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Valores para el cuidado del medio ambiente

Con el objetivo de destacar la importancia que tiene la educación en la tarea de promover una mayor conciencia ciudadana sobre el cuidado del ambiente, la ONU conmemora todos los años el Día Mundial de la Educación Ambiental. En ese marco, en la semana que pasó, se realizaron actividades en todo el país para promover el compromiso de las nuevas generaciones con la idea que muy bien describió el biólogo Edward Osborne Wilson, cuando sentenció que “una sociedad se define no sólo por lo que crea, sino también por lo que decide no destruir”.

En rigor, el propósito de promover la reflexión sobre la educación ambiental tiene que ver con la necesidad de capacitar a la ciudadanía sobre las amenazas que se ciernen sobre un planeta que parece ignorar que los recursos naturales son limitados y que el crecimiento económico exponencial que se impulsa en la mayoría de los países trae aparejado muchos riesgos. Para la ONU, es necesario alentar la formación de ciudadanos que tomen conciencia de los problemas ambientales y que puedan aportar ideas y acciones para hacer frente al enorme desafío ambiental que enfrenta la humanidad.

La crisis que generó a nivel global la pandemia de Covid-19 no hizo más que dar la razón a quienes venían advirtiendo que las actividades humanas impactan tanto en la estructura como en las funciones de los ecosistemas, alterando la biodiversidad autóctona. En ese sentido, vale recordar que expertos de la ONU, por ejemplo, alertaron antes de la pandemia que “algunas alteraciones reducen la abundancia de ciertos organismos, propician la multiplicación de otros, modifican la interacción entre ellos y alteran las interacciones entre los organismos y sus entornos físico y químico”. “La manera en que se presentan las enfermedades infecciosas se ve influida por estas perturbaciones”, observa una publicación del organismo internacional en la que se indica además que la deforestación es uno de los principales procesos que afectan a los reservorios y la transmisión de las enfermedades infecciosas.

A la luz de estas advertencias, le corresponde a la educación ambiental la tarea de formar ciudadanos más conscientes y preocupados por el ambiente. Como bien señalan los especialistas de la ONU, de lo que se trata es de promover una población que adquiera conocimientos y competencias, y tenga la predisposición, la motivación y el sentido de compromiso que le permita trabajar individual y colectivamente en la resolución de los problemas actuales, para que no se vuelvan a repetir en un futuro.

La ONU estableció el 26 de enero como el Día Mundial de la Educación Ambiental. La fecha hace referencia a la Declaración de Estocolmo, que se firmó en el año 1972 en el marco de la Conferencia sobre el Medioambiente Humano, organizada por las Naciones Unidas. En la misma, se estableció la Educación Ambiental como una prioridad. Como resultado, tres años después los representantes de los distintos países participantes de ese encuentro firmaron la llamada “Carta de Belgrado: un marco general para la educación ambiental” donde se establecieron metas ambientales, y objetivos, metas y principios de su educación. Pero lo más importante fue que se reconoció que el mundo necesitaba en forma urgente valores y actitudes que sirvan de base para la solución de los problemas ambientales en el planeta, entre los que se pueden mencionar el avance vertiginoso de la frontera agrícola, la contaminación ambiental y la deforestación. Este último fenómeno, vale recordar, está muy ligado a la dramática pérdida de biodiversidad que experimentan distintas regiones del planeta y que, según los epidemiólogos, tiene directa relación con el paso de virus entre distintas especies de animales. Es que el avance de las urbanizaciones que experimentan distintas regiones del planeta y, por lo tanto, las mayores posibilidades de contacto de seres humanos con animales salvajes completan ese peligroso círculo vicioso que dificulta los esfuerzos que se realizan para lograr el mejoramiento ambiental.

Para revertir la situación se necesita apuntalar valores como la conservación ambiental, la convivencia entre las distintas especies, y el respeto por la biodiversidad. Además, es necesario promover un consumo responsable y sostenible, el uso de energías renovables y el reciclado de residuos, entre otras acciones que ayudarán a construir un futuro mejor para todos.