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Charla con Alejandro Ruiz, Jorge Castro y Lucio Sodja

“Los lazos afectivos nos ayudarán a salir de esto sin tantas cicatrices”

El Guaú Trío volvió a reunirse y Chaqueña habló con ellos para ver cómo están pasando este tiempo de pandemia. “Se mantiene intacto el sonido a pesar de nueve meses sin ensayar y sin presentarnos al público”.

Fotos de Jorge "Punky" Flores

En el tradicional Festival AsuJazz de Asunción, Guaú Trío ofreció un repertorio fiel a su estética, con clásicos y la incorporación de temas propios. Ofrecieron canciones cómo Canto al rio Uruguay, Alama Guaraní, Suave como pincel de Dalí, Trasnochados espineles, El acordeón del abuelo, La exiliada y Puerto Tirol.

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Guaú Trío.

La invitación para el AsuJazz les llegó de la mano de la embajada argentina en Paraguay. “Nos invitó el director artístico del festival, Víctor Morel. Hace unos años que tenemos vínculos con los músicos de jazz paraguayos. Hemos participado del festival de jazz de Ipacaraí y de un concierto de Sofar Asunción. Esperábamos poder participar del AsuJazz y afortunadamente se dio en éste año tan particular”, explicó Alejandro Ruíz.

“Tras la invitación nos contactamos con el Instituto de Cultura, que nos brindó todo su apoyo, realmente hicieron un gran esfuerzo y pudimos grabar en el auditorio de la Casa de las Culturas. La dirección de cámaras estuvo a cargo del cineasta Roly Ruiz. La presentación también entró en el marco del programa “Volver a Vernos” del Instituto”, agregó. Las bandas internacionales del festival se presentaban vía streaming, mientras que en Asunción hubo presentaciones en vivo de los artistas locales.

De la grabación participó la matriz del grupo: Alejandro Ruiz en bajo, Jorge Castro en batería, y Lucio Sodja en piano, aunque desde hace un tiempo están trabajando en formato de cuarteto, se ha incorporado Nahuel López Pontón en guitarra.

Los músicos llevan actividades paralelas y uno de ellos, Alejandro Ruiz, está en la dirección de la Orquesta Comunitaria Cruce Viejo de Puerto Tirol, que continuó trabajando durante este tiempo con clases virtuales.

“Además se hicieron videos desde casa, publicamos algunos en YouTube y otros se están preparando para la presentación virtual en el Taninero 2021. Tuvimos muchos encuentros en Zoom y fuimos acompañando a los alumnos en el aprendizaje de manera remota. Aprendimos a manejar tecnología para poder estar presentes de manera que no se debilite el vínculo social, afectivo y artístico”, destacó. La orquesta ya lleva más de diez años haciendo música y en 2019 presentó su primer trabajo discográfico.

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Jorge Castro (batería), Lucio Sodja (piano), Nahuel López Pontón (guitarra); Alejandro Ruiz (bajo).

—Antes de la pandemia, ustedes tenían una rutina de juntarse una o dos veces por semana, ¿cómo vivieron este tiempo de aislamiento?

Jorge Castro —En principio también esto nos sorprendió, como a toda la sociedad. Nosotros teníamos una rutina de hace once años. Nos juntábamos los martes a la mañana, en ocasiones martes y jueves, pero la rutina era estar juntos y ensayar. Tocábamos el repertorio, repasábamos temas nuevos o arreglos. Después hubo un tiempo donde no nos comunicamos. La amistad está intacta.

Alejandro Ruíz —En los encuentros íbamos charlando y planificando qué hacer ante el panorama incierto. Intercambiamos grabaciones, para ver si a través de la tecnología multipista podíamos lograr algún resultado. Sin embargo poco a poco vimos que la esencia del Guaú Trío no se podía plasmar sin lo presencial. Por lo tanto tuvimos que esperar a que llegara el momento del reencuentro para seguir tocando, creando y revisando versiones de nuestro repertorio.

