Gustavo Jones: un baluarte en la zaga de aquél For Ever de Primera
Su rápida adaptación como líbero con la camiseta Chaqueña lo hizo indiscutible en el puesto aunque su mejor versión había quedado con la número 5 en las canchas de Buenos Aires allá por fines de los setenta y comienzos de los ochenta. Su pragmatismo como la notable capacidad de observación del juego a los pocos partidos lo convirtieron en uno de los líderes nato en aquel equipo que competía con los grandes del fútbol Argentino.
Los Jones (se pronuncia JONS) son fundadores de Chubut y originarios de una Colonia de origen Galés.
Tanto Gustavo Jones como Lacava Schell y más atrás “Picadillo” González cautivados por el contexto resistenciano se quedaron a vivir para siempre. Formado como un número 5 clásico fue tomando vuelo hasta que César Menotti en un momento lo declaró jugador “intransferible” debido a su potencial.

“Tuve dos grandes referentes: uno fue ‘Mostaza’ Merlo, el otro, Américo Gallego”, afirma. Había llegado a Resistencia en 1.989 procedente de Platense (traído por el “Hueso” Glaría) y se retiró en 1.994 cuando tenía 34 años. Antes había pasado por Atlanta, Unión, Olimpo y Platense.

-¿Habías pensado alguna vez que en Resistencia te afincarías de forma definitiva?
-Jamás, las cosas se dieron para que así fuera, desde mis inicios anhelaba lo máximo, tenía proyectos que no se cumplieron pero la vida me tenía reservado este lugar donde vivo feliz por los amigos conseguidos y fundamentalmente el trabajo. Aquí nació mi hija Andreína que trabaja en Buenos Aires (agencia publicitaria) y también Bárbara (diseñadora de indumentaria “Cardón” que ahora reside en Capital.
Nací en San Miguel del Monte, por la ruta 3 y a ciento diez kilómetros de Buenos Aires, en el camino a Azul y Olavarría. En mi pueblo diez años antes había nacido Ubaldo Matildo Fillol. Comencé en el Club Atlético San Miguel y a los 17 años pasé a Atlanta, ya a los 19 debuté en primera división en un clásico contra Chacarita. Ese año también integré el plantel de 41 jugadores de la Selección Juvenil Nacional, aunque luego me tocó quedar afuera. Fue la Selección campeona del mundo en Japón con la que me había entusiasmado mucho. Al quedar fuera de los 22 jugadores que viajaron a Japón tuve que regresar a Atlanta.

-Todo jugador tuvo un gran momento futbolístico ¿cuál fue el tuyo?
-Sin lugar a dudas en el 83 cuando con Atlanta ascendimos a Primera A. Tuve dos buenos años con Platense donde salvamos de descender jugando una liguilla donde le ganamos a Boca Juniors. A mi última etapa en For Ever también la considero buena a pesar que jugaba en una posición que no era la mía ya que siempre he sido 5. Fue Rodolfo Motta quien me colocó como líbero.
-¿Qué conocías de Chaco For Ever antes de llegar al Resistencia?
-Recuerdo cuando –en Buenos Aires- en una concentración de sábado por la tarde con Platense, compartiendo junto a Juan Amador Sánchez y el cabezón (Marcelo) Espina escuchamos las alternativas del partido For Ever contra Lanús, por el ascenso, donde se decía que tal vez For Ever no saldría a la cancha debido a una deuda no saldada. Una de las cosas que me quedó grabada de esa transmisión era como el hincha chaqueño los había recibido. Contaban de la forma en que el año antes contra San Martín también se los había aplaudido a los rivales, a pesar de haber perdido. Eso no estábamos acostumbrados a escuchar, al menos allá. No se nombraba a las barras, se hablaba de las familias que iban a la cancha.

-¿Cuántas de aquellas vivencias te siguen acompañando?
-Recién en Chaco supe lo que es jugar a cancha llena, algo que hasta ahí desconocía. Acá cumplí el sueño de todo jugador, salir a jugar los domingos a cancha repleta. Aquella final contra Belgrano de Córdoba en la Bombonera (5-0) para permanecer en la categoría superó, incluso, el ascenso logrado con Atlanta. Fue algo incomparable, solo nos habíamos salvado de descender y nos recibieron como si hubiéramos ganado la Copa del Mundo. Cinco mil personas nos esperaban y llegamos al club a paso de hombre donde el estadio nos esperaba colmado. Pocos jugadores, creo yo, han tenido la satisfacción de vivir algo así.
Como jugador enfrenté a Boca durante nueve veces y tuve la suerte de no haber perdido jamás. Soy hincha de Boca desde chico y jugué contra ellos hasta en Liguillas Pre-libertadores. Recuerdo al gran técnico Ramos Delgado quien ya me había conducido otros dos años. Rogel y don Victorio Spinetto estuvieron entre los preferidos. Spinetto fue quien me subió a Primera División, el que antes de abandonar el club le dejó un informe a Artime hablando sobre mis condiciones para que me mantuviera en Primera. Eso no hacen los técnicos ya que cuando se van ya saben que el que llega arma su equipo.

