El ocaso de Resistencia
Mientras se termina 2020, un año para olvidar por distintos motivos, la población en general comienza a sentir la crisis con mayor rigor y, en especial, cuando observa que se actúa desde los organismos oficiales y municipios, sin la debida cautela y elasticidad necesaria que requiere la situación actual. Independientemente que por razones obvias no se cumplen con los servicios se nota graves fallas, en especial de coordinación entre organismos, que potencian los errores.
La ciudad, más allá de los justificativos, se encuentra sumida en un verdadero desorden donde se aprecia un mayor grado de suciedad, abandono en los frentes y calles, ni qué hablar de la recolección de residuos, y yuyales, que hacen a la proliferación de enfermedades, entre ellas el dengue- Baches por doquier pero sin la señalización necesaria para evitar accidentes de bicicletas, motos, automóviles, como así también la rotura de los vehículos que son imprescindibles para el movimiento de una población sumida casi en la miseria y que no puede acceder ni siquiera al restringido transporte público.
Además, los casi 3000 negocios cerrados y las actividades que se realizan al mínimo para la supervivencia empresarial conforman un panorama casi de terror en una población que sobrevive en base y gracias al subsidio estatal, producto del esfuerzo solidario de toda la población que aporta con sus impuestos para mitigar una situación, repetimos, inédita.
Sin embargo, la supervivencia forzosa no puede dar lugar al caos, a la improvisación y menos a la falta de coordinación entre los distintos organismos ya sea provinciales, comunales y de otro tipo. Menos aún, aumentando impuestos que ya fueron incrementados en períodos anteriores o haciendo ingresar al plantel estatal un mayor número de empleados que, en definitiva, no producen. La generación de trabajo genuino, quedó en olvido y menos el aprendizaje adecuado para desempeñarse en cada tarea.
Todo esto que está sucediendo exacerba la convivencia social porque se pagan servicios que no se cumplen y no se observa la voluntad de quienes detentan el poder de pensar, proponer acciones para brindar trabajo digno y que no se dependa de una dádiva que no tiene futuro.
Hace pocas semanas la comunidad de Resistencia salió a oponerse a los exacerbados incrementos de impuestos municipales, repetimos, ya aumentados en otras gestiones. Logró, parcialmente, frenar a través de la movilización esta acción que igualmente, a pesar de la rebaja impuesta, son elevados para una población famélica de trabajo que lo mismo pudo observar en las boletas un monto preocupante que muchos no pueden pagar.
¿Qué hubiera pasado si la Municipalidad de Resistencia hubiera accedido al préstamo millonario que solicitó y que quedó trunco? “Mucha gente tendría que vender su casa y más comercios o empresas cerrar” es la opinión ciudadana porque a todo esto hay que pagar la energía y el servicio de agua potable que es caro, además de los impuestos nacionales.
Los aumentos se notan hasta en lo más mínimos. Impuestos municipales. Sacar o renovar el carnet de conductor se convirtió en un sobrepeso, por decir algún ejemplo. Hasta para iniciar ciertas gestiones hay que pagar… Entonces, cabe preguntarse si los servicios informáticos que tiene el municipio bajaron el costo de funcionamiento, si los servicios contratados cumplen su función o salen más caros que realizarlo por cuenta propia, comprando incluso los vehículos para concretarlos. También, si la cantidad de empleados cumplen adecuadamente su función para que algún beneficio pueda ser observado o llegue a la ciudadanía en general.
La ciudadanía está cansada de los discursos huecos y quiere una actividad que lleve esperanzas de un futuro mejor. No soporta el caos vehicular que existe que provoca accidentes con heridos y muertos. No admite, dentro de ese desorden, multas a los vehículos a los que trabajan pero hacen la vista gorda y hasta un guiño a los que estacionan mal, no tienen papeles, tienen sus autos o motos destartaladas.
Ni hablar de los carros a tracción a sangre que no ofrecen ninguna seguridad, manejados por menores en pleno centro. Hay solución para esto, solo hay que estudiarla e implementarla para que este sector de la población gane el pan con su esfuerzo, sin que nadie se perjudique.
Pero hay mucho más por decir y una de ellas son algunas multas que son tiradas bajo la puerta de las casas con fecha atrasada y sin avisar a nadie. Cuando uno concurre a consultar al organismo municipal donde tiene que abonar, además de esperar en la vereda a pleno sol, se encuentra que ya debe pagar multa por no consultar durante los tres días hábiles que indica la comunicación. ¿Cómo se puede llamar a esto? En criollo una vil avivada y en términos jurídicos hasta podría convertirse en estafa.
Ocurre lo mismo con las boletas de impuestos. Nunca llegan a término. Sin embargo hay un departamento con diez o doce personas para que repartan esos instrumentos. Hay que pensar que el recargo significa millones de pesos para el municipio. Esto ocurre también con la energía y el agua…
En síntesis, se salió a recaudar a diestra y siniestra sin reparar en el contexto. Si hay multas por escombros en la vereda donde el Municipio fue avisado con la anterioridad adecuada que los propietarios lo sacarían el día indicado. Hasta exhibieron la nota a los municipales que igual labraron un acta….
De estos, existen muchos otros casos que hay que analizarlos y, por lo menos, coordinar las tareas con los distintos organismos para que no se superpongan las acciones y no sean injustas.
Castigar con multas casi impagables para la población en general, además de una persecución judicial que generaría más angustia, no es el camino adecuado para la solución de los problemas resistencianos.
Alguna vez se impulsaba la frase “Resistencia, capital del Nordeste”. La misma desapareció. Hagamos un acto de contrición y preguntémonos ¿qué hicimos para convertirnos en furgón de cola de otros de la región? El municipio tiene equipo y hombres valiosos pero si no reaccionamos y esto es exclusiva responsabilidad de la clase dirigente y política, no seremos referencia para inversores, comerciantes, industriales y quedaremos aislados del contexto general en medio de una pobreza que ya lastima.