Lucios Sodja —Nos juntábamos para ver cómo estaba cada uno desde su casa. Lo que hicimos al principio fue apoyarnos. A todos nos pega esta situación del distanciamiento. A nosotros nos afectó no solo desde lo artístico, sino también desde lo personal. A cada uno le pegó diferente, los encuentros eran para mantenernos con ganas. Si hay un efecto más tremendo de toda esta pandemia es no poder planificar, ¿cómo planificar tu vida?

Nosotros como seres humanos nos proyectamos permanentemente, y siempre con otros, siempre en un mundo en el que “estamos siendo con otros”. Esa es la esencia del ser, desde mi mirada. Somos seres incompletos que buscamos completarnos con proyectos en comunidad. En las reuniones compartíamos composiciones, no fue una competencia de quien componía más o menos, sino quién podía aportar o enriquecer la idea del otro. Esto fue interesante y ahora que empezamos a reunirnos, tenemos material nuevo para seguir trabajando. Lo humano fue importante, así transcurrimos este tiempo.

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Guaú en concierto en el Festival AsuJazz, donde estuvieron Jorge Castro en Batería, Alejandro Ruiz en bajo y Lucio Sodja en piano.

—¿Cómo fue el reencuentro presencial para grabar y participar del festival AsuJazz?

Jorge Castro  —Volver fue lindo. Para poder pasar a Resistencia tuve que pagar un hisopado, pedir permiso para ir a otra provincia, trámites que desgastan y que hasta quitan ganas. Pero una vez con el grupo las cosas se van sucediendo y creo que lo vamos a ir disfrutando más adelante, con el tiempo. Cuando tocamos creo que se puede percibir que la esencia de Guaú está presente, eso creo que es lo más importante.

Alejandro Ruiz —Coincido. Sumo la impresión de que hubo alegría por el reencuentro físico y por constatar que se mantiene intacto el sonido de Guaú a pesar de los nueve meses sin ensayar y sin presentarnos al público.

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Alejandro Ruiz en un momento de la actuación en el AsuJazz.

—En lo personal, ¿benefició o habilitó algo este tiempo de aislamiento?

Alejandro Ruiz —En mi caso fue posible dedicarme a componer nuevas obras y también estudiar algunas cuestiones que tenía pendientes.

Jorge Castro —La verdad es que es temprano para hacer un balance positivo o negativo de este tiempo. Hay muchas cosas personales y no es solamente la música. Podría decir que me benefició en el sentido de que estudié más, siempre estudio e investigo, el aislamiento habilitó más las horas dedicadas al estudio. Al principio era como novedad, como cuando salías y veías muchos pajaritos. Después ya no me gustó tanto. También armé un estudio en casa para ocupar la cabeza. De todos modos es prematuro hacer este tipo de balance cuando seguimos viviendo en aislamiento.

La música es una construcción colectiva

“El músico crea para su comunidad, para la gente que disfruta de lo que uno hace. La música es sanadora del mismo músico y de la gente que participa de esa escucha. Claro que no todos los músicos lo viven de la misma forma. A distintos artistas les sucedieron cosas diferentes a lo largo de este tiempo”, expresa Lucio Sodja al analizar el qué hacer de Guaú Trío.

“Estar alejado de los afectos también pone las cosas en otros planos. Me resulta aterrador pensar que lo que llaman la “nueva normalidad” de la música por streaming se vaya a instalar como forma de relacionarnos con la gente, con la comunidad, con las personas. La humanidad está cambiando, todavía no sabemos si para bien o para mal. Estamos en un proceso de introspección y de revisión muy largo de nuestras utopías, del sueño de una “civilización moderna” que empieza a mostrarse como una pesadilla y de la que hay que despertar.  

“En lo personal, en este año pude pensar y aprender cosas. Artísticamente me encontré revisando mi “biografía musical”, revisé las canciones que tocaba de adolescente, desempolvando viejas partituras para estudiarlas de nuevo, trabajé con otras partituras que esperaban un turno desde hace tiempo. Fui haciendo distintas cosas, las herramientas informáticas ayudan para que uno no sienta que está tocando en soledad. Son bastones que te sostienen un poco. El compañero de siempre es el metrónomo que está ahí con vos, aunque es poco creativo (risas). Si me pongo a pensar -lo más interesante que hice- fue trabajar los arreglos de una composición de Jorge Castro, un chamamé que suena a blues. Me gusta mucho ese tema. También me dedique a cerrar algunos temas míos, proyectos que necesitaban alguna poda, o un punto y aparte. Ensayar los temas de nuestro repertorio, recrearlos. Hacer otras cosas artesanales que me gustan, tallar una pipa, arreglar cosas”.