-¿Qué quedó de aquél descenso con Chaco For Ever?
-Fue increíble escuchar a un presidente (Humberto García) decirnos cuando faltaban diez fechas para terminar el torneo, que nos teníamos que ir preparando para jugar el próximo año en el Nacional B. Eso era entregarse, no luchar, y yo no lo podía entender ya que estaba acostumbrado a pelear hasta lo último, jamás entregarme. Dejaron ir a Salvador Capitano con quien habíamos remontado bien. La directiva también nos soltó la mano cuando teníamos equipo para permanecer.

-¿Cuál es la verdad de que no fuiste jugador de Boca?
-Tuve la posibilidad de ser jugador de Boca Junios, sin embargo por esas cosas de la vida tampoco fue para mí. Yo había jugado en Unión de Santa Fe, y aquel año “Toto” Lorenzo estaba a punto de agarrar Boca, y de hecho que me iba a llevar con él. Todo dependía de quien ganara las elecciones, aunque si las elecciones eran ganadas por (Antonio) Alegre también tenía chances ya que Zanabria era el técnico y Ribolzi su ayudante que había sido mi compañero en Atlanta.
A las elecciones las gana Alegre y como Krasovsky y Pasucci se iban, yo tenía todo a mi favor para firmar. Tenía el pase en mi poder, Boca sin número 5, justo el puesto en que yo jugaba pero un día antes de las elecciones Boca enfrenta al Deportivo Italiano –cancha de Atlanta- y pierde 3 a 2, entonces debido a la presión renuncia el técnico Zanabria y traen a Menotti que lo hace debutar a Fabián Carrizo, un pibe de las inferiores. Entonces no me quedo otra que ir a Platense y privarme de jugar en un club grande, la meta de todo jugador. De todas maneras, con el fútbol hice buenas relaciones que hoy me sirven.

Actualmente estoy muy relacionado a Boca Unidos de Corrientes, mañana tal vez otro lado, jamás uno puede saberlo. Entre tantos chicos que he formado está el Correntino Leonardo Jara (Boca Juniors) que cuando tenía 12 años lo incluí dentro de un selectivo que había armado para probar en el Barcelona. Vino un representante y lo eligieron entre los mejores chicos del país para que lo probaran allá durante 15 días. Al segundo día de estar allá tuvo un fuerte dolor en el tendón de rotuliano que lo marginó de la prueba y tuvo que volver. Fue la época en que también habían reclutado a Lamela (River Plate). Cuando Jara regresa recién a los 14 años Estudiantes de la Plata lo lleva para después venderlo a Boca.

Y aquél “porteño” que un día llegara a estos pagos con la intriga de saber “qué pasa” no sabía que 30 años después estaría adaptado como un chaqueño más como aquella vez cuando muy jovencito, llegaba a la gran urbe de Buenos Aires, con sus botines amarrados a la ilusión de un día jugar a estadio lleno. Por ésas vueltas del fútbol ésos momentos estaban reservados en un lugar chaqueño defendiendo los colores blanco y negro, con los que se retiró como jugador cuando tenía ya 34 años. Hoy, a más de tres décadas de su arribo puede afirmar que es mitad porteño, mitad chaqueño.
La anécdota
Recuerdo cuando le ganamos a Vélez uno a cero en su cancha. Allí estaban Fillol, Gareca, Ruggeri entre tantas figuras. Durante un córner, Anadón -un pibe de Reconquista- de nuestro equipo se puso a discutir con Rugeri porque éste lo empujaba para desacomodarlo. Anadón, resacado, lo increpaba “¡Jugá bien, che, no me empujes!”. Ruggeri peor lo hacía, hasta que Anadón, en un momento le grita “¿Qué ganaste vos?... si vos no ganaste nada”. Fue muy cómico ya que Rugeri no aguantaba la risa por lo que estaba escuchando, entonces me llama a mí para decirme; “¡Che, Jones, vení y contale al boludo éste que es lo que gané yo porque parece que no está enterado!”.
El pibe de hecho que sabía bien lo que había ganado nada más que la calentura del momento hacía que le dijera cualquier cosa para sacarlo. Al regresar al vestuario Anadón me confesó que estaba avergonzado por su impertinencia y me decía “No sé lo que me pasó, no pude decirle eso a semejante monstruo, no sé, no sé (repetía) este tipo es el único que ganó todo”. Lo que pasaba era que ése versito lo usábamos siempre pero con otros rivales y su error fue no cambiarlo ante semejante protagonista.

Otra anécdota fue con Mauricio Esquivel jugando en nuestra cancha. Un rival lo traía apurando y el pretendía cubrirla con su cuerpo (más de la cuenta) cuando lo lógico era que me la entregara a mí que estaba libre y de frente a la pelota. Me la pasaba y yo lo único que iba a hacer era rechazarla para romper la presión. Tanto demoró que se la sacaron y me encaran a mí con pelota dominada teniendo que cortar con foul. No aguanté y me le fui al humo a reprocharle, quedamos cara a cara diciéndonos de todo.
Todo el estadio nos gritaba “!UUUHHHH!” y casi nos fuimos a las manos. El árbitro se colocó cerca nuestro advirtiendo que al menor empujón nos echaba inmediatamente, que no le importaba que fuéramos del mismo equipo. En el vestuario llegaron las disculpas, como debía ser. Esquivel fue un gran jugador aunque tenía un carácter jodido, y yo que tampoco me quedaba atrás.










