¿Son las redes sociales una nueva forma de justicia expeditiva?
El planteo en torno al cual gira este texto se da en el marco de un sinnúmero de situaciones que suceden a diario con fenómenos sociales que son llevadas al terreno de las interacciones mediante las multiplataformas.
Empezaremos por la polémica que se desató en el cruce entre Los Pumas y los All Blacks, por el Tri Nations en Australia. En todo el mundo del deporte se dieron múltiples homenajes y reconocimientos, previo a los encuentros, tras la muerte de Diego Armando Maradona. El conjunto neozelandés no fue la excepción y antes de hacer su emblemático Haka, el capitán Sam Cane dejó en ofrenda una camiseta de su equipo, con el número 10 en el dorsal y la inscripción “Maradona”.
Del lado argentino sólo se vieron miradas, algunas desafiantes, ni siquiera una mueca de agradecimiento, mucho menos un aplauso. Lo cual se complementó en la demanda pública de los televidentes y usuarios de las redes que no tardaron mucho en manifestarse en las multiplataformas. Sobre todo, si tenemos en cuenta que el seleccionado dirigido por Mario Ledesma no hizo mayor despliegue que portar una cinta negra en la manga izquierda en homenaje al mejor futbolista argentino de la historia.
La catarata de opinadores seriales, muy bien entrenados y con un archivo infinito a disposición, no tardó en desempolvar toda clase de trapitos de todos los colores. En el trillado fino, no se les escapó a los Caballeros del Lenguaje Moderado unos tuits realmente desatinados, despectivos, irritantes, discriminatorios y xenófobos que el excapitán de Los Pumas, Pablo Matera, publicó entre 2011 y 2012.
En apenas horas de que estas joyas de los revisionistas de archivos se dieron a conocer al gran público estos tuits fueron borrados, incluso se cerró la cuenta oficial de Matera.
De inmediato la Unión Argentina de Rugby decidió aplicar sanciones y suspender a los involucrados en el Twitter Gate, intentando mostrar que le importaba lo que salió a la luz. La pregunta es, ¿si estos hechos no salen a la luz mediante alguna movida tuitera, si no se viraliza, las instituciones no hubiesen tomado ninguna medida con una persona que lidera a un seleccionado de rugby?
Es una de las tantas derivaciones que se les da actualmente a las redes sociales. Si bien muchas de ellas se convirtieron en verdaderas cloacas donde conviven universos de odiadores profesionales (llamados de manera cool, haters) y donde el desprecio al otro parece ser el combustible que ayuda a mantener con vida a la Gran Bestia de Internet.
Pensemos por un momento que a menos que llegue a hacerse “viral” un hecho que la gran patria tuitera considere injusto, las instituciones no hacen nada con aquellas figuras públicas y formadores de opinión que cometan yerros en sus hechos u apreciaciones.
Que las condenas surjan a partir de un reclamo generalizado en las redes sociales… ¿Está bien? ¿Es lo correcto? ¿Queda abierta la posibilidad de ser víctima de una operación de prensa o una campaña en contra? ¿Cuál es el límite de la libertad de expresión? ¿Tienen inmunidad cibernética las figuras públicas? (deportistas, políticos, artistas, influencers).
Es un debate muy amplio que surge a consecuencia de la hiperconectividad, de la omnipresencia de las redes, que se comprueba en la intereacción 24 por 24. Un hashtag que se vuelve tendencia a partir de una pepita de oro que quedó en el tamiz del infalible archivo o del print de pantalla que se logra con la velocidad de un pestañeo.
La rueda se echa a andar y en solo minutos se conoce en La Quiaca algo que sucedió en Trelew o en El Impenetrable. ¿Son entonces Internet y sus múltiples herramientas de uso gratuito y masivo la nueva fuente de justicia popular, o “por clic propio”?
Cabe entonces preguntarse si esto marca de forma tácita una mayor decadencia de las instituciones y a su vez el surgimiento de un nuevo mecanismo de defensa de las masas. ¿Es correcto que algo con sabor a “justicia por mano propia”, surja por las redes sociales para torcer voluntades mediante esta nueva forma de presión mediática?
¿Qué papel juegan en este mundo digital las viejas instituciones? ¿Ejerce el ciudadano una cuota de poder mediante esta tecnología? Sabemos que no todos los ciudadanos tienen acceso a Internet. Pero, aquellos que si pueden hacerlo, ¿le dan un uso que fortalece la democracia, el debate, el disenso y la posibilidad de visibilizar problemáticas de los más postergados?
Un padre caminando 5 kilómetros con su hija enferma de cáncer
¿Si un tema no llega a las redes sociales, y por ende se hacen eco los medios masivos, quedamos a merced de que si no logra repercutir lo suficiente en las RRSS (redes sociales) nadie se entera, queda silenciado y por ende no se toman cartas en el asunto?

