctor Sussini enfrentó mucha hostilidad en Corrientes y la colaboración de los chaqueños fue decisiva.
—En aquellos de la lepra la cura estaba lejos. Vivimos en este tiempo de la Covid-19 donde también al principio la cura está lejos. Traigo esto porque pareciera ser que desde siempre al poder político–gubernamental le cuesta entrar en sintonía con la ciencia, ¿crees que es así? ¿Cómo ves esa relación político-gubernamental y la ciencia, la medicina?
—Creo que en el fondo la política siempre menospreció a la ciencia. Salvo excepciones, claro. La regla es que los políticos saben muy bien usar a la ciencia y al arte en provecho propio, pero los desdeñan. Será porque ambos implican, por lo menos en principio, un sentido de la solidaridad y de la generosidad que muy pocos políticos tienen realmente. La ciencia y el arte funcionarían como espejos al revés para la gran mayoría de los políticos: les muestran los límites de su pobreza, digamos, existencial.

Colonia y hospital modelo en el país
La Isla del Cerrito pasó a ser reserva nacional en la década de 1910. Unos años más tarde el presidente de la nación Marcelo T. de Alvear dispuso la creación de una Colonia Regional de Leprosos para pacientes de las provincias del litoral. Hubo reticencia y mucha oposición con respecto a esta medida del lado correntino. La colonia y hospital Maximiliano Aberastury sigue siendo considerado el primer centro modelo en el país para el tratamiento de enfermos de lepra.
Según un plano de la Nación, de 1938, funcionaba en 16 edificios que cubrían una superficie total de 9.277 metros cuadrados. El gobierno nacional hizo las edificaciones en la zona más alta de la isla, y alrededor de ellas fueron instalándose los pobladores urbanos, en su mayoría familiares de los enfermos o enfermos recuperados.
En 1963, ya por entonces gobernando Deolindo Felipe Bittel la provincia del Chaco, comenzó a reclamar la restitución de la totalidad de la isla. Esto finalmente se dio en 1968. El hospital funcionó desde 1939 hasta principios de la década del 70. Al retirarse el hospital, se promocionó el lugar como centro turístico y las instalaciones fueron teniendo distintos usos o fines.
Tierra sin mal

Las colecciones literarias nos permiten enmarcar y ordenar de alguna manera los estantes de libros. Hay colecciones por autor, por región o por ejes temáticos. Los autores –escritores– también son lectores que pueden volcar un poco de luz al orden de la lectura. De esta forma, la colección “La tierra sin mal” de la editorial Contexto nos acerca obras literarias que reflejan la rica diversidad narrativa de las provincias de Chaco, Corrientes, Misiones, Formosa y Santa Fe. “Estas obras constituyen lo mejor de nuestro acervo cultural”, afirma el escritor encargado de la selección de autores y autoras, Juan Basterra. La colección comenzó a publicarse en el 2020. Ya circulan y están disponible los libros “Víspera Negra”, de José Gabriel Ceballos (Corrientes); “Mamá quiere ver las rosas” (antología, cuentos), de Patricia Severín (Santa Fe); Crímenes de aldea (antología, cuentos) de Orlando Van Bredam (Formosa); “Oler la tempestad” (novela), de Francisco Teté Romero (Chaco); y “Andrés vuelve” (novela), de Osvaldo Mazal (Misiones).
Leer más sobre este tema:
LA ISLA DE LOS DESAPARECIDOS (por Rodolfo Walsh) - “La lepra ataca casi siempre a la gente pobre, mal alimentada, que trabaja de sol a sol. Hay zonas de la campaña donde viven siete u ocho en una pieza. Eso es lo único que necesita la lepra. Si uno se enferma, póngale la firma que vendrá la chorrera de criaturas leprosas.”
DENUNCIA OBLIGATORIA DE LOS ENFERMOS DE LEPRA - Texto completo de la Ley 11.359 (año 1926)
BIOGRAFÍA DEL DOCTOR MIGUEL SUSSINI
LA VIDA EN LA ISLA DEL CERRITO, DONDE 1.900 PERSONAS ESTÁN AISLADAS POR INUNDACIONES (Télam, 27 de enero de 2016) -










