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La prédica antivacunas

Los movimientos antivacunas ya existían mucho antes de la irrupción de la pandemia del nuevo coronavirus en el mundo. Algunos investigadores, incluso, aseguran que la prédica nociva de estos grupos facilitó la aparición de brotes epidémicos de enfermedades que estaban a punto de ser erradicadas en el mundo, como la difteria, la tosferina y, más recientemente, el sarampión. Con el Covid-19 volvieron a la carga difundiendo informaciones falsas y supuestas conspiraciones detrás de los desarrollos de las nuevas vacunas.

En 2019 cuando las autoridades sanitarias de Estados Unidos registraron un preocupante brote de sarampión en la ciudad de Nueva York, que luego se extendió con rapidez a 25 estados con gran cantidad de población, un grupo de analistas expertos en informática y datos estudió los comportamientos de usuarios de la red social Facebook y los comentarios relacionados con la situación sanitaria. Los resultados fueron sorprendentes: si bien en un principio la mayoría se manifestaba a favor de las campañas masivas de vacunación para detener la enfermedad, con el paso de los días los grupos antivacunas comenzaron a tener una presencia más activa en las redes sociales, con mensajes que sembraban temores y dudas sobre la inmunización. Los investigadores concluyeron más tarde que las personas con escasa información y con predisposición a creer en relatos casi míticos terminaban rechazando la posibilidad de vacunarse pese a que los argumentos que esgrimían los antivacunas parecían infantiles y rozaban en muchos casos el ridículo.

Parece increíble, pero unos pocos argumentos insostenibles publicados en las redes sociales lograron borrar de un plumazo grandes esfuerzos de la medicina que permitieron, por ejemplo, que la esperanza de vida promedio en el mundo haya mejorado en forma notable (en el año 1900 era de casi 40 años y hoy está por encima de los 77). Esa mejora fue posible en gran medida gracias a la disponibilidad de agua potable en las ciudades y zonas rurales, a una mayor conciencia de la población sobre los hábitos de higiene y también, por supuesto, al acceso universal a las vacunas.

Mal que les pese a los escépticos, las vacunas ayudaron a reducir en forma drástica las muertes por muchas enfermedades. Según la Organización Mundial de la Salud, las sostenidas campañas de vacunación en todo el mundo provocaron una caída del 80 por ciento en los fallecimientos por sarampión solo en el período que va entre los años 2000 y 2017. Antes de 1960, cuando todavía no existía una vacuna contra el sarampión, cada año morían cerca de 2,6 millones de personas en el mundo por esa enfermedad. La OMS recuerda que cuando un alto porcentaje de la población se vacuna ayuda a prevenir la propagación de la enfermedad, lo cual protege a quienes no han desarrollado la inmunidad o no pueden ser vacunados. Es lo que se denomina inmunidad de rebaño o de grupo, una ventaja que deja de ser tal cuando se multiplican los grupos de personas escépticas que prefieren evitar la vacuna, aun sabiendo que ponen en riesgo a toda la comunidad.

La humanidad lleva más de doscientos años comprobando la eficacia de las vacunas. La poliomielitis, por ejemplo, ha desaparecido prácticamente de la faz de la tierra gracias al desarrollo realizado primero por el virólogo Jonas Salk en 1952 y luego por el trabajo de investigación de su colega Albert Sabin en 1957.

Sin embargo, en pleno siglo XXI y con toda la información disponible sobre las vacunas que ofrecen fuentes confiables y seguras, hay personas que todavía siguen arrojando un manto de dudas sobre ellas, propagando falsas creencias sobre la efectividad de la inmunización de la población, a través de audios o videos que circulan por los más variados canales digitales.

Como bien señala la OMS, la vacunación es una forma segura y eficaz de prevenir enfermedades y salvar vidas, hoy más que nunca. En la actualidad existen vacunas para proteger contra unas 20 enfermedades, entre ellas la difteria, el tétanos, la tos ferina, la gripe y el sarampión. En su conjunto, esas vacunas salvan cada año tres millones de vidas.

Después del acceso universal al agua potable, las campañas de vacunación siguen siendo la mejor estrategia de salud pública. En el actual contexto de pandemia, y teniendo en cuenta los esfuerzos que realiza el personal de salud para luchar contra el Covid-19, la desconfianza que siembran los grupos antivacunas sigue siendo preocupante y por eso es necesario ofrecer información clara para llevar tranquilidad a la población.

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