Si bien no existe una respuesta acorde a semejante fenómeno social, podemos empezar a ver casos como el de Abigaíl Jiménez, una niña de 12 años que padece un tipo de cáncer conocido como Sarcoma de Erwing. Luego de realizarse un tratamiento de quimioterapia la policía le negó el ingreso a Santiago del Estero. Por ende, su padre la tomó en brazos, la bajó de la camioneta en la que se trasladaban y caminó con ella en andas por 5 kilómetros hasta poder llegar a su hogar.
Gracias a la viralización del video y un flyer que quedó para la historia, su caso fue conocido por todos los medios y así pudieron conseguir que la menor reciba su tratamiento sin que vuelva tener que pasar por estas incomprensibles trabas burocráticas esgrimidas en nombre de la pandemia.
¿Estamos frente a la nueva justicia express y son las RRSS el ámbito donde deben dirimirse estas cuestiones de profunda importancia social? Porque finalmente es allí donde hoy resuenan todos los pedidos que tienen que ver con la salud, la educación, el acceso a la justicia, con la igualdad.
Quienes trabajamos en las RRSS nos preguntamos si acaso son estas nuevas posibilidades que están al alcance de un posteo, de un tweet, una nueva forma de Justicia y si alcanza con esto.
Supuesto abuso, golpiza al acusado y destrozos en Villa Prosperidad
En 2018, Santiago Vera (por entonces de 59 años) fue señalado por los vecinos de un asentamiento lindante a Villa Prosperidad de interceptar en la vía pública a una menor y de abusar de ella. Mediante la viralización de unas imágenes los cercanos al lugar tomaron coraje y se acercaron rápidamente a su vivienda para hacer una pueblada en nombre de la Justicia. Ante la gravedad de las heridas recibidas por los lugareños, Vera fue trasladado al hospital Perrando.
Pasadas varias horas, la euforia de los vecinos se trasladó hacia el frente de la comisaría Octava, de Villa Prosperidad. Fue tal el nivel de violencia de los “justicieros”, que debió intervenir la Infantería, Comando Operaciones Especiales, autobombas y distintas unidades de la zona para reforzar la seguridad.

El saldo fue salvaje, agentes heridos, autos incendiados, propiedades destrozadas. Incluso un fotógrafo de NORTE retrató la zona al otro día de los desmanes y realmente parecía un campo de batalla.
Nunca se probó que hubo abuso sexual. Sin embargo, el hombre bien pudo haber perdido la vida por una acusación falsa que cobró una dimensión trágicamente inusitada debido al fenómeno de exacerbación que en estos casos generan las redes sociales. Si pudo saberse que los que incitaron la agresión quisieron tomar posesión del terreno perteneciente al acusado de supuesto abuso sexual.
Chequear, contrastar fuentes y sobre todo pensar
¿Es una herramienta válida viralizar un video o publicación en las RRSS? ¿No podemos tomarnos unos minutos para analizarlo, averiguar, poner en contexto? En este punto les cabe a muchos medios buscan únicamente los clickbaits (o anzuelos) que lo primero que debe hacer un profesional frente a un hecho es comprobar la veracidad de los hechos, contactar a las fuentes.
Si bien hasta suena tentador apoyar causas aparentemente justas, ¿estamos seguros de que esto fue así? Tenemos en las manos verdaderas bombas que pueden ser desmanteladas o explotar y dañar a mansalva. Una vez que avanza por las autopistas de WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter o Snapchat ya casi no hay nada que pueda frenar las derivaciones.
Si bien podemos contribuir a ser agentes difusores de distintos pedidos, como los de Change.org también podemos fácilmente caer en armados u operaciones totalmente direccionadas a dañar a la buena imagen y el nombre de personas a las cuales no se las sometió a la única forma de justicia con la que contamos legalmente.
Ministro en la arena de Twittter
Volviendo al velorio de Diego Armando Maradona… Alrededor de las 14.30 del 25 de noviembre se desmadró el operativo y la multitud que quería dar el último adiós a su ídolo se llevó por delante las vallas. Algunos lograron ingresar a Casa Rosada, donde una vez dentro hubo hasta gases lacrimógenos para dispersar a los fanáticos.

Rápidamente, el ministro del Interior, Eduardo “Wado” De Pedro, usó al todopoderoso Twitter para reclamarle a la dirigencia del partido opositor que no reprima a la gente. Si bien el artilugio sirvió para encender peleas en la red social del pajarito y sembrar confusión, días después se comprobó que el operativo estaba a cargo de la Casa Militar, dependiente de la Secretaría General de la Nación, a cargo del coronel de Caballería Alejandro Guglielmi.
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