Además, Lucio cuenta qué estuvo escuchando estos últimos meses: “Escuché gente nueva, por ejemplo un disco de una guitarrista que me compartió Raúl Junco. “Inimaginario” de Carolina Barenbaum. Tiene composiciones propias y algunos arreglos de clásicos que están buenos. Escuchar música es algo que siempre hago. Escucho de otras partes del mundo, no solo de la cultura occidental hegemónica, hace tiempo que vengo escuchando música clásica japonesa, china, árabe, de Asia menor, África, de la India, así como la música indígena ancestral americana. En ese abanico sonoro ando, buscando, sorprendiéndome y nutriéndome. Aprendiendo de todo esas corrientes. Este es un universo muy amplio, la música de raíz europea tiene que ver apenas con el 12 por ciento de la población del planeta, todo lo demás no lo conocemos, no tiene esa difusión.

“Es triste tener miedo del otro”

Los músicos ponen sobre la mesa el deseo de que la situación reinante acabe pronto. Bulle fuerte el deseo de volver a tocar juntos y hacer música para otros. “Es triste tener miedo del otro. Lo más dañino que tiene este fenómeno que estamos viviendo es el miedo al otro”, expresa en la charla Lucio Sodja.

La pandemia derogó el principio de la “presunción de inocencia”. Lo reemplazó por la “presunción de culpabilidad”. Hoy todos somos culpables de ser potencialmente transmisores de un virus que puede ser letal, entonces, y hasta que no se demuestre lo contrario, todos somos sospechosos. Esto sería la “presunción de culpabilidad”. Dentro de una sociedad eso es lo más disolvente que te puedas imaginar. Es una forma perversa de destruir los lazos sociales, la solidaridad, la empatía, las pulsiones que funcionan como un antídoto contra la indiferencia social.

“Angustia por un riesgo o daño real o imaginario”, esta es la definición de miedo que brinda la Real Academia Española. Eso trasladado al contacto con el otro va bloqueando cierta construcción social. “Hay miedo a sentarse con otres a pensar, a crear, a reflexionar, o simplemente miedo a compartir buenos momentos. Todo eso está en riesgo en esta coyuntura. Estas cosas no están buenas. Ojalá lo podamos recuperar. Nosotros, como latinoamericanos, tenemos todavía un fuerte enraizamiento familiar y comunitario. Aunque a veces parezca que no, en este continente, con nuestra cultura, a pesar de todo, conservamos lazos familiares muy fuerte. Estos lazos es algo que en las sociedades del norte medio vienen desapareciendo hace largo tiempo. El nivel de soledad de un ciudadano japonés medio, europeo o estadounidense, por ejemplo, el nivel de individualismo y soledad es enorme. La familia es dejada de lado en aras de una imaginaria libertaria absoluta. Todo lo que limite esa “libertad” es un obstáculo a vencer o desechar. Después te encontrás verdaderamente solo, como ahora, y te das cuenta que sin los otros no hay humanidad posible, el individualismo deshumaniza.

Cuando la pandemia pase nos dejará huellas psicológicas profundas, tanto como salir de una zona de guerra. Si no tenés un núcleo humano referencial al cual vincularte, para restañar heridas y sanar en comunidad, sin canciones para cantar a coro en un recital, todo será más duro. Creo que nosotros aún conservamos esos lazos afectivos que nos ayudarán a salir sin tantas cicatrices, pienso a veces, con cierto prudente optimismo”, afirma Lucio Sodja y su voz en el grabador se extiende en el eco que produce su silencio. Lo espero. Vuelve para volver a subrayar, “Tengo cierto prudente optimismo”.

Festival AsuJazz con Guaú Trío; “Inimaginario”, Carolina Barenbaum.

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