Un arte
El arte de perder no es muy difícil; 
 tantas cosas contienen el germen 
 de la pérdida, pero perderlas no es un desastre. 
 Pierde algo cada día. Acepta la inquietud de perder 
 las llaves de las puertas, las horas malgastadas. 
 El arte de perder no es muy difícil.

Después intenta perder lejana, rápidamente:
lugares, y nombres, y la escala siguiente
de tu viaje. Nada de eso será un desastre.

Perdí el reloj de mi madre. ¡Y mira! desaparecieron
la última o la penúltima de mis tres queridas casas.
El arte de perder no es muy difícil.

Perdí dos ciudades entrañables. Y un inmenso
reino que era mío, dos ríos y un continente.
Los extraño, pero no ha sido un desastre.
Ni aun perdiéndote a ti (la cariñosa voz, el gesto
que amo) me podré engañar. Es evidente
que el arte de perder no es muy difícil,
aunque pueda parecer (¡escríbelo!) un desastre.

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De la simple existencia
No es la razón.
La palmera al final de la mente
detrás del último pensamiento, crece.

En la distancia de oros brillantes,
un pájaro de plumas de oro canta en la palmera,
sin significado humano, sin sentimiento humano,
una canción extranjera;
Entonces comprenderás que no es la razón
la que nos asiste en la felicidad o tristeza de los días.
El pájaro canta, sus plumas resplandecen.
La palmera se yergue al borde del vacío.
El viento baila en sus ramas,
las doradas plumas del pájaro caen lentamente,
suspendidas en el aire.

(Elizabeth Bishop, "Un arte";
Wallace Stevens, "De la simple existencia";
ilustraciones de Nuria Riaza - nuriariaza.com